Ana García, arquitecta: “En 2026 la neuroarquitectura se consolida como un eje fundamental del diseño de espacios”


La experta señala que esta disciplina, que une neurociencia y diseño, deja de ser un concepto teórico para convertirse en experiencia: moldea interiores y exteriores de los hogares para favorecer el bienestar de quienes los habitan.


Retrato de Ana García, fundadora de NeuronaLab© Rosario Kuri para NeuronaLab
4 de enero de 2026 - 8:10 CET

En 2026, la neuroarquitectura se consolida como un eje fundamental del diseño de interiores, porque hemos comprendido que los espacios que habitamos pueden influir positiva o negativamente en nuestro bienestar. Pasamos cada vez más tiempo en casas y entornos cerrados, y esa realidad hace que diseñar sin tener en cuenta cómo interactuamos con nuestro entorno no solo sea poco eficiente, sino potencialmente perjudicial. Crear espacios intencionados se vuelve entonces una necesidad: lugares que fomenten nuestro bienestar, nos conecten genuinamente con nosotros mismos, con el entorno y, en última instancia, con la naturaleza, que sigue siendo la fuente principal de equilibrio y respuestas para nuestras necesidades.

Ana García, arquitecta fundadora del estudio NeuronaLab (www.neuronalab.com), es la experta que guía este reportaje sobre el auge de la disciplina. Dirige el ‘Máster de Neuroarquitectura y Bioconstrucción’ en la Escuela LCI Barcelona, coordinado por María Lledó Cisneros, y ha publicado la novela ‘Cara Vista’ (de la editorial Círculo Rojo), donde aborda la neuroarquitectura desde el relato de autoficción, mostrando cómo los espacios influyen en nuestra percepción y emociones.

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Ambiente polivalente de dormitorio con terraza© Rosario Kuri para NeuronaLab

La neuroarquitectura, eje del diseño interior de los hogares en 2026

Ana considera que la neuroarquitecurae cobra tanto protagonismo dado que en los últimos años hemos entendido el hogar como un espacio que no solo habitamos, sino que nos regula emocional y cognitivamente. “El auge del teletrabajo, la sobreexposición digital y el estrés urbano han puesto de manifiesto que hay que cuidar con cariño nuestro entorno íntimo ya que influye directamente en nuestro bienestar. Por eso la neuroarquitectura ha cobrado más relevancia: necesitamos espacios que acompañen nuestros ritmos biológicos y nos ayuden a recuperarnos”.
No hay duda del cambio de paradigma: el hogar pasa de ser un contenedor funcional a un organismo en simbiosis con nosotros que puede favorecer nuestra salud.

En ambientes urbanos la luz natural y la vegetación son elementos preciados porque nos conectan con nuestra biología. Esta vivienda con una agradable terraza, proyectada por NeuronaLab, así lo demuestra. 

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Salón moderno© Reverso Studio

Belleza no equivale a bienestar

¿Por qué ahora hablamos de espacios que ‘mejoran cómo nos sentimos’ y no solo de espacios bonitos o funcionales? La respuesta que da la docente de LCI Barcelona es que hoy sabemos, desde la evidencia científica, que un espacio estético no siempre es un espacio saludable

La belleza puede inspirar, pero si no responde a nuestras necesidades neurobiológicas y si no se ha diseñado con los materiales adecuados puede llegar a intoxicarnos. Ahora hablamos de cómo nos sentimos porque priorizamos el impacto en el estrés, la calma, el foco o la motivación. Por otro lado, el diseño de espacios, además de resolver aspectos funcionales, siempre ha sido una experiencia multisensorial”, afirma.

Reverso Studio ha diseñado este salón con el objetivo de aportar belleza, orden, pero también un ambiente que favorece el bienestar de quienes lo disfrutan.

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Comedor y cocina en los que predominan las líneas curvas, suaves y agradables© Avenia Aventura

Espacios que impulsen la calma, la motivación o la creatividad

La experta explica cómo funciona la serenidad y el estrés: el cerebro está constantemente procesando e interpretando señales del entorno: luz, colores, sonidos, geometrías, distancias, proporciones, texturas, temperaturas…. Cuando estos estímulos están equilibrados, activan áreas asociadas al bienestar, reduciendo la respuesta de alerta. La calma se suele conseguir con ambientes ordenados y luminosos; la motivación surge cuando el espacio ofrece estímulos suaves pero energizantes; y, normalmente, la creatividad aparece en entornos que permiten variabilidad, contraste y libertad perceptiva, incluso de movimiento del usuario. El ‘momento eureka’ de un proceso creativo suele llegar cuando cambiamos de estancia o de actividad y entra en juego nuestra red por defecto. 

La arquitecta especializada en neuroarquitectura lo resume en esta frase: “diseñar es modular emociones”.

Luz, líneas curvas y en completo orden este ambiente de día con mobiliario de Fendi Casa.  

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Comedor luminoso y elegante© Annanké Interiorismo

Cuando el espacio impacta de forma negativa en nuestra salud

La arquitecta advierte que “un hogar construido sin considerar las necesidades específicas de la familia que reside en él puede llegar a enfermar a sus miembros”. ¿Qué ejemplos da? Una iluminación excesiva o parpadeante sin que el ojo lo advierta, pero el cerebro sí. El ruido visual, la saturación sensorial o la falta de coherencia espacial no deseados nos puede llegar a fatigar de forma crónica. Esto aumenta la actividad del sistema límbico y eleva los niveles de estrés. 

En el caso de la iluminación inadecuada, no solo provoca estrés sino que puede afectar al sueño, al alterar los ritmos circadianos. 

Cristina Amoroso, fundadora de Annanké Interiorismo, apuesta por una gran presencia de la madera en este elegante comedor que reformó también para abrirlo más a la luz, creando un ambiente apacible.

 
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Zona de despacho con iluminación artificial bien estudiada© LUV Studio y Anoche

La luz no solo ilumina: sincroniza nuestra vida

Sin duda la luz en el hogar debe cuidarse al máximo. Ana revela que el motivo es que la luz no solo ilumina: marca nuestro ritmo vital. “Regula los ciclos biológicos, influye en los estados de alerta o descanso y condiciona el metabolismo implicado en la homeostasis energética [el equilibrio mediante el cual el cuerpo ajusta la energía que ingiere y la que utiliza para conservar un estado estable]”. También interviene en la liberación de hormonas como el cortisol y la melatonina. Por ello, se da cada vez más importancia a la luz natural, a las temperaturas de color cambiantes y a sistemas de iluminación que se ajustan al ritmo diario de las personas.

Esta sensibilidad ya forma parte del oficio de muchos diseñadores lumínicos, que trabajan con soluciones capaces de adaptar intensidad y espectro para acompañar las distintas fases del día y mejorar el bienestar en el hogar. Es el caso del proyecto que vemos sobre estas líneas firmado por LUV Studio y con Jordi Ballesta, lighting designer de Anoche, a cargo del proyecto lumínico, quien defiende que comprender y saber usar estas herramientas será clave para que la iluminación cuide realmente de nuestra biología.

 
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Texturas muy acogedoras en un dormitorio de decoración moderna© Elton Rocha para Albert Ramoneda Studio

Sí, algunos materiales favorecen un mayor bienestar emocional

Según la literatura científica, que es la base de la neuroarquitectura, los materiales naturales, como la madera, la piedra, los tejidos orgánicos o la arcilla, favorecen un mayor bienestar porque conectan con patrones ancestrales que el cerebro reconoce como seguros. “Sus texturas irregulares y cálidas crean una sensación de calma y hacen que el espacio resulte más natural. Además, ayudan a mejorar la acústica y el confort térmico, ya que son materiales higroscópicos, es decir, capaces de absorber y liberar humedad del ambiente”, señala Ana.

Serenidad, calma y un refugio de bienestar en este dormitorio diseñado por el interiorista Albert Ramoneda que apuesta por dar protagonismo a las texturas naturales en forma de paneles de madera y telas (la del cabecero es de James Malone). Y es que la biocompatibilidad de los materiales favorece una relación más natural entre el cuerpo y el espacio, reduciendo la sobrecarga sensorial y aumentando la sensación de bienestar.

 
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Comedor en el que el arte tiene gran protagonismo© Lupe Clemente para Estudio Caliza

Más datos que ofrecen las neurociencias

Las formas orgánicas están ganando terreno frente a las líneas rectas y rígidas. ¡Hay motivos! La profesora de LCI Barcelona explica que las formas curvas recuerdan a la naturaleza y a estructuras que históricamente hemos asociado con protección. El cerebro procesa las líneas redondeadas de manera más fluida, reduciendo la carga cognitiva. En cambio, las líneas rectas y ángulos agudos pueden activar sutilmente la respuesta amigdalar relacionada con la sensación de alerta. Buen ejemplo de siluetas amables son las que presenta este ambiente de comedor diseñado por Estudio Caliza.

Así, las geometrías orgánicas favorecen la creatividad, la relajación y el flujo, mientras que lo excesivamente rectilíneo tiende a ser más estático y rígido emocionalmente. “En mis clases siempre digo que esto no significa que hay que dejar de utilizar las formas angulosas u ortogonales, simplemente se debe conocer mejor cómo funciona nuestra mente y nuestro cuerpo, o la de los usuarios de un determinado espacio, para emplear todas esas opciones con mayor acierto”, afirma Ana.

 
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Espacio polivalente, una zona de día abierta de múltiples usos© Jordi Folch

En búsqueda de espacios cada vez más flexibles

Los espacios polivalentes se consolidan como una tendencia clave en la vivienda contemporánea. La forma de habitar ha cambiado y con ella la necesidad de casas más abiertas, versátiles y sin usos rígidos. ¿Por qué triunfa la versatilidad? “Nuestras necesidades cambian a lo largo del día y los espacios rígidos nos obligan a adaptarnos a ellos. La flexibilidad permite pasar de forma natural del trabajo al descanso o a la vida social, ofreciendo mayor control y variedad. Esto reduce el estrés y favorece el bienestar, entendiendo el hogar como un ecosistema capaz de adaptarse a quien lo habita”, afirma Ana.

Estamos viendo un comedor que es también rincón de lectura o para meditar o escuchar música; un salón con un área de barra para tomar tentempiés rápidos; y la cocina abierta visualmente con paredes de cristal, en un proyecto que firma la interiorista Montse Morales con alma sumamente versátil.

 
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Persianas automatizadas© Velux

Cuando la tecnología se vuelve invisible y mejora el bienestar en casa

La tecnología inteligente puede convivir con espacios más humanos cuando actúa de forma discreta y está orientada al bienestar, no al estímulo constante. La domótica permite regular la luz, el sonido, la temperatura o el grado de privacidad para mantener un equilibrio sensorial adecuado. “El objetivo es que mejore la percepción del espacio, no que reemplace nuestra capacidad de saber si tenemos frío, calor o si una luz nos resulta molesta”, cuenta la arquitecta fundadora de NeuronaLab, que subraya la importancia de que la tecnología escuche al usuario y no tome decisiones de forma automática sin tener en cuenta su experiencia.

 
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Dormitorio infantil a escala de su joven usuario© Rosario Kuri para NeuronaLab

Errores cuando se intenta aplicar la neuroarquitectura (sin comprender realmente sus fundamentos)

Ana revela que el error más común es confundir neuroarquitectura con una tendencia estética o con un recetario estándar que podemos aplicar en cualquier tipo de proyecto. “Esta disciplina no se trata de colores relajantes o muebles curvos sin contexto, sino de comprender cómo opera el cerebro en relación con el cuerpo y qué estímulos lo benefician”. Firma el diseño de esta habitación infantil la propia experta que nos está guiando en el reportaje, incorporando una cama de altura accesible para que su joven usuario pueda ser autónomo en su uso.

Desde esta perspectiva, la personalización se vuelve esencial: cada persona tiene experiencias, sensibilidades y hábitos distintos, por lo que un espacio no puede aspirar a gustar a todo el mundo, sino a generar bienestar real en quienes lo habitan.

 
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Baño como spa doméstico© Jordi Canosa para Pia Capdevila

La próxima etapa de la neuroarquitectura en pocos años

Este 2026, el bienestar se convierte en el eje del diseño gracias a la neuroarquitectura, y todo apunta a que su evolución continuará al alza en los próximos años. El creciente interés por el impacto del entorno construido en la salud está impulsando a más profesionales a integrar criterios basados en la neurociencia en sus proyectos. En la propuesta, un diseño de Pia Capdevila, el baño se convierte en un espacio acogedor para compartir, pensado como un verdadero templo de autocuidado.

Más que imponerse como una disciplina independiente, el desarrollo de la neuroarquitectura avanzará de forma progresiva y natural dentro del diseño”, vaticina Ana. Porque a medida que se generen más datos que relacionen bienestar y factores ambientales, cada vez será menos concebible diseñar sin tener en cuenta este conocimiento.

 

© ¡HOLA! Prohibida la reproducción total o parcial de este reportaje y sus fotografías, aun citando su procedencia.