El séptimo arte español despide este último día de agosto a uno de sus primordiales representantes. Tal y como ha confirmado este lunes 31 la Acadèmia del Cinema Català, Francesc Garrido —conocido por sus papeles en importantes producciones como Mar adentro, Te doy mis ojos, Smoking Room o El tiempo entre costuras— ha fallecido a sus 56 años. Con más de tres décadas de trayectoria en la actuación, donde comenzó su carrera en el año 1990 sobre las tablas, el intérprete, a pesar de haber sido uno de los mayores actores de nuestro cine, siempre ha mantenido su lado más personal alejado del foco mediático.
Por el momento, se desconocen los motivos que han causado su muerte, tal y como indica el diario El País. Su repentino fallecimiento llega tras 35 años de trayectoria, con una imborrable consolidación tanto a nivel nacional como internacional en el séptimo arte, corroborada por grandes títulos como Alatriste, Sé quien eres, Isabel o Clanes, entre otros proyectos, a los que se sumarán con un estreno póstumo Sira —la secuela de El tiempo entre costuras—, o Todo lo necesario, que llegará a la pequeña pantalla el próximo año.
Su lado personal más desconocido
A pesar de ser uno de los grandes nombres del cine español, Francesc siempre ha apostado por una vida discreta separada de su —cada vez mayor— reconocimiento laboral. Hace unos años, el intérprete rompía su regla de oro para desvelar, durante una conversación con la revista Diez Minutos, que tenía una hija, confirmando que se consideraba a sí mismo un padre "mimoso y consentidor", siendo esta la única vez que hacía una mención en público a su lado más familiar
Además, en esa misma entrevista, el que fuera protagonista de grandes ficciones como Jaguar o Clanes confirmaba que su pasión por la actuación viene de familia y, concretamente, ha sido un rasgo heredado de su padre, a quien perdía cuando él era un niño. "Murió cuando yo tenía diez años", confesaba, desvelando que "me llevaba todos los domingos a la sesión doble de cine del barrio de Barcelona donde vivíamos".
Una de sus favoritas y, en sus palabras, la que le "impactó especialmente" fue "La hija de Ryan, con Robert Mitchum". En unas palabras repletas de sinceridad, Francesc apostillaba que "el cine era mi refugio", y las tardes con su padre disfrutando del séptimo arte son "el recuerdo más bestia que tengo de mi infancia".
Con los años, otro importante refugio para el intérprete fue Gelida, su pueblo, situado en la comarca barcelonesa de Alt Penedès. Además, es un apasionado de la gastronomía, tal y como ha confesado en incontables ocasiones, y trabajó con su tío en un restaurante de la Ciudad Condal los fines de semana durante años.
Una impecable trayectoria
A pesar de que su carrera comenzara sobre las tablas, su salto a la fama llegó de la mano de Estació d'enllaç, una ficción semanal de TV-3. A raíz de este proyecto, su talento resultó innegable y, poco a poco, acaparó grandes producciones, filmes y obras de teatro con las que cautivó a los cinéfilos recogidos dentro y fuera de nuestras fronteras.
Francesc era uno de esos actores que, más que comprometido con su profesión, estaba comprometido con el arte. Para él, era de suma importancia que los proyectos que realizase tuvieran coherencia y estuvieran cuidados. "Ahora me mueven los mismos motores que me movían entonces, que son los de estar comprometido, siempre que pueda, en el mayor grado posible, con proyectos que para mí sean interesantes y estén ligado en lo máximo a lo artístico", aseguraba ante Gatrópolis hace un par de años. "A veces no es posible. Intento hacer buena televisión, cuesta más hacerla, pero he tenido la suerte de coger proyectos buenos con gente interesante", confesaba.







