Las costas de Luarca (Asturias) amanecieron hace unos días con un huésped inesperado. No era un pez cualquiera, ni siquiera un tiburón “habitual”, sino un tiburón foca (Centroscymnus coelolepis), una especie que pasa su vida en la oscuridad absoluta del océano, a profundidades imposibles para el ser humano. Hay registros que sitúan a este animal por encima de los 3.600 metros, en un entorno donde la presión y la falta total de luz harían inviable cualquier inmersión humana sin tecnología extrema.
Por eso, su aparición en una playa asturiana ha llamado la atención no solo por lo excepcional del hallazgo, sino por lo que revela sobre una de las especies más desconocidas del océano profundo.
Un visitante llegado desde la “negritud” del océano
El ejemplar encontrado medía 1,45 metros y pesaba 18 kilos, una talla superior a la media conocida. Según explica Luis Laria, director de la CEPESMA, se trata de un animal que vive normalmente a varias millas de la costa y a profundidades extremas, lo que convierte cada varamiento en una oportunidad científica muy poco frecuente.
Los expertos lo definen como un auténtico “señor de la negritud”, un depredador diseñado evolutivamente para sobrevivir, cazar y reproducirse donde prácticamente no existe la luz.
El tiburón que puede “tumbarse” en el fondo marino
Una de las adaptaciones más sorprendentes del tiburón foca es que no necesita nadar continuamente para respirar. A diferencia de la mayoría de tiburones, posee espiráculos en la cabeza que le permiten bombear agua hacia las branquias sin abrir la boca.
Gracias a ello, puede posarse en el fondo marino y permanecer inmóvil durante largos periodos, sin levantar sedimentos. Su vientre plano, su cuerpo robusto y su color oscuro están perfectamente adaptados a una vida en la penumbra y la quietud del fondo oceánico.
Ver en la oscuridad total: su arma secreta
Aunque vive donde casi no hay luz, el tiburón foca es un cazador visual altamente especializado. Sus ojos están diseñados para captar la mínima luminosidad existente y amplificarla mediante estructuras internas que actúan como un espejo natural.
Esta capacidad le permite detectar presas bioluminiscentes, sobre todo cefalópodos como ciertos calamares de aguas profundas. De hecho, más del 70 % de su dieta está compuesta por estos animales luminosos, lo que lo convierte en uno de los grandes depredadores de un mundo donde la oscuridad es casi total.
El hallazgo más impactante: estaba embarazada
La mayor sorpresa llegó durante la necropsia. En el interior del animal se encontraron 12 huevos con embriones en formación, cada uno de unos 7 centímetros de diámetro, aproximadamente el tamaño de una pelota de tenis, además de otros huevos que no llegaron a desarrollarse.
El tiburón foca es ovovivíparo: produce huevos, pero estos permanecen dentro del cuerpo de la madre hasta que los embriones están completamente desarrollados. Las crías nacen vivas tras eclosionar en el interior materno, un proceso lento y extremadamente vulnerable.
Un hígado descomunal… y una pista clave de su declive
Otro dato que parece casi irreal es el tamaño de su hígado: 5 kilos, lo que representa el 27,8 % de su peso corporal. Esta característica explica por qué durante décadas la especie fue objeto de una intensa explotación pesquera, ya que su hígado es rico en aceites y ácidos grasos.
Esa presión humana hizo que una especie antaño común se volviera cada vez más rara. Hoy, el tiburón foca figura en la Lista Roja de la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza ) como “casi amenazado”, y sus poblaciones europeas están consideradas en peligro.
¿Por qué murió esta hembra de las profundidades?
La necropsia permitió reconstruir sus últimos momentos. El equipo halló restos de sangre en la boca y el estómago, además de una rasgadura de 3,5 centímetros en el esófago, compatible con una captura accidental.
Según explicó Laria a National Geographic España, “Las heridas coinciden con las que se producirían durante una captura accidental. Por ello, nuestro diagnóstico definitivo es que el ejemplar tragó un anzuelo, posiblemente de pesca de palangre y, al notar el empujón se revolvió violentamente y logró zafarse. Sin embargo, al salir, el anzuelo rasgó de 3,5 cm de su esófago y la consecuente hemorragia debilitó al animal hasta que varó y falleció.”
Una joya del océano profundo que aún conocemos muy poco
El tiburón foca no impresiona por su aspecto ni por su tamaño, pero es uno de los animales más extraordinarios del océano profundo. Su aparición en Luarca no solo ha despertado curiosidad: también recuerda cuánto queda por conocer de las profundidades marinas y lo vulnerables que son las especies que viven lejos de nuestra vista.
Para la ciencia, este varamiento excepcional aporta datos valiosos sobre su biología, su reproducción y las amenazas que sigue afrontando un habitante silencioso de las zonas más oscuras del planeta.














