Desde pequeños hemos escuchado advertencias como “no salgas con el pelo mojado o te vas a resfriar”, pero la evidencia científica acumulada demuestra que esa relación causal nunca existió.
Especialistas en salud explican que los virus, no el frío ni la humedad, son los verdaderos responsables de las enfermedades respiratorias.
Un mito muy arraigado
Durante décadas, generaciones han transmitido el consejo de secarse bien el cabello antes de enfrentar las bajas temperaturas invernales. Para muchos, la idea de que el pelo mojado “atrae” resfriados o gripes es tan familiar como difícil de cuestionar. Sin embargo, la ciencia médica moderna ha desmentido repetidamente esta creencia popular.
Los virus responsables de los resfriados, como los rinovirus, sólo pueden causar infección si penetran en el organismo y superan sus defensas. El frío por sí solo no genera estos patógenos ni facilita su aparición espontánea en el cuerpo humano.
¿Qué causa realmente los resfriados?
Enfermarse de un resfriado o de gripe implica exposición a un agente biológico, un virus que entra en contacto con nuestras mucosas a través de gotículas respiratorias o superficies contaminadas. Estos organismos microscópicos necesitan un huésped para reproducirse y causar síntomas como tos, congestión y fiebre.
La idea de que el frío debilita directamente el sistema inmunitario o que el pelo mojado crea “oportunidades” para virus no se sostiene sin evidencia de exposición viral real. Según expertos, el aumento de casos en invierno se explica mejor por factores como el aumento de la convivencia en espacios cerrados, con poca ventilación, y la mayor estabilidad de ciertos virus en aire frío y seco.
Por qué asociamos frío y enfermedades
Aunque el frío no causa infecciones por sí mismo, el contexto invernal sí favorece la propagación de virus. Cuando las temperaturas bajan, tendemos a pasar más tiempo en interiores y más cerca de otras personas, lo que facilita la transmisión de microorganismos. Además, el aire frío y seco puede resecar las mucosas nasales, que son una primera barrera defensiva contra patógenos, reduciendo su eficacia protectora.
Esta combinación de factores ha reforzado la percepción popular de que frío y enfermedades van de la mano, y que elementos como el pelo mojado tienen un papel directo en enfermar. No obstante, los especialistas insisten en que es la presencia del virus y no la temperatura o la humedad capilar lo que provoca la infección.
El papel de la incomodidad térmica
Es verdad que salir con el pelo mojado en invierno puede resultar incómodo, la evaporación del agua de la cabeza extrae calor, lo que puede hacer que la persona sienta más frío. Esta sensación de destemplanza puede llevar incluso a dolores de cabeza o malestar general, pero no implica un proceso infeccioso.
La pérdida de calor por el cabello húmedo es un fenómeno físico que afecta principalmente a la superficie de la piel, lejos de provocar infecciones, lo que hace es simplemente bajar la temperatura percibida por la persona, algo que muchas culturas tradicionales han interpretado erróneamente como causa de enfermedad.
Consejos reales para prevenir resfriados
Si lo que se quiere es reducir la probabilidad de enfermar en invierno, los médicos recomiendan medidas basadas en la verdadera forma de transmisión viral:
- Lavarse las manos con frecuencia
- Evitar el contacto cercano con personas enfermas
- Ventilar los espacios interiores
- Mantener una buena higiene respiratoria
Vacunarse contra la gripe y otras enfermedades respiratorias también es una estrategia efectiva para disminuir el riesgo de infección. Estas medidas tienen un soporte científico claro, a diferencia del consejo tradicional de secarse el cabello para “no resfriarse”.
La evidencia clínica y epidemiológica demuestra que los virus son los únicos responsables directos de las infecciones respiratorias y que factores ambientales y comportamentales explican mejor los patrones estacionales de enfermedad. Así que la próxima vez que escuches un consejo sobre evitar salir con el pelo húmedo para no enfermar, puedes sonreír y saber que la ciencia ya lo ha desmontado.




