Carolina, que cumple hoy su cuarto aniversario de casada (civilmente), vuelve a replantearse una boda religiosa con el Príncipe alemán, Ernesto de Hannover, el hombre que ha conquistado finalmente su corazón y el padre de su hija pequeña, Alejandra, de tres años.
Pulse sobre la imagen para ver las ampliaciones de las fotos

Carolina y Ernesto tuvieron que conformarse con una discreta boda por lo civil, al no haber tramitado la dispensa del Vaticano, que se exige para un enlace mixto entre un protestante y una católica.



22 ENERO 2003
La princesa Carolina de Mónaco ha cumplido 46 años, en un momento personal excepcional, al lado de su familia y con nuevos planes de convertirse por la Iglesia en la esposa del Príncipe de Hannover.

La Princesa celebró su cumpleaños en su domicilio donde, como en años anteriores, había preparado la fiesta perfecta. Una celebración, íntima y familiar, ni remotamente parecida a las que soñaba cuando era adolescente... Aquellos imborrables cumpleaños de palacio. Entonces, cuando era sólo una niña, soplaba las velas con fervor, queriendo que se consumieran muy deprisa para cabalgar sobre el tiempo. Ahora, sus alocados cumpleaños dejaron paso al recogimiento y al disfrute de veladas donde sólo tienen cabida la familia y los grandes amigos. Tranquila, sosegada, madre amantísima y esposa feliz alza un íntimo brindis por el que, seguro, es el mejor momento de su vida, sobre todo desde un punto de vista sentimental.

Una ceremonia católica y luterana
Tanto es así que Carolina, que cumple hoy su cuarto aniversario de casada (civilmente), vuelve a plantearse la posibilidad de celebrar su boda religiosa con el Príncipe alemán, Ernesto de Hannover, el hombre que ha conquistado finalmente su corazón y el padre de su hija pequeña, Alejandra, de tres años.

No existe ningún comunicado oficial que lo certifique, pero cada vez son más insistentes los rumores que sostienen que para Carolina de Mónaco y Ernesto de Hannover no es suficiente su unión civil, celebrada el 23 de enero de 1999. Ni siquiera entonces lo era, sólo que en aquel momento no habían hecho los trámites pertinentes para obtener una dispensa del Vaticano, que se exige en los enlace mixtos entre protestantes y católicos. Motivo éste por el cual se vieron obligados a renunciar a casarse por la Iglesia y a conformarse con una discretísima ceremonia civil. Un verdadero revés para la pareja y, especialmente, para Ernesto de Hannover que, emparentado con varias Casas Reales europeas, soñaba con una gran ceremonia católica y luterana y una majestuosa fiesta en una de sus mansiones. Y aún lo hace.

Juega en su favor, la presión que la Iglesia monegasca -en Mónaco el catolicismo es religión de Estado- ejerce en la princesa Carolina para que ratifique religiosamente su matrimonio civil con Ernesto de Hannover, especialmente ahora que la delicada salud del Príncipe reinante, Raniero, y las declaraciones del príncipe Alberto alegando, una vez más, que no hay boda ni compromiso a la vista, abren el debate sobre la sucesión.

Prohibida su reproducción total o parcial. ©2008 Hola, S.A.