El pasado domingo, nada más alcanzar la gloria en Melbourne, fue la primera persona a la que Carlitos se abrazó. Emoción desbordante y explosión de alegría donde el hermano mayor se mostraba más eufórico, aún si cabe, que el pequeño. Hablamos de Álvaro Alcaraz, el hermano mayor de nuestro gran campeón y sin el cual no se entienden los éxitos que viene cosechando el jugador de El Palmar (Murcia). Cargados de maletas, este martes aterrizaban juntos en el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas tras su largo viaje desde las antípodas. Con ellos veíamos a su padre, Carlos, que mostraba un semblante de lógico cansancio después de tantas horas metidos en un avión. El ganador de 7 Grand Slams, por su parte, no se quitaba de la cara una sonrisa que delata su estado de plena felicidad. No es para menos, porque con solo 22 años ha recorrido ya un camino que es para quitarse el sombrero.
Buena parte de culpa de este último gran triunfo de Alcaraz en el Open de Australia, como de muchos otros anteriores, la tiene Álvaro (26 años). De un tiempo a esta parte, este último se ha convertido en su mano derecha y en su sombra para que todo les funcione como un reloj suizo. Siempre han estado muy unidos y comparten una misma pasión, puesto que el mayor también quiso ser tenista profesional y estuvo cerca de alcanzar esa meta. Esa es precisamente su espina clavada, tal y como él mismo ha reconocido públicamente, la de no haber logrado llegar más lejos por distintas circunstancias. Como consuelo, que no es poco, tiene a su hermano menor haciendo historia en el deporte español y a nivel internacional, por lo que el orgullo que siente hacia él no puede ser más grande.
Desde 2022, Álvaro forma parte del equipo técnico del número uno del mundo, siendo una persona clave en su 'staff'. De hecho, recientemente ha ascendido de puesto a segundo entrenador tras la marcha de Juan Carlos Ferrero y el nombramiento de Samu López como principal 'coach'. En cualquier caso, se puede decir que Álvaro ya ejercía en cierta manera como mentor de Carlos desde que eran niños, al ser cuatro años mayor que él y tener más conocimientos para enseñarle cuando disputaban partidos entre ellos. Llegar a lo más alto era, para ambos, un sueño compartido. Eso sí, según ha reconocido el primero en alguna entrevista, enseguida se dio cuenta de quién era el crack de la familia.
La pasión por el tenis nació en ambos por su padre, quien en su época también fue un talento con la raqueta y llegó a despuntar, aunque desde luego no tanto como lo está haciendo ahora su segundo hijo. Álvaro, por su parte, viene acompañando a Carlos en su meteórico ascenso desde un segundo plano, no solo en lo personal sino también en lo profesional. Con él hace de 'sparring' antes de los partidos, y luego le da los consejos necesarios para que el ídolo rinda al máximo de sus posibilidades sobre lo pista. "Se ve que le doy suerte", bromeaba Álvaro al respecto en declaraciones de hace un tiempo al portal Plaza Deportiva.
De pequeños eran "como Zipi y Zape"
"Mi presencia es fundamentalmente como apoyo familiar para que él se sienta cómodo, como si estuviera en casa cuando se encuentre lejos", señalaba este sobre la labor que hace. Una función que, a la vista está, ha ido creciendo con los años hasta erigirse en alguien absolutamente indispensable para Carlitos. Recordando como vivieron su niñez, contaba al citado medio que "éramos un poco como Zipi y Zape". Es decir, unos jóvenes bastante inquietos y traviesos que no paraban ni un segundo, compartiendo además habitación y durmiendo en una litera (uno arriba y otro abajo). También entre ellos había más de un pique y mucha rivalidad, "pero eran tonterías de críos ya que siempre hemos tenido muy buena relación", aseveraba.
Nacido el 2 de noviembre de 1999 en la misma localidad murciana que su hermano, Álvaro reconoce que siente una "envidia sanísima" hacia Carlos, y destaca de él su "ambición, su carácter y ser un competidor nato". Fuera de la cancha, en cambio, dice que es una persona muy tranquila y no tan enérgico como nos tiene acostumbrados. "Cuando deja la raqueta está muy calmado y va a su bola y al ralentí". Además de ellos dos, en su núcleo familiar está su padre, su madre Viriginia Garfia y sus otros dos hermanos menores: Sergio, adolescente, al que le gusta el fútbol; y Jaime (12 años), que ha heredado la tradición tenística de los suyos y ya apunta maneras.












