Apenas ocupa espacio en la bolsa de viaje (la encontrarás en formato tarro, tubo o sheet -las famosas hojas de tejido que se adhieren al rostro-) y se ha convertido en una respuesta eficaz al SOS que lanza la piel después de una jornada de senderismo, horas al aire libre o sobremesas campestres tras comidas copiosas donde, al final, acaba alterada por cambios en la circulación (la sensación de que está más roja y caliente) y cierta sequedad. Ponerse una mascarilla en estos momentos es como lanzarse a por la botella de agua estando sediento, una pequeña concesión beauty que proporciona un gran alivio.
Mascarilla vs. crema: qué necesitas en cada situación
Si te preguntas por qué una mascarilla vale más que una crema en estos casos, la razón es que aquella contiene una fórmula mucho más concentrada en activos que actúa durante un tiempo limitado —suele ser entre diez y veinte minutos— y que produce una acción rápida que "cura" la piel (como si fuese una operación de urgencia).
Las cremas y lociones, sin embargo, están pensadas para hidratar y tratar la barrera cutánea a largo plazo. Además, como parte de su eficiencia exprés, las mascarillas están diseñadas para resolver problemas puntuales, véase deshidratación (ojo aquí a los festines salados de los viajes, porque resecan la piel), con activos como ácido hialurónico, glicerina y ceramidas, recomendables después de haber pasado el día al aire libre; o irritación, debida a digestiones pesadas, a cambios de temperatura (de interior con chimenea a exterior) o viento, en cuyo caso ingredientes calmantes como el aloe vera, el pantenol, la centella asiática o la avena acuden al rescate.
Para la piel con tendencia grasa que se ensucia demasiado y pierde luminosidad, antioxidantes potentes, como la astaxantina, atrapan y neutralizan los radicales libres antes incluso de que puedan llegar a dañar la piel. ¿Lo mejor de este cosmético? Sientes que los poros vuelven a respirar.
Cómo usar bien una mascarilla
Dos veces a la semana son suficientes para sentir que la mascarilla devuelve vida a tu piel. Sea en crema o fórmula sobre tejido, la clave está en limpiar y secar muy bien el rostro antes de utilizarla. Extiéndela, evitando el contorno de los ojos (las hay específicas para esta zona), y deja actuar entre 10 y 15 minutos; este tiempo suele ser suficiente para una hidratación rápida. Una vez se hayan absorbido los activos, aclara con agua tibia. ¿Un truco? Si la mascarilla es purificante, aplícala solo en el contorno de las mejillas para esculpir y reflejar mejor la luz.







