Los amantes de las plantas con flores aromáticas, fáciles de cuidar y con una belleza muy sencilla, encontrarán en el árbol de los siete hijos una opción perfecta para añadir al jardín. Lo más llamativo de esta especie es su floración, delicada y perfumada, y que recuerda mucho al jazmín. Pero lo mejor es que florece cuando la mayoría de especies ya se ha despedido del verano. Este arbusto –o pequeño árbol– se convierte en protagonista durante el final de la temporada, aportando color, fragancia y vida justo cuando el jardín empieza a apagarse. Además, su porte elegante y su resistencia lo hacen ideal para cualquier jardín e, incluso, se puede cultivar en macetas grandes en espacios soleados. Descubre cuáles son los cuidados de este particular y aromático árbol.
© ChrWeiss - stock.adobe.comOrigen y características
El árbol de los siete hijos es la especie Heptacodium miconioides. Se trata de una planta originaria de las montañas del centro y este de China. En su entorno natural puede alcanzar hasta 5 o 6 metros de altura. Se trata de un arbusto caducifolio o semiperenne, de copa redondeada y ramas arqueadas, que luce hojas ovaladas, grandes y de un verde brillante.
Su floración es uno de sus mayores atractivos: los pequeños racimos de flores blancas, con forma de estrella, desprenden un aroma dulce muy similar al del jazmín. Pero es que, además, al marchitarse, los sépalos (las hojas que protegen las flores y que normalmente son de color verde) se tornan rosados o rojizos, aportando otro espectáculo visual en otoño.
© Conrmiller - stock.adobe.comLa mejor ubicación
Para disfrutar de una floración abundante, es importante plantar el árbol de los siete hijos en un lugar soleado o con semisombra luminosa. Tolera bien distintos tipos de luz, pero es preferible que reciba varias horas de sol directo al día. Si lo cultivas en el jardín, elige una zona protegida del viento fuerte y con buen drenaje.
En terrazas o patios, puedes mantenerlo en una maceta grande siempre que tenga espacio suficiente para desarrollarse. Aunque se adapta bien a distintos climas, en regiones con inviernos muy fríos es mejor protegerlo, ya sea junto a un muro o seto que lo resguarde.
© MarinoDenisenko - stock.adobe.comTemperatura y resistencia
Una de las ventajas de esta planta es su gran resistencia al frío y al calor. Soporta sin problemas temperaturas de hasta -15 °C. En verano, aguanta también el sol intenso siempre que disponga de un sustrato húmedo (que no encharcado).
Los ejemplares jóvenes agradecen cierta protección durante el primer invierno, sobre todo si se plantan en zonas muy ventosas o con heladas frecuentes. Si vives en un área mediterránea o templada, verás que crece con vigor y sin apenas complicaciones. Otro punto a su favor: no pierde su atractivo en otoño e invierno, ya que sus sépalos rosados aportan un tono cálido al jardín incluso en los meses más fríos.
© Flavio - stock.adobe.comRiego adecuado
El arbusto de los siete hijos no es exigente con el agua, pero sí agradece una humedad constante, sobre todo en los meses de verano. Lo ideal es mantener el sustrato ligeramente húmedo, sin llegar a encharcarlo. Durante el verano, riega dos o tres veces por semana (dependiendo del clima y el drenaje), reduciendo la frecuencia en otoño e invierno.
Los ejemplares en maceta necesitarán riegos más regulares, pero siempre dejando que la capa superficial del sustrato se seque entre riegos. Si observas que las hojas se marchitan o amarillean, puede ser señal de exceso o falta de agua, así que ajusta según la respuesta de la planta. A largo plazo, una vez establecida, es bastante resistente a la sequía moderada, lo que la hace perfecta para jardines de bajo mantenimiento.
© Chris Lawrence - stock.adobe.comSustrato y abono
Aunque se adapta a distintos tipos de tierra, el Heptacodium miconioides crece mejor en sustratos fértiles, sueltos y bien drenados. Una mezcla de tierra de jardín con compost y algo de arena gruesa o perlita es perfecta para favorecer el desarrollo de sus raíces. Es mejor evitar los suelos demasiado arcillosos o compactos, ya que retienen demasiada humedad y podría dañarse su sistema radicular.
En cuanto al abono, basta con aplicar fertilizante orgánico o compost bien descompuesto una o dos veces al año (al inicio de la primavera y a mediados de verano). También puedes usar un abono líquido para plantas de flor cada 15 o 20 días durante la temporada de floración, lo que potenciará el aroma y el color de sus flores.
© Vincent LQ - stock.adobe.comPoda y mantenimiento
La poda del árbol de los siete hijos es sencilla, aunque conviene realizarla con criterio. Lo ideal es podarlo a finales del invierno o comienzos de primavera, eliminando las ramas secas, débiles o mal orientadas. Si buscas darle forma, recorta ligeramente las puntas para favorecer una copa equilibrada. En ejemplares jóvenes, puedes guiar un tronco principal para que adopte porte arbóreo, o dejar que crezca de manera más libre y arbustiva, según el diseño del jardín.
También tolera sin problema las podas de limpieza tras la floración, lo que estimula nuevas yemas florales. Mantén despejada la base del tronco y retira los brotes que aparezcan muy cerca del suelo, ya que pueden restar vigor a la planta principal.
© MarinoDenisenko - stock.adobe.comReproducción
El Heptacodium miconioides puede reproducirse por semillas o esquejes semileñosos, aunque este último método es más rápido y fiable. Toma esquejes de unos 10-15 cm en primavera o verano, con al menos dos nudos, y plántalos en una mezcla húmeda de turba y arena bajo ambiente templado y húmedo. En pocas semanas comenzarán a enraizar.
Si prefieres multiplicarlo por semillas, siémbralas a finales de invierno en bandejas y mantenlas en un lugar cálido hasta que germinen. Una vez que las plántulas estén lo bastante fuertes, puedes trasplantarlas a macetas individuales para que sigan desarrollándose antes de su ubicación definitiva.
© AventuraSur - stock.adobe.comTrasplante
Respecto al trasplante, realiza esta operación cada dos o tres años si lo tienes en maceta, preferiblemente en primavera. Elige un recipiente ligeramente mayor, con agujeros de drenaje y un sustrato renovado, suelto y bien aireado. Después del trasplante, riega con abundancia y evita la exposición directa al sol durante unos días para que se adapte mejor. Si lo haces en el jardín, procura no alterar demasiado el cepellón y prepara un hoyo el doble de ancho que las raíces. Añade compost o materia orgánica y vigila durante las primeras semanas que no falte humedad.
© ChrWeiss - stock.adobe.comEnfermedades y plagas
El árbol de los siete hijos es una planta resistente, pero, como todas las plantas, puede verse afectada por ciertas plagas y enfermedades. Así, en climas secos y cálidos puede ser víctima de pulgones, cochinillas o araña roja. Si detectas estas plagas, puedes eliminarlas pulverizando jabón potásico o aplicando aceite de neem. También conviene revisar el envés de las hojas periódicamente para detectar cualquier signo temprano de insectos o manchas.
Por otro lado, es importante también controlar el exceso de humedad que puede favorecer la aparición de hongos, al igual que si el drenaje es deficiente.
En general, se trata de una planta muy agradecida y de bajo mantenimiento: si la colocas en el lugar adecuado y cuidas el riego, podrás disfrutar de una floración generosa y un perfume delicioso.




