“Quiero ser diseñador”, esas fueron las palabras —entre las pocas que lograba conjugar a tan temprana edad— que Max (2016) le confió a su madre, Sherri Madison, cuando apenas comenzaba a descubrir el mundo. A los cinco años, mientras otros niños jugaban a la rayuela o intercambiaban cromos, Max ya sostenía entre sus manos su primera colección de prendas. A los siete, debutó en la Semana de la Moda de Denver, donde presentó vestidos de alta costura, hechos a medida, bajo su firma homónima Couture to the Max; un hito que le valió el Récord Mundial Guinness como el diseñador de pasarela más joven. Hoy, con casi diez años, se prepara para debutar en la Paris Fashion Week, el próximo 3 de marzo, en el histórico Palais Garnier. Conversamos con él para descubrir cómo vive los preparativos y esas primeras veces que, aunque contenidos por un profesionalismo inusual, siguen perteneciendo —inevitablemente— a un niño de su edad.
“No estoy nervioso; nunca me pongo”, confiesa Max. “Me concentro en hacer un show hermoso”. Habla con la naturalidad de un niño, aunque sus palabras revelan una madurez que impacta. En su estudio —un espacio, en el ático de su casa, donde conviven bocetos, retazos de tul y maniquíes— Max prepara su debut parisino con una meticulosidad casi ritual.
“Mi mamá me ayuda con algo de costura y acabo de contratar a un sastre de medio tiempo, Oscar”, explica. “Me he inspirado en mi entorno, en los viajes y en la playa, en las flores y la primavera y, sobre todo, en la idea de rescatar telas destinadas al vertedero”, dicta desde la concienciación.
“Cada vestido tiene un nombre y una historia”, dice, además “saldré a saludar solo después de mis modelos”. “Quiero que acaben todos los asistentes felices”, añade. No es casual que el desfile se realice en el Palais Garnier, un lugar donde la moda y el espectáculo se funden en un mismo gesto. “Estoy muy emocionado, se ve hermoso. Yo pude elegir la música y ayudaré a escoger a las modelos para cada vestido”, añade.
No es un precedente, ya que otros grandes vieron en el Palais Garnier un escenario perfecto para la moda, desde 1998 cuando John Galliano presentó su Alta Costura de Dior con modelos descendiendo por la escalinata en una puesta en escena inspirada en la ópera, hasta la reciente colección de Chanel Otoño-Invierno 2024/25, un homenaje a Gabrielle Chanel, quien diseñó el vestuario de los ballets Le Train Bleu (1924) y Apollon Musagète (1928), donde tutús y detalles Pierrot fusionaron ballet, teatro y moda en cada vestido.
La propia Sharon Stone, amante de la moda, descubrió su trabajo y le encargó uno de sus 'bestsellers': un abrigo blanco con alas bordadas en la espalda. Max tenía entonces seis años, y la relación entre ambos se ha ido consolidando con el tiempo
Max parece comprender —pese a su corta edad— que la moda no va solo de prendas, sino de relatos tejidos entre hilos y telas; de emociones que encuentran forma en la costura. “Es mi arte, no un juego”, afirma con una convicción que sorprende, casi como si en su interior habitara un adulto curtido por la experiencia.
Y no es casualidad. Dos años después de que Max comenzara su camino creativo, su familia descubrió que, en 1920, su bisabuelo Jack llegó a Montreal con apenas cinco dólares en el bolsillo. Patronista de oficio, acabaría convirtiéndose en propietario de más de cuarenta boutiques de vestidos. Lo revelador es que Max nunca creció viendo diseñadores en la televisión ni hojeando revistas de moda: simplemente lo supo. Siempre lo supo. Lo lleva dentro, lo lleva en la sangre. “Ya he visto un retrato de él; su historia me inspira a seguir adelante”, confiesa.
Pero no todo ha sido coser y cantar (en el sentido menos figurado) Max también ha batallado con complicaciones de última hora. Los estándares de la pista de París requieren proporciones muy específicas, con las que nunca antes se había familiarizado. Medidas pequeñas, impuestas y estrictamente reglamentarias para ese tipo de ‘show’. Y, pese a contar con todos los maniquíes habidos y por haber, uno de la talla 0 aún no había sido parte de su dominio. “Es lo más pequeño que he diseñado. La cintura es de 23 pulgadas… son del mismo tamaño que yo”, comenta.
Pero como en la vida, todo esfuerzo tiene su recompensa y especialmente valioso es quien te tiende la mano desde el principio. Así le sucedió con la actriz Sharon Stone, quien, tras descubrir apenas unas pinceladas del talento de este joven prodigio, no dudó en ponerse en contacto con él para encargarle un abrigo único.
El diseñador comparte sus creaciones a través de su cuenta de Instagram, 'Couture to the Max', que ya acumula 5,5 millones de seguidores
A partir de ese momento, la relación entre ellos se estrechó y los encargos no tardaron en multiplicarse. Debra Messing, actriz de películas como El día de la boda (2006), no tardó en también mostrarle su apoyo. Tanto, que incluso puede que llegue a desplazarse el día del desfile a la ciudad de la moda, con tal de demostrar todo su afecto a Max. Sin lugar a dudas, quien sí o sí estará, será la madrina de la moda de Max, Fern Mallis.
Y es que Max ya se mueve como pez en el agua dentro de estructuras con pasarelas interiores. A su corta edad, los paseos al parque, se convierten en paseos hacia los front row. “Ya he asistido a los desfiles de Christian Siriano, de Stéphane Rolland, de Pamella Roland (a quien admirá profundamente) y de Kevin Germanier”, desvela. Hace un año se viralizó un video de Max, durante un fashion show en el que fue grabado mientras ojeaba a las modelos desfilando, de brazos y piernas cruzados y sin dejar escapar ningún tipo de detalle. La frase “no te preocupes Anna (por la exeditora jefa de Vogue Estados Unidos ), Max ha estado entrenando para esto desde que nació” y todos parecían estar de acuerdo, incluso, varios lo apodaban como “el próximo Lagerfeld”.
Que Max se convierta en el próximo director creativo de Chanel, o incluso en el próximo Karl Lagerfeld, es incierto; el futuro siempre es caprichoso. Lo que sí es indudable es que él va tejiendo su camino en solitario, construyendo poco a poco su futuro a través de su emergente marca homónima. El mañana hablará, pero todo indica que será brillante. Por ahora, solo queda tachar los días del calendario mientras se avecina su esperado y gran debut.










