En Villamanín, el tiempo corre más rápido que en el resto de la montaña leonesa. El dinero del Gordo de la Lotería de Navidad ya está ingresado, pero la alegría sigue contenida por un plazo legal que marca el desenlace. La fecha está señalada en rojo: el 22 de marzo. Ese día, a las doce de la noche, caducará el derecho a reclamar las participaciones y este pueblo de apenas 921 habitantes, situado en el vértice norte de la montaña central leonesa, a 46 kilómetros de la ciudad de León y camino del puerto de Pajares, pondrá fin, para bien o para mal, a una odisea que se ha prolongado durante meses.
Lo que comenzó como un sueño histórico terminó convirtiéndose en un rompecabezas legal, vecinal y emocional, con reuniones tensas, abogados y decisiones difíciles. Ahora, con el dinero ya en la cuenta y el calendario avanzando sin tregua, Villamanín afronta su fase más decisiva: la última oportunidad para que los agraciados puedan cobrar el premio y cerrar, por fin, una historia que ha acabado convirtiéndose en agridulce.
Las cifras del Gordo millonario
Durante semanas se habló de un premio de 36 millones de euros, pero la comisión de fiestas ha aclarado finalmente la cifra real: el importe neto ingresado asciende a 26.568.000 euros, correspondientes a 81 décimos, una vez aplicada la retención fiscal. Cada décimo equivale a 328.000 euros netos, y cada papeleta premiada, a unos 80.000 euros brutos antes de impuestos.
El problema estalló cuando se descubrió que un taco de papeletas no estaba respaldado por los décimos oficiales, lo que dejó a decenas de vecinos sin posibilidad directa de cobrar. Desde entonces, la comisión ha intentado articular una salida que permita repartir el premio sin abrir una guerra judicial que podría alargarse durante años.
La plataforma clave para poder cobrar
El paso más importante llega ahora. En los próximos días se habilitará una plataforma web obligatoria en la que todos los poseedores de papeletas deberán registrarse si quieren reclamar el premio. No hacerlo supondrá perder el derecho al cobro.
El registro exigirá foto de la papeleta y firma del portador, con un sistema diseñado —según la comisión— para evitar duplicidades y fraudes. Para quienes no puedan hacerlo por medios digitales, se habilitarán fechas de registro presencial tanto en Villamanín como en la ciudad de León, pensando especialmente en los vecinos de mayor edad.
El plazo es claro: hasta el 22 de marzo a las 24:00 horas. Después, el derecho caduca.
Dos caminos, una decisión
La plataforma ofrecerá dos opciones, y de la elección de cada premiado dependerá la rapidez —o el bloqueo— del proceso.
- Sí al convenio: supone aceptar el acuerdo aprobado en la asamblea del 26 de diciembre, con una quita provisional del 10% del premio individual (unos 8.000 euros brutos por papeleta) para poder redistribuir el dinero y evitar pleitos.
- No al convenio: implica reclamar el importe íntegro por la vía que considere el premiado, asumiendo posibles litigios, costes inciertos y plazos mucho más largos, además de afectar al calendario de pagos del resto.
La comisión insiste en que el cobro de quienes acepten el acuerdo solo podrá iniciarse cuando el registro esté cerrado y todas las solicitudes comprobadas, y advierte de que un elevado número de no adhesiones podría retrasarlo todo.
Un pueblo pendiente del reloj
Villamanín, con una superficie cercana a los 176 kilómetros cuadrados, vive estos meses con una mezcla de alivio, cansancio y prudencia. El dinero está en la cuenta. El procedimiento está definido. Pero el desenlace aún no está garantizado, ya que se desconoce si todos los premiados aceptaran el convenio.
La comisión, asesorada por un despacho de abogados madrileño desde el inicio, insiste en que esta fórmula es la más rápida, viable y transparente para evitar un conflicto judicial que podría dividir al pueblo durante años. Por eso, pide a los premiados que se posicionen cuanto antes: cuanto antes termine el registro, antes se sabrá cuándo se puede cobrar.
En Villamanín ya no se habla solo del Gordo. Se habla del tiempoo mejor dicho, del calendario. Porque el final está cada vez más cerca… y el reloj no se detiene.






