A veces se escucha un maullido, pero no se ve nada. Otras, ni siquiera eso. El silencio no siempre significa que no haya nadie. En invierno, muchos gatos se esconden tan agazapados —y tan asustados— dentro de los coches que no se mueven ni emiten un solo sonido. Y ahí está el peligro: arrancar confiando en que “no pasa nada”. Por eso la Policía Nacional insiste en un gesto previo que puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
El coche, un refugio mortal en los días de frío
Cuando bajan las temperaturas, los animales buscan calor donde pueden. Un coche aparcado, apagado y aún templado se convierte en el escondite perfecto. Los gatos pueden colarse en el motor, el chasis o el hueco de las ruedas, lugares invisibles desde fuera. El problema es que, una vez dentro, el miedo los paraliza: no salen, no se mueven y no hacen ruido.
Arrancar en ese momento puede provocar lesiones gravísimas o la muerte, sin que el conductor llegue siquiera a darse cuenta de lo que ha pasado.
“Toc, toc”: el aviso que puede salvar una vida
El consejo policial es tan sencillo como eficaz:
- Da dos golpes suaves en el capó antes de arrancar
- Mira rápidamente bajo el coche
- Escucha si hay algún movimiento
Ese pequeño “toc, toc” puede ser suficiente para que el animal huya a tiempo. Son segundos, pero pueden evitar una tragedia silenciosa.
Porque confiar solo en el oído puede ser engañoso. Muchas personas piensan que, si hubiera un gato dentro del coche, lo notarían enseguida: un maullido, un movimiento, cualquier señal clara antes de arrancar. La realidad es que, en la mayoría de los casos, esa señal no llega. El frío intenso y el miedo hacen que el animal adopte una actitud defensiva: se queda completamente inmóvil, en silencio, tratando de pasar desapercibido para protegerse. No huye porque no puede, y no se mueve porque el instinto le dice que hacerlo es aún más peligroso.
A esto se suma que algunos gatos quedan tan encajados en el motor, el chasis o los huecos del vehículo que, aunque quisieran, no pueden salir por sí solos. Están atrapados en espacios estrechos, sin posibilidad de reaccionar cuando el coche arranca. Desde fuera, no hay ningún indicio visible de que estén ahí.
Además, el entorno juega en contra. El ruido ambiental de la calle, el tráfico, otros coches arrancando o incluso la radio encendida pueden tapar cualquier sonido débil que el animal llegue a emitir. Por eso, el silencio nunca es una garantía de seguridad. No oír nada no significa que no haya nadie: significa, muchas veces, que el gato está demasiado asustado —o demasiado atrapado— como para hacerse notar.
Un gesto mínimo que dice mucho
No es una cuestión de ser amante de los animales ni de tener mascota. Es conciencia y prevención. Incorporar este gesto a la rutina diaria —igual que ponerse el cinturón— puede evitar un sufrimiento innecesario.






