África se está rompiendo lentamente, ¿cuánto tardará en aparecer un nuevo océano?


Un enorme proceso geológico en el este de África está estirando la corteza terrestre de forma gradual, abriendo una falla que en millones de años podría dar lugar a una nueva cuenca oceánica


El Gran Valle del Rift, situado en el Este de África © Goldilock Project - stock.adobe.com
4 de febrero de 2026 - 8:00 CET

Durante décadas, los geólogos han observado que África no es un bloque fijo e inmutable, sino un continente en movimiento. En su parte oriental, fuerzas tectónicas están generando una extensa grieta que avanza a lo largo de miles de kilómetros y que, a largo plazo, podría dividir África en dos grandes masas de tierra separadas por un nuevo océano. 

Aunque parezca una historia sacada de películas de ciencia ficción, este fenómeno es parte de la dinámica normal de la Tierra y se está observando con herramientas científicas avanzadas, no como un suceso abrupto e inmediato. 

¿Por qué hay una grieta en África? 

Este hecho que está sucediendo corresponde a un proceso tectónico que lleva ocurriendo desde hace millones de años. Es conocido como el Rift de África Oriental, una enorme red de fallas geológicas que se extiende desde el norte de Etiopía hasta Mozambique. En esta región la placa somalí se está desplazando lentamente hacia el este respecto a la playa nubia, estirando y adelgazando la corteza terrestre. 

Geológicamente, esto se traduce en un rift, una fractura donde la corteza se alarga y puede llegar a fracturarse por completo si el proceso continúa durante millones de años. A lo largo de este rift se han observado grietas visibles en superficie, como la de Kenia, y a veces incluso hectómetros de longitud, que son manifestaciones del estiramiento de la corteza. 

La grieta que se abrió en el suroeste de Kenia en 2018 tras semanas de lluvias intensas, inundaciones y temblores © AFP via Getty Images
La grieta que se abrió en el suroeste de Kenia en 2018 tras semanas de lluvias intensas, inundaciones y temblores

Cuando pasará

Las placas tectónicas se mueven a velocidades mínimas, hablamos de milímetros o centímetros por año, y se espera que la separación completa del continente y la consiguiente formación de una cuenca oceánica tarde decenas de millones de años.

Por ejemplo, estimaciones recientes de geólogos sitúan en entre 5 y 10 millones de años el tiempo aproximado necesario para que se abra un espacio lo suficientemente grande como para que el océano comience a llenar el valle de ruptura, similar al modo en que se formó el Mar Rojo hace millones de años.

¿Un océano o solo una grieta?

Es importante distinguir entre la grieta actualmente visible y un océano propiamente dicho. La grieta que atraviesa la región en kilómetros es la fase inicial de un posible futuro océano, pero todavía no hay agua salada atravesando el continente. Ese océano solo podría formarse cuando la corteza se dilate lo suficiente y el nivel del mar colapse en la zona de ruptura, algo que no ocurrirá en un futuro cercano desde la perspectiva humana.

Además, aunque algunos modelos sugieren que toda la placa somalí podría eventualmente separarse para formar un nuevo cuerpo de agua entre dos continentes, otros escenarios plantean divisiones parciales o incluso la posibilidad de que el proceso se detenga antes de completarse. 

Un fenómeno ya conocido

Este tipo de ruptura continental no es una novedad en la historia geológica de la Tierra. El océano Atlántico se originó hace más de 200 millones de años por un proceso similar cuando África y Sudamérica se separaron. A través de técnicas modernas, los científicos pueden seguir de cerca el cambio de las placas tectónicas y la evolución de las grietas a lo largo del tiempo. 

En el caso de África Oriental, la presencia de volcanes activos y sismicidad en la región del Rift son pruebas adicionales de que la corteza se encuentra bajo tensión. Estas características geológicas no son repentinas, sino una actividad gradual y prolongada de la dinámica terrestre. 

¿Qué podría significar esto para el planeta? 

Aunque este proceso tenga implicaciones a enorme escala temporal, no representa una amenaza inmediata para las vidas humanas ni una fractura súbita del continente en dos. Sin embargo, sí ofrece oportunidades únicas para estudiar la tectónica activa y comprender mejor cómo se forman los océanos. 

También podría tener efectos indirectos en la futura geografía, como dar acceso al mar a regiones que hoy son interiores, reconfigurar cuencas hidrográficas o cambiar patrones de vulcanismo y terremotos. 

Entender correctamente que este fenómeno es un proceso lento y continuo nos ayuda a apreciar la escala de tiempo geológica en la que se mueven los continentes y a valorar las herramientas científicas que revelan secretos de la historia profunda de la Tierra. 

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