Fue el nombre y el cuerpo de toda una década. Pamela Anderson, la protagonista más icónica de Los vigilantes de la playa (1989-2001), saltó desde la serie estadounidense a las pantallas, las fiestas y los periódicos de todo el mundo. Su belleza natural y sus curvas de alto impacto la consagraron como sex symbol en los 90, un título que ella se encargó de explotar lo largo de los años posteriores. Sin embargo, el boom por Pamela se fue apagando y, desde 2010/2011, la actriz participó en contadísimos proyectos de cine, centrándose más en su labor como activista de los animales. E resurgir llegó en 2023 con su autobiografía (Love, Pamela) y una nueva imagen: embajadora de la belleza real y el auténtico "no makeup".
Su belleza natural antes de 'Los vigilantes de la playa'
Pamela Anderson apenas tenía 25 años cuando, en 1992, entró a formar parte de Los viligantes de la playa para interpretar a JC. Era su primer papel protagonista en una serie, aunque ya había aparecido en algunas películas como Asalto a Beverly Hills. En las fotos previas a su fichaje, vemos a una veinteañera guapísima, con el pelo peinado de forma natural y un suave ahumado de ojos como único protagonista del maquillaje; un look que cualquier chica de su edad llevaría en los 90.
Los vigilantes de la playa supusó, está claro, un antes y después en su carrera y sobre todo en su imagen. Pamela empezó a ser vista como el gran icono sexual de la producción y esto, sumado a las atrevidas tendencias del momento, le hicieron a cambiar su estilo en los eventos y alfombras rojas.
Fuera de los focos, Pamela Anderson seguía siendo la joven que salía con eyeliner fino y labios nude como único maquillaje. Las cejas finísimas y la melena rubia platino de esta época son dos rasgos que siguen definiendo su belleza hoy, más de 30 años después.
Sin embargo, en las fiestas e infinitas ocasiones especiales a las que asistía, la actriz se transformaba y lo daba todo con maquillajes de ojos oscuros, labios con delineados marcadísimos y el pelo con tanto brushing que parecía estar cardado; tres tendencias muy potentes a mediados de los 90, además de las mencionadas cejas con el grosor de un hilo.
Una vez terminado su contrato en Los vigilantes de la playa (dejó la serie en 1997, tras cinco años), Pamela fue un paso más allá y se atrevió a probar peinados aún más llamativos, como el pelo rizadísimo.
Tampoco se cortaba en cuanto al maquillaje, sobre todo a partir del año 2000. Pamela se apuntó al estilo de Britney Spears, reina del momento, y se maquillaba los ojos con sombras oscuras o claras, pero siempre satinadas. También satinados eran sus labiales, acompañados perpetuamente de un delineado en contraste. La piel bronceada y la manicura larga y cuadrada completaban estos looks, los más radicales de todo su recorrido.
Tras esos años de maquillaje extremo y fiestas, Pamela trató de recuperar la naturalidad, aunque de una forma muy progresiva. El cambio se aprecia sobre todo en el pelo, con acabados más relajados y elegantes. Entonces, seguía llevando los ojos muy maquillados, con mucha máscara de pestañas, y los labios pintados, aunque ya sin perfilado oscuro.
Tras más de 10 años fuera de las grandes red carpets, Pamela Anderson ha cautivado en su resurgir. Desde hace tres años, posa sin maquillaje, con su piel repleta de pecas al descubierto, y se ha convertido en la mejor embajadora de la belleza auéntica y real. Así demuestra una increíble seguridad personal que, tal vez, ya tenía cuando comenzó a trabajar, pues entonces también lucía su rostro al natural.
"Lo hice por mí misma. Lo hice por mí, solo para decir que soy lo suficientemente buena tal y como soy, y que no necesito perseguir este sueño imposible", ha explicado la estrella sobre su decisión de no usar maquillaje. Eso sí, en esta nueva era, ha elegido al pelo como baza para cambiar de look: ha probado diferentes peinados e incluso se ha teñido de pelirroja.