Tras permanecer siglos sumergido en el puerto oriental de Alejandría, un conjunto de enormes bloques del Faro de Alejandría, una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo, ha sido recuperado por arqueólogos y buzos especializados.
El hallazgo, fruto de décadas de investigación y esfuerzos técnicos, permite por primera vez reconstruir digitalmente la estructura que orientó y protegió a generaciones de navegantes en el Mediterráneo.
La joya del pasado resurge
Durante más de 1.600 años, los restos del Faro de Alejandría reposaron ocultos bajo las aguas del mar Mediterráneo, olvidados tras siglos de destrucción por terremotos y el paso inexorable del tiempo. Situado originalmente en la isla de Faro, frente a la ciudad portuaria egipcia, esta colosal torre superaba los 100 metros de altura y fue construida entre los años 284 y 246 a.C. bajo la dinastía ptolemaica.
Concebido para guiar a las embarcaciones hacia uno de los puertos más activos del mundo antiguo, el faro combinaba excelencia ingenieril con funcionalidad, una gran hoguera iluminaba el camino para los marineros, mientras su imponente perfil se alzaba como símbolo del poder y la prosperidad de Alejandría.
Sin embargo, sucesivos terremotos entre los siglos X y XIV acabaron desmoronando la estructura. Aunque parte de sus piedras fue reutilizada siglos más tarde en la construcción de la ciudadela de Qaitbay en 1480, muchas de sus secciones quedaron para siempre bajo el agua.
El proyecto PHAROS
El descubrimiento actual forma parte del ambicioso proyecto internacional PHAROS, una iniciativa que une a investigadores del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS) de Francia, el Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto y la Fundación Dassault Systèmes.
Desde hace más de 30 años, equipos de buzos y arqueólogos han explorado sistemáticamente el emplazamiento sumergido del faro. Utilizando tecnología de escaneo submarino de alta precisión, localizaron y documentaron miles de fragmentos, aunque los bloques recientemente recuperados, algunos de entre 70 y 80 toneladas, destacan por su monumentalidad y su valor arquitectónico.
La extracción de estas piezas no es solo una operación física compleja, sino un paso decisivo para la reconstrucción digital del faro entero. Cada bloque está siendo escaneado con técnicas de última generación para obtener modelos tridimensionales que permitan ensamblar virtualmente la estructura tal y como se concebía en el pasado.
Fragmentos que cuentan una historia
Entre los elementos recuperados se encuentran dinteles, jambas, umbrales y losas de pavimento que formaban parte de la entrada monumental del faro, así como otros bloques que revelan detalles constructivos únicos de la época helenística.
La arquitectura del faro combinaba influencias egipcias y griegas, reflejando la mezcla cultural de Alejandría, capital del conocimiento en la Antigüedad. Su diseño inicial se atribuye al arquitecto griego Sóstrato de Cnido, quien ideó esta obra monumental por encargo de los gobernantes ptolemaicos, que querían mostrar al mundo la grandeza de su reino.
Este proceso permitirá no solo visualizar el faro en todo su esplendor, sino entender mejor cómo se construyó, cómo funcionaba y por qué fue tan duradero durante más de mil años.
Implicaciones para la arqueología y la historia
El rescate del Faro de Alejandría supone una de las contribuciones más significativas al estudio del mundo antiguo en décadas. No solo porque recupera material tangible de una de las estructuras más emblemáticas de la historia, sino porque abre nuevas posibilidades metodológicas para la arqueología subacuática.
En particular, la utilización conjunta de robótica marítima, escaneo digital en 3D y reconstrucción virtual podría marcar un antes y un después en la manera de estudiar y presentar monumentos que ya no existen físicamente. Esta fusión de disciplinas ayuda a sortear los límites que la destrucción material ha impuesto a la memoria histórica.
Además, el faro no era solo un edificio funcional, era un símbolo de la ingeniería humana y de la interacción entre culturas mediterráneas. Reconstituirlo digitalmente permitirá a estudiosos, estudiantes y al público general “visitar” este icono perdido de la antigüedad desde cualquier lugar del mundo.




