No hay tablero, no hay fichas, cartas ni dados. Solo personas, palabras y miradas sospechosas. El Impostor, una dinámica de juego basada en deducir quién no conoce una palabra secreta, ha emergido en España como el entretenimiento favorito de estas Navidades, convirtiéndose en el tema de miles de vídeos en redes y llenando de risas, acusaciones y debates cenas y sobremesas familiares.
El auge de un “no juego”
Lo que comenzó como una actividad informal entre grupos de amigos ha trascendido hasta convertirse en un fenómeno social. Técnicamente, El Impostor no es un juego de mesa tradicional, no requiere caja ni componentes físicos, y sus reglas se explican en unos pocos segundos. Aun así, esta simplicidad ha sido precisamente su fuerza.
La mecánica del juego se basa en que no todos los participantes saben lo mismo. A cada jugador se le asigna en secreto una palabra que todos conocen excepto uno, el impostor. Su reto es fingir que sabe de qué se habla mientras el resto, a través de las palabras que van diciendo, intentan descubrir quién es el único que está fuera del secreto.
Cómo se juega
El corazón de El Impostor es la conversación. Los participantes, por turnos, dicen una pista relacionada con la palabra secreta sin pronunciarla directamente. Luego todos debaten y votan para descubrir quién es el impostor. Si el impostor no es descubierto, sobrevive y gana la ronda, así hasta descartar a todos los jugadores o encontrar al impostor.
Este formato sencillo ha provocado que el juego se extienda rápidamente, con solo una app en un teléfono móvil o incluso improvisando con papel y un moderador, los grupos pueden jugar varias rondas en pocos minutos.
La accesibilidad es infinita ya que puedes incluso jugar sin necesidad de descargar nada, ni comprar un producto específico. Esto ha hecho que incluso personas que nunca juegan a juegos de mesa tradicionales se unan con entusiasmo a esta nueva moda.
¿Por qué ahora y por qué tanto?
El éxito de El Impostor no es solo cuestión de facilidad. Su viralización está fuertemente impulsada por plataformas como TikTok, donde usuarios comparten sus partidas, momentos de tensión y humor al intentar desenmascarar al impostor en familia o con amigos. Estos vídeos han servido como tutorial visual y han derribado la barrera inicial de explicación de reglas, alentando a más personas a probarlo en sus reuniones.
Además, la mecánica recuerda a clásicos de roles ocultos como Mafia o Pueblo Duerme, juegos en los que la sospecha y la deducción social son claves, pero El Impostor simplifica al máximo esa experiencia con menos pasos, menos materiales y más conversación directa.
El impacto más allá de España
Aunque la explosión mediática ha sido especialmente notable en España estas fiestas, el formato del juego no es nuevo y existía con variantes en otros países. Versiones digitales y comunitarias similares llevan circulando desde hace tiempo en foros y sitios web, ofreciendo experiencias parecidas con diferentes nombres y adaptaciones.
Las apps que automatizan la asignación de roles y palabras han visto también un aumento significativo en descargas, con títulos en tiendas digitales que adaptan esta mecánica a entornos móviles y ofrecen modos temáticos, categorías variadas de palabras o incluso la posibilidad de cambiar el número de impostores.
Del móvil a la sobremesa
El auge de El Impostor ha provocado que muchas personas redescubran el valor de los juegos de mesa sociales y de palabras. Algunas tiendas han señalado un incremento en el interés por títulos de deducción social similares, como alternativas más estructuradas para quienes desean una experiencia física más tradicional, pero con esa chispa de sospecha y diálogo.
Además, comparado con juegos populares como Dixit, que también se basa en pistas y asociaciones de palabras pero con cartas ilustradas, El Impostor destaca por su ausencia de artefactos y su enfoque puramente conversacional.
Triunfo entre todas las generaciones
Jugadores de todas las edades han compartido que uno de los aspectos más divertidos del fenómeno es ver a personas mayores enfrentarse a la dinámica de sospechas y acusaciones, dando lugar a situaciones impensables en otros contextos. La inversión inesperada de roles, con abuelos siendo más convincentes que adolescentes, es una de las anécdotas más repetidas en redes.
Para muchos, El Impostor ha sido más que entretenimiento, ha servido como puente intergeneracional en reuniones familiares, rompiendo silencios y generando momentos memorables alrededor de la mesa.





