Nina y Martín Varsavsky son un matrimonio con una historia marcada por su recorrido internacional, su espíritu emprendedor y sus valores familiares. Después de haber vivido en distintos países, Martín decidió construir su hogar en Madrid, en La Moraleja, una vivienda con vistas a la sierra de Guadarrama, a la que llamó "Casa Vars". Años más tarde, ya juntos y de regreso a España tras una etapa en Estados Unidos, la reformaron para adaptarla a su vida familiar junto a sus tres hijos en común, más los cuatro hijos de una primera relación de Martín, que los visitan con frecuencia.
La casa refleja su forma de entender la vida: muy luminosa, funcional y, al mismo tiempo, cálida. Nina cuenta, entre risas, que es imposible colocar un mueble contra la pared porque no existe un ángulo recto en toda la casa, lo que es precisamente uno de los encantos de esta vivienda tan especial. Las paredes están llenas de arte, fotografías familiares y recuerdos de sus viajes.Martín Varsavsky, argentino con nacionalidad estadounidense y española, es hijo del reconocido astrofísico y físico teórico Carlos Varsavsky, del cual heredó el amor por la ciencia y la innovación. Hoy, Martín es uno de los emprendedores tecnológicos más importantes del mundo.
A lo largo de su carrera ha fundado cinco empresas unicornio y actualmente lidera algunas de las startups más punteras en biotecnología. Su trabajo ha contribuido al nacimiento de más de 300.000 niños. Nina, su mujer, nació en Alemania; ha trabajado en moda, inversión y desarrollo internacional; hoy se enfoca en proyectos que combinan propósito y familia, y es una apasionada de la Feria de Sevilla y de la doma clásica. Después de años de una vida nómada, se instalaron definitivamente en Madrid en 2017.
"Queríamos que se sintiera como una casa vivida, no perfecta. Los niños siempre han jugado por todos lados: al escondite, construyendo fuertes con cojines...", nos dice Nina
Habla Nina
—¿Cómo encontrasteis esta casa?
En realidad, se construyó desde cero. Martín estuvo buscando durante mucho tiempo el terreno perfecto, con vistas a la sierra y desde un punto más alto. Se organizó un concurso de arquitectura entre varios estudios y un jurado eligió la propuesta ganadora de AceboxAlonso. Yo conocí a Martín en el último año de construcción. La casa se terminó en 2006. Cuando volvimos de Estados Unidos, en 2017, renovamos algunos espacios con la interiorista Marta de la Rica.
—¿Cómo es la decoración?
Diría que es una mezcla entre moderna y acogedora, con muchos toques personales de nuestras experiencias viviendo fuera, con multitud de fotos de familia y muchas obras de arte. Queríamos que se sintiera como una casa vivida, no perfecta. Los niños siempre han jugado por toda la casa: al escondite, construyendo fuertes con cojines… Entre los niños, el gato y el perro, nunca consigo que la casa esté perfecta, pero eso es justamente la vida, que no es perfecta, aunque creo que si amas la que tienes, ya has ganado.
—Después de tantos años de un lado a otro, ¿por qué decidisteis instalaros en Madrid?
Yo crecí en Alemania, estudié en Londres e hice Erasmus en París y Madrid. Al terminar la universidad, me mudé a Nueva York, donde trabajé en una empresa de moda y, más tarde, en una agencia de inversiones centrada en proyectos de desarrollo en África. Viví tres años en distintos países, como Sierra Leona y Madagascar, y también en el Caribe. Cuando ya no quería seguir viviendo con una maleta, acepté un proyecto en España… y aquí conocí a mi marido. Antes de tener hijos, vivíamos de un lado para otro: invierno en Miami, primavera en Madrid, verano en Menorca y otoño en Nueva York. Cuando los niños empezaron el colegio, nos instalamos a tiempo completo en Miami. Por fin tuvimos que volver a España por motivos de trabajo y me dio mucha pena; en Miami me sentía muy a gusto. Sin embargo, desde nuestro regreso, en 2017, he aprendido a amar este país aún más. Tras compararlo con diferentes culturas y estilos de vida, ahora estoy convencida de que no hay lugar como España ni gente como los españoles. Ya no me quiero ir nunca más.
—¿Te gusta recibir invitados?
¡Me encanta! A menudo organizamos cenas o comidas con mucha gente en casa. Aun así, soy bastante introvertida, aunque no lo parezca. ¡Estar rodeada de gente todo el tiempo me cansa un poco, a mi marido nada! Martín es mucho más extravertido que yo. Tengo la suerte de contar con un gran equipo en casa que me ayuda, pero lo que realmente me hace feliz es estar en familia, tranquila, sin una agenda social llena. No sé si es la edad o algo que me quedó de la COVID, pero cada vez tengo menos paciencia y tolerancia para planes que no me hacen sentir cómoda.
—¿Cómo es un día normal para una familia tan grande como la vuestra?
Como el de cualquier persona: despierto a los niños, desayunamos juntos y los llevo al colegio. Por la mañana, Martín y yo hacemos nuestras cosas y, pase lo que pase, comemos juntos. Por la tarde recojo a los niños del colegio, y entre deberes, fútbol u otras actividades, el día pasa volando. Cenamos siempre todos juntos y luego los acuesto. Hacemos una vida temprana.
—¿A qué más te dedicas?
Tengo varios proyectos que me apasionan. Lo último fue una conferencia que organizamos en nuestra finca de Menorca: "Menorca Tech Kids", un fin de semana dedicado a enseñar a niños de entre 8 y 18 años cómo ser emprendedores o inversores. Este año fue la primera edición: vinieron 50 niños con sus familias y fue un éxito. A mí no me gusta dejar solos a los niños y era el plan perfecto para combinar aprendizaje, familia y trabajo. Martín y yo trabajamos juntos —así nos conocimos— y creo que hacemos un buen equipo. En lo personal, me encantan los caballos y la doma clásica. Entreno varias veces por semana con dos de los mejores entrenadores de España: Guillermo García Ayala y Verónica Graebeduenkel. Uno de mis caballos fue seleccionado para representar a España en el Campeonato del Mundo de Caballos Jóvenes en Holanda y también en el SICAB de Sevilla. Me apasiona todo lo relacionado con el caballo. Soy alemana, pero en otra vida estoy convencida de que fui una gaucha andaluza. Me encanta Andalucía, su tradición, su cultura, el flamenco… Me siento en casa.
"Nina es mi compañera de vida y de pensamiento. Aporta sensibilidad, equilibrio y una mirada más empática que complementa mi racionalidad. Es mi ancla emocional y mi filtro humano"
Habla Martín
—¿Quién es Martín Varsavsky?
Soy un emprendedor que lleva más de 35 años creando empresas en telecomunicaciones, energía y biotecnología. A lo largo de mi carrera, fundé cinco unicornios: Jazztel, Viatel, Ya.com, Eolia y Prelude Fertility. Actualmente dedico la mayor parte de mi tiempo al sector salud y biotecnológico, donde dirijo o participo activamente en varias empresas relacionadas con la fertilidad, como Prelude Fertility, la red de clínicas de fertilidad más grande de Norteamérica; Overture Life, que desarrolla sistemas automatizados para la fecundación in vitro; Gameto, que usa ovarios artificiales para madurar ovocitos ex vivo en tratamientos de fertilidad, y Vitara, que está desarrollando un útero artificial para salvar la vida de bebés prematuros.
—¿Qué representa para ti esta casa?
"Casa Vars" es una síntesis de cómo entiendo la vida. Es orden, serenidad y funcionalidad, pero también belleza y conexión con la naturaleza. La concebí como un lugar donde vivir bien significa pensar mejor. No es ostentación, es equilibrio. Es el espacio donde mi familia y yo encontramos claridad, donde puedo trabajar en lo que amo sin interrupciones y sin artificios.
—¿Qué importancia tiene España en tu vida personal y profesional?
España es mi hogar. Aquí encontré calidad de vida, cultura, naturaleza y estabilidad emocional. Es un país donde la gente sabe vivir, algo que en Estados Unidos muchas veces se olvida. Sin embargo, profesionalmente, mi actividad está centrada en Estados Unidos, donde la velocidad, la ambición y la mentalidad proemprendedora siguen siendo incomparables. Podría decirse que vivo en España por amor a la vida, pero trabajo en Estados Unidos por amor al emprendimiento.
—¿Es fácil emprender en España?
España tiene un talento humano extraordinario, pero un entorno regulatorio y fiscal que lo asfixia. Emprender aquí exige más paciencia que en ningún otro sitio. La burocracia no entiende el ritmo de la innovación. En Estados Unidos, si algo funciona, puedes escalarlo en semanas; en Europa tardas años en obtener permisos o validaciones. Mi consejo siempre ha sido crear desde España, pero escalar desde Estados Unidos o mercados más ágiles.
"Me encantan los caballos y la doma clásica. Soy alemana, pero en otra vida estoy convencida de que fui una gaucha andaluza. Me encanta Andalucía, su tradición, su cultura, el flamenco…"
—¿Cómo se dirige a equipos de más de 2.400 empleados?
Pienso que no se lideran personas una por una; se lidera cultura. Creo estructuras que fomentan autonomía, transparencia y propósito. No busco controlar, sino inspirar. Cuando todos entienden la misión, las decisiones fluyen solas. El liderazgo, para mí, consiste en diseñar sistemas humanos donde la gente quiera dar lo mejor de sí.
—¿Qué criterios utilizas hoy para decidir en qué sectores o 'startups' invertir?
Busco tres cosas: impacto humano real, escalabilidad tecnológica y fundadores excepcionales. Invierto donde la ciencia y la tecnología pueden mejorar la vida, especialmente en biología, salud y longevidad. Y evito sectores donde la política o la regulación aplastan la innovación, algo que en Europa pasa con demasiada frecuencia.
"Estoy convencida de que no hay lugar como España ni gente como los españoles. Ya no me quiero ir nunca más", confiesa Nina, que antes de instalarse en Madrid vivía en Miami
—¿Nina influyó en tu interés por la fertilidad asistida?
Sí, absolutamente. Al vivir juntos el proceso de formar una familia, vi de primera mano lo duro, costoso y emocionalmente exigente que puede ser. Ella me mostró que detrás de la biotecnología hay esperanza humana. Nina es mi compañera de vida y de pensamiento. Aporta sensibilidad, equilibrio y una mirada más empática que complementa mi racionalidad. Es mi ancla emocional y mi filtro humano.
—¿Qué te impulsó a crear la Fundación Varsavsky y a realizar una donación de once millones de dólares para conectar a estudiantes argentinos a internet?
Fue una cuestión de coherencia personal. Crecí en una familia donde el conocimiento era el mayor privilegio. Cuando vi que miles de jóvenes argentinos no tenían acceso a internet, sentí que era como negarles el futuro. Mi donación fue una forma de devolver lo que la educación me dio a mí: libertad. No fue caridad, fue infraestructura para el acceso.
"Casa Vars' es una síntesis de cómo entiendo la vida. Es orden, serenidad y funcionalidad, pero también belleza y conexión con la naturaleza. La concebí como un lugar donde vivir bien significa pensar mejor. No es ostentación, es equilibrio", cuenta Martín
—¿Cuál es tu mayor proyecto o ambición para los próximos años?
Seguir creando. Estoy desarrollando Sereen, una app que usa inteligencia artificial para cuidar a personas, inspirada en la muerte de mi mejor amigo, Miguel Salís, que hoy podría haberse evitado con la IA. También quiero consolidar Gameto y Vitara, porque creo que la biotecnología será la mayor revolución del siglo XXI. Y en lo personal, seguir viviendo en España, disfrutando de mi familia y trabajando con la mentalidad norteamericana: rápida, libre y orientada a resultados.






























