Hay mañanas en las que el maquillaje parece aliarse con nosotras. La piel se ve uniforme, luminosa y con ese acabado natural que no se nota, pero se siente. Sales de casa confiada, te miras en el espejo y piensas: “Así, sí”. Sin embargo, con el paso de las horas, la historia cambia. La base empieza a desaparecer, se acumula en ciertas zonas o pierde esa frescura inicial que tanto nos gustaba.
Lo curioso es que, la mayoría de las veces, no es culpa de la base en sí. La duración del maquillaje depende de pequeños detalles que solemos pasar por alto: cómo preparamos la piel, cuánto producto usamos o incluso la forma en la que lo aplicamos. Pequeños gestos que, bien hechos, consiguen que la piel se mantenga bonita, natural y favorecedora durante todo el día. Como si hubieras dormido 8 horas a pierna suelta.
© @facebyjennLa piel lo es todo (y no es un tópico)
Antes de pensar en bases, brochas o correctores, hay algo que no falla nunca: una piel bien cuidada lo cambia todo. Cuando la piel está limpia, equilibrada e hidratada, el maquillaje se asienta mejor y se mantiene bonito durante más horas. No hace falta una rutina complicada, pero sí constante. Limpiar bien el rostro y aplicar una crema adecuada evita que la base se cuartee, se acumule o desaparezca a lo largo del día.
© @facebyjennDejar que la piel respire antes del maquillaje
Uno de los gestos más olvidados es esperar. Aplicamos la crema y, sin pensarlo, pasamos directamente a la base. El resultado suele ser una piel más brillante de lo deseado y una base que no termina de fijarse. Dejar pasar unos minutos permite que la piel absorba bien el producto y se prepare para el maquillaje. Es un pequeño gesto que marca una diferencia enorme y que muchas veces explica por qué la base “no aguanta”.
© @taniellejaimuaEl 'primer' no es obligatorio, pero sí estratégico
El primer no es un paso obligatorio, pero funciona especialmente bien en zonas concretas: poros visibles, líneas finas o áreas donde el maquillaje suele desaparecer antes. Aplicarlo en todo el rostro sin necesidad puede hacer que la piel se vea artificial. Usado con cabeza, en pequeñas cantidades y solo donde hace falta, se convierte en un gran aliado para alargar la duración de la base.
© @facebyjennEncuentra tu base perfecta
Elegir la base adecuada es casi más importante que saber aplicarlaLas pieles secas necesitan texturas que aporten confort y luminosidad, mientras que las mixtas o grasas se sienten más cómodas con fórmulas ligeras. Las bases muy cubrientes pueden parecer una buena idea, pero si no se trabajan bien, duran menos y se notan más. A veces, una base más ligera es la que mejor envejece a lo largo del día.
© @taniellejaimuaCantidad justa
Uno de los errores más comunes es pensar que más producto significa más duración. En realidad, ocurre justo lo contrario. Cuanta más base aplicamos, más posibilidades hay de que se mueva, se marque o se note. Empezar con poca cantidad y añadir solo donde realmente se necesita ayuda a que el acabado sea más natural y a que la base se mantenga intacta durante más tiempo.
© @taniellejaimuaDirección de aplicación
La técnica importa tanto como el producto. Aplicar la base desde el centro del rostro hacia fuera ayuda a que quede más uniforme y natural. Es importante trabajar bien el producto, sin arrastrarlo, difuminando con calma. Ese tiempo extra frente al espejo se nota después, cuando la piel sigue viéndose bonita horas más tarde.
© @facebyjennBase y corrector: dos funciones diferentes
Uno de los errores más frecuentes es intentar que la base lo haga todo. Queremos que unifique, cubra, alise y perfeccione, y al final lo único que conseguimos es que se note. La base está pensada para igualar el tono de la piel y aportar buen aspecto general, no para tapar imperfecciones concretas. Para eso está el corrector, que aplicado solo donde hace falta y en pequeñas cantidades, consigue un resultado mucho más natural.
© @facebyjennSellar la base sin perder naturalidad
Sellar el maquillaje es importante, pero hacerlo en exceso puede jugar en nuestra contra. Cuando aplicamos polvos matificantes en todo el rostro sin criterio, la piel pierde frescura y el maquillaje envejece antes. Lo ideal es aplicarlos solo en las zonas donde realmente aparece brillo, como la frente, la nariz o la barbilla. Dejar las mejillas y otras áreas sin sellar ayuda a mantener ese efecto piel jugosa que se ve bonito durante todo el día. Al final, se trata de encontrar el equilibrio entre duración y naturalidad.
© @taniellejaimuaSpray fijador, el truco final
El spray fijador es uno de esos trucos que parecen secundarios, pero que cambian por completo el resultado final. Más allá de fijar, ayuda a que la base, los polvos y el resto de productos se integren mejor entre sí y con la piel. Aplicarlo al final, con un gesto ligero y sin miedo, aporta un acabado más uniforme y natural. Es ese paso invisible que hace que el maquillaje se vea más profesional y dure más sin sentirse pesado.
© @facebyjennNo te toques la cara
A lo largo del día, sin darnos cuenta, nos tocamos la cara constantemente. Apoyamos la barbilla en la mano, nos frotamos los ojos o nos secamos con un pañuelo. Estos pequeños gestos, tan cotidianos, son grandes enemigos del maquillaje. Cuanto menos toquemos el rostro, menos se moverá la base y mejor se mantendrá. No es cuestión de obsesionarse, pero sí de ser un poco más conscientes de esos movimientos automáticos.
© @taniellejaimuaRetocar con inteligencia y sin excesos
Cuando llega el momento del retoque, muchas veces caemos en el error de añadir más maquillaje sin retirar lo anterior. El resultado suele ser una piel recargada y poco natural. Antes de aplicar nada, lo mejor es eliminar el exceso de grasa con papelitos matificantes o incluso con un pañuelo. Después, si realmente hace falta, un toque mínimo de polvo es suficiente. Retocar bien es casi un arte y tiene más que ver con quitar que con añadir.
© @facebyjennLa noche anterior también cuenta
La duración del maquillaje no empieza por la mañana, sino la noche anterior. Desmaquillarse correctamente y cuidar la piel antes de dormir permite que se regenere y esté equilibrada al día siguiente. Una piel limpia, hidratada y descansada acepta mejor la base y hace que se vea más bonita durante más tiempo. Es un paso que no se ve frente al espejo, pero que se nota claramente cuando el maquillaje aguanta sin esfuerzo.




