En 2023, casi como una visión o un presagio, la banda murciana Arde Bogotá hablaba en su canción Exoplaneta de huir de la Tierra y fundar una nueva Cartagena en otro sistema solar para escapar de la ansiedad, los problemas y un futuro incierto. Lo que pocos imaginaban entonces es que, apenas tres años después, la astronomía iba a señalar un candidato real que encaja de forma inquietante con ese sueño: HD 137010 b, un planeta del tamaño de la Tierra descubierto en antiguos datos del telescopio Kepler de la NASA.
No es ciencia ficción. Tampoco es un refugio listo para habitar. Pero sí es uno de los mundos más parecidos al nuestro que la ciencia ha encontrado hasta ahora.
Un planeta del tamaño de la Tierra… a “solo” 150 años luz
HD 137010 b se encuentra a 146–150 años luz de nuestro sistema solar, una distancia que en términos galácticos es relativamente corta. Orbita una estrella similar al Sol —una enana K, algo más fría y tenue— y tiene unas dimensiones que llaman la atención incluso entre los astrónomos más escépticos.
El planeta es apenas un 6 % más grande que la Tierra, lo que sugiere que podría ser rocoso, con una gravedad comparable a la nuestra. Pero el dato que más ha sorprendido es otro: tarda 355 días en completar una órbita alrededor de su estrella. Un “año” casi idéntico al terrestre, algo muy poco común entre los exoplanetas conocidos.
Un gemelo… pero con clima marciano
Aquí llega el primer choque con la realidad. Aunque la órbita y el tamaño recuerdan a la Tierra, la estrella que ilumina HD 137010 b es más fría y menos luminosa que el Sol. Como consecuencia, el planeta recibe menos de un tercio de la energía que llega a nuestro mundo.
Las estimaciones actuales sitúan su temperatura superficial media en torno a los –68 / –70 ºC, muy similar a la de Marte. Es decir: días casi iguales a los nuestros, pero con paisajes probablemente cubiertos de hielo permanente.
¿Puede ser habitable un mundo tan frío?
Aquí está la parte que ha encendido la curiosidad científica. Los modelos indican que HD 137010 b tiene entre un 40 % y un 50 % de probabilidades de encontrarse dentro de la zona habitable de su estrella, dependiendo de cómo se defina esa franja y, sobre todo, de su atmósfera.
Con una atmósfera rica en dióxido de carbono, el efecto invernadero podría elevar la temperatura y permitir la existencia de agua líquida.
Sin ella, el planeta podría ser una “superbola de nieve”: un mundo rocoso completamente helado, con océanos líquidos atrapados bajo kilómetros de hielo.
No sería un paraíso. Pero tampoco un planeta muerto sin opciones.
Más cerca de lo que parece… pero imposible de visitar
En astronomía, 150 años luz es poco. De hecho, HD 137010 b es uno de los planetas de tamaño terrestre en zona habitable más cercanos descubiertos alrededor de una estrella parecida al Sol.
Aun así, la realidad es menos poética: con la tecnología actual tardaríamos decenas de miles de años en llegar. Incluso viajando a velocidades impensables hoy, sería un trayecto de ida para muchas generaciones. Por ahora, es un destino para telescopios, no para humanos.
Un descubrimiento con historia humana
El planeta fue detectado en datos recogidos en 2017 por la misión K2 del telescopio espacial Kepler, pero pasó desapercibido durante años. ¿La razón? Solo se observó un único tránsito del planeta frente a su estrella, cuando el estándar científico exige al menos tres para confirmar un exoplaneta.
La señal fue recuperada por científicos ciudadanos del proyecto Planet Hunters. Entre ellos estaba Alexander Venner, que comenzó a colaborar cuando aún estaba en el instituto. Años después, ya como investigador, volvió a revisar esos datos olvidados y desenterró uno de los candidatos más prometedores descubiertos en la última década.
El planeta que todos quieren observar ahora
La gran ventaja de HD 137010 b es que su estrella es brillante y relativamente cercana, lo que lo convierte en un objetivo ideal para futuras observaciones. Telescopios espaciales como TESS, que rastrea miles de estrellas cercanas en busca de planetas que las crucen periódicamente; CHEOPS, especializado en medir con gran precisión el tamaño y la densidad de exoplanetas ya conocidos; o el futuro PLATO, diseñado específicamente para encontrar mundos similares a la Tierra alrededor de estrellas como el Sol, podrían confirmar nuevos tránsitos de HD 137010 b y, con el tiempo, empezar a estudiar su atmósfera en busca de pistas sobre su composición y su posible habitabilidad.
Si se detectaran ciertos gases —o combinaciones químicas inusuales—, este planeta podría convertirse en uno de los primeros lugares donde buscar algo más que roca y hielo: indicios de procesos compatibles con la vida.
HD 137010 b no es ese exoplaneta idílico donde huir de la ansiedad y empezar de cero. Probablemente, sea frío, hostil y silencioso. Pero también representa algo poderoso: la prueba de que la idea no es solo ficción.







