Iván Vázquez, experto en horticultura: "El invierno es una oportunidad. Hay sabor, hay color, y hay un montón de cultivos que creen que el frío es un spa"
Estos meses son la mejor época para empezar un huerto doméstico (aunque casi nadie lo sabe). Con una selección inteligente de cultivos resistentes, muchos de ellos ideales para jardineros principiantes, y unas pautas básicas de cuidado, esta estación se convierte en una oportunidad única para aprender, producir y sentar las bases de un huerto exitoso.
En los huertos domésticos, el invierno no significa pausa, sino resistencia. Mientras la primavera y el verano aceleran los ciclos de cultivo, el frío invita a la calma: los ritmos se ralentizan y la tierra ofrece productos con un carácter distinto. Es la estación ideal para descubrir que, incluso en un huerto pequeño y cuidado, la naturaleza sigue trabajando en silencio. Para profundizar en esta cosecha contamos con la experiencia de Iván Vázquez, creador del blog lahuertadeivan.com y formado como Agente Forestal, quien recuerda que “el invierno no es una pausa: es una oportunidad. Hay sabor, hay color, y hay un montón de cultivos que creen que el frío es un spa”. Animarse a montar un huerto de invierno es descubrir una parte del calendario que muchos pasan por alto… y donde el huerto brilla especialmente.
Ventajas de cultivar en invierno: calma y resistencia en tu huerto
La cosecha de invierno es como esa gente fuerte que permanece firme cuando otros descansan. Son hortalizas y frutas que soportan las bajas temperaturas y, al crecer más despacio, concentran nutrientes y sabor.
Iván explica además que el frío puede convertirse en un aliado: menos plagas, menos riegos y cosechas con personalidad propia. Asimismo, cultivar en invierno ayuda a mantener activo el huerto todo el año, a aprovechar mejor el espacio y a disfrutar de alimentos frescos en una época en la que solemos depender más del mercado. Es el momento perfecto para comprobar que la tierra, incluso en los meses más fríos, sigue ofreciendo lo mejor de sí.
Coles y raíces: el corazón del invierno en tu huerto
En la Península y Baleares, el invierno marca un ritmo distinto en los huertos domésticos. Es la época en la que las coles se convierten en protagonistas: col blanca, lombarda, repollo o kale llenan los bancales con su resistencia al frío. A ellas se suman las raíces como zanahoria, remolacha (en la imagen), nabo o chirivía, que aprovechan la calma de la temporada para crecer con sabor concentrado. También la acelga y la espinaca, que parecen sobrevivir a cualquier inclemencia, y el puerro, descrito por Iván como “básicamente un guerrero medieval del frío”.
Por otra parte, en algunas zonas se adelantan las habitas tempranas, y en fruta destacan los cítricos, los caquis y las granadas algo tardías. En Baleares, además, se conserva la tradición de la col forrajera, muy vinculada a la cultura local.
En Canarias, un huerto en ‘modo fácil’ con ritmos propios
En Canarias, el clima subtropical ofrece un escenario distinto al de la Península. Allí el huerto funciona de forma más sencilla, porque las temperaturas suaves permiten cultivar durante más meses productos que en otras zonas se limitan al verano. Tomates, pimientos o berenjenas se pueden mantener activos gran parte del año, y también es posible disfrutar de calabacines o pepinos en épocas en las que en la Península ya no se dan. Aun así, la luz y la humedad siguen marcando diferencias: no todo crece igual en cualquier momento. En fruta, los cítricos, como naranjas y mandarinas, siguen un patrón parecido al del resto de España, y se convierten en protagonistas del invierno. “No es una temporada igual de marcada, pero existe”, nos cuenta el experto en horticultura, recordando que incluso en un clima más estable la naturaleza conserva sus ciclos.
Raíces con más sabor: cómo aprovechar el invierno en tu mesa
El invierno es la mejor temporada para las hortalizas de raíz. El frío actúa como un potenciador natural del sabor, ya que aumenta los azúcares y convierte estas verduras en auténticas delicias. Entre las variedades más recomendadas destacan la zanahoria Nantesa o Chantenay, los nabos de cuello púrpura, la chirivía (una joya todavía poco valorada), los rabanitos redondos de ciclo temprano y la remolacha Detroit, famosa por su resistencia. Todas ellas son fáciles de cultivar en huertos domésticos y ofrecen cosechas sabrosas.
El invierno también tiene frutas que deberían ocupar un lugar más destacado en la mesa. El caqui, cuando está en su punto, es una auténtica maravilla: dulce, jugoso y muy versátil. Otra fruta que merece reivindicación, según el experto, es la granada tardía, deliciosa y cargada de antioxidantes, perfecta para aportar color y frescura en la temporada fría.
Elegir bien qué sembrar en un huerto doméstico durante el invierno es clave para aprovechar al máximo la temporada. El creador de La Huerta de Iván resume en tres reglas rápidas los criterios básicos para seleccionar especies frutales y hortícolas que se adapten al frío y al espacio disponible.
Resistencia al frío: El primer criterio es elegir plantas que soporten bien las bajas temperaturas. No todas las especies toleran las heladas, así que conviene apostar por aquellas que “no se despeinan con el frío”, como dice Iván.
Ciclos cortos o medios: En invierno nadie quiere esperar hasta la primavera para probar lo que ha sembrado. Por eso es mejor escoger cultivos con ciclos de crecimiento más rápidos. Los rábanos, los nabos, las habas tempranas o las lechugas de invierno son opciones ideales.
Espacio disponible: El tamaño del huerto también marca la elección. Las coles, por ejemplo, ocupan bastante sitio, mientras que las raíces (zanahorias, remolachas) y las hojas (espinacas, acelgas) aprovechan mejor el espacio reducido. En huertos urbanos o macetas de balcón, Iván recomienda apostar por estas últimas porque ofrecen buen rendimiento en poco espacio y permiten tener variedad sin necesidad de grandes superficies.
Cultivos fáciles para empezar tu huerto de invierno
Para quienes desean iniciarse en un pequeño huerto doméstico, el invierno puede ser una gran oportunidad. Aunque parezca una estación dura, existen cultivos sencillos y resistentes que permiten obtener cosechas sin complicaciones.
Para iniciarse sin sustos, Iván sugiere:
Rábanos: 25-40 días para cosechar. Literalmente los fast-food del huerto (y que vemos en la imagen superior).
Espinacas: 45-60 días. Agradecidas y muy resistentes.
Acelgas: 60-70 días. Cosecha continua.
Lechuga de invierno: 50-70 días.
Zanahorias: 70-100 días.
Puerros: 120-150 días, pero la espera merece la pena.
Coles: entre 80 y 150 días según variedad.
Todos ellos pueden con el frío y dan alegrías incluso a jardineros principiantes.
Durante el invierno, los huertos domésticos pueden enfrentarse a un enemigo silencioso: las heladas. Reconocer a tiempo las señales de estrés en los cultivos es fundamental para salvar la cosecha. Las primeras pistas suelen aparecer en las hojas, que se vuelven translúcidas o con aspecto ‘acuoso’. También pueden observarse zonas negras o quemadas, tallos lacios que parecen haberse quedado sin fuerzas y un retraso evidente en el crecimiento. En el caso de las raíces, a veces se aprecia rajado o deformación. Cuando esto ocurre, lo más recomendable es recortar las partes dañadas, esperar a que la planta se recupere y reforzar la protección contra el frío para evitar que vuelva a suceder.
Tradición, sostenibilidad y tendencia gastronómica
Durante el invierno, los huertos domésticos muestran su faceta más resistente y sostenible. El manejo de cultivos en esta estación es, de forma natural, más respetuoso con el entorno: menos plagas, menos tratamientos y menos riego. Además, permite planificar rotaciones, enriquecer el suelo con abonos verdes y mantener la biodiversidad. Como explica Iván, “cultivar en invierno es como darle un respiro al ecosistema sin dejar de producir”.
La gastronomía también está redescubriendo estos productos. Hoy se valora lo local y comer la huerta de temporada. El invierno demuestra que el huerto doméstico no entiende de pausas: es una estación que combina resistencia y sabor, que invita a apreciar la calma de la naturaleza y que se alinea con la sostenibilidad y las tendencias gastronómicas actuales. Como recuerda Iván, “apostar por un huerto de invierno es descubrir un calendario oculto, lleno de productos que enriquecen la mesa y que conectan con lo más auténtico de la tierra”.