Realeza y personalidades

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Durante las horas infernales en las que se llegó a temer lo peor, doña Elena pidió que le llevaran al hospital algunas fotos de sus hijos y pegó una a una las imágenes de Froilán y de Victoria Federica en el cristal

Tierna imagen de Jaime de Marichalar con su hijo mayor, Felipe Juán Frolián, que pronto cumplirá cuatro años

El duque de Lugo empezó primero a contestar a las preguntas del equipo médico con un “sí” y un “no” abriendo y cerrando sus ojos. Apretando levemente su mano derecha... Para después, ir descubriendo, poco a poco, las fotografías de sus hijos

La recuperación tan favorable que está experimentando su esposo, ha devuelto la sonrisa a la Infanta

LA TERNURA Y LA FUERZA DE LA INFANTA DOÑA ELENA

9 ENERO 2002
Todo empezó el pasado día 22 cuando don Jaime de Marichalar empezó a sentirse realmente mal mientras realizaba ejercicio físico en su gimnasio. Como el malestar general iba a más y no había explicación lógica alguna para lo que le estaba sucediendo, el duque se fue a su casa y pidió ser atendido por sus médicos de cabecera. Éstos llamaron de inmediato a una ambulancia y el duque de Lugo, sin pérdida de tiempo, ingresó por urgencias en el Gregorio Marañón, el hospital más cercano a su domicilio particular.

El desconsuelo de doña Elena
Le acompañó durante el trayecto la infanta Elena, que a pesar de saberse el más grande de los bastiones para don Jaime en aquellos terribles momentos, no pudo evitar llegar al centro llorosa y desconsolada. No obstante, y con el alma en un puño, la duquesa de Lugo se enfrentó al drama familiar con una impresionante fortaleza.

La tristeza de la primera familia española
Don Jaime ingresó consciente, inquieto, confuso y con pérdida de movilidad de la parte izquierda del cuerpo y de la cara y pasó directamente a la UCI donde empezó a ser sometido a las pruebas con las que habría de detectarse el grado de afectación cerebral.
Al cabo de las horas se hizo pública la noticia. El duque de Lugo había sufrido un infarto cerebral... Los españoles, que comenzaban a celebrar las tradicionales fiestas navideñas, se paralizaron por un momento. La primera familia española se había convertido en la protagonista de unas navidades realmente tristes.

Salvar su vida
Pasaron las horas lentamente. Ni el personal médico ni las familias del paciente estaban llamados a engaño. Don Jaime podía sufrir en cualquier momento un edema (inflamación) cerebral. Los doctores, de hecho, hicieron público que “antes de preocuparse por los efectos secundarios que puede dejarle el infarto lo más importante es salvar su vida”.

El cristal de la UCI empapelado con las fotos de sus hijos
El duque de Lugo permaneció internado en la Unidad de Cuidados Intensivos especiales donde fue sometido a controles de todo tipo hasta el viernes 28 de diciembre. Fueron horas infernales en las que se llegó a temer lo peor. A pesar de la enorme angustia y, sin saber realmente si su esposo lograría aferrarse a la vida, doña Elena pidió que se le llevaran al hospital algunas fotos de sus hijos; las copias de papel más grandes de la casa. Fotografías elegidas por ambos para decorar algunos rincones de su vivienda en la calle Ortega y Gasset, de Madrid, así como una bolsa con globos de colores.
Con lágrimas en los ojos, la Infanta pegó una a una las fotografías de Froilán y de Victoria Federica en el cristal y rodeó éstas con los globos. Después, y durante interminables horas permaneció a la espera de una señal.

La primera visión
Don Jaime de Marichalar, según el expreso deseo de doña Elena, nada más recuperar la consciencia lo primero que vería sería la cara de sus dos hijos... y los globos, como una señal de alegría y de regreso a la vida. Y así fue. Don Jaime empezó primero a contestar a las preguntas del equipo médico con un “sí” y un “no” abriendo y cerrando sus ojos. Apretando levemente su mano derecha... Para después, ir descubriendo, poco a poco, las tiernas fotografías de sus hijos; para escuchar la voz de su esposa y la de su madre, Concepción Sáenz de Tejada, condesa viuda de Ripalda ...

La infanta Elena decoró su habitación
El viernes, 28 de diciembre, a primera hora de la tarde, el duque abandonó la UCI y fue trasladado a la planta hospitalaria de neurología. A una habitación individual. En el cuarto le esperaba doña Elena dispuesta a iniciar codo con codo una nueva fase en la recuperación de su marido.
Claro que, horas antes, su esposa, como si el gesto inicial le hubiera conducido hacia un auténtico milagro, ya se había preocupado de despegar las fotografías una a una, con el mismo amor y la misma lentitud con la que las había puesto; de recoger los globos y de llevarlo todo a la habitación de don Jaime. Al cuarto donde se han restringido las llamadas de teléfono y las visitas infantiles –norma del hospital respetada por los duques de Lugo como por tantas otras familias incluso durante las emotivas fiestas de Reyes- y donde la infanta sigue apoyando a su marido, día y noche, con toda su ternura y su fuerza.

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