Un agente de élite, pero caído en desgracia, que, tras pasar por prisión, se enfrenta a una misión: proteger a una niña del mar en una remota isla escocesa. Sin embargo, lo que parecía fácil desemboca en una peligrosa secuencia de acontecimientos que culmina en un ataque a su casa. O sea, tiros, puñetazos, explosiones... y un señor muy serio y adusto, pero noble, con buen corazón, familiar —aunque no lo parezca— y caballero. Mucho. Jason Statham parece dibujado para papeles así, y este es el de Shelter, la nueva película de Ric Roman Waugh, que ya se ha estrenado en Londres.
Cerca de casa, claro. Porque Jason, el de Fast & Furious—o ¿debiéramos decir Handsome & Furious?— cada vez pasa más tiempo entre la ribera del Támesis y las Canarias que en las colinas de Beverly Hills —donde compraron una casa, tras deshacerse de su mansión en Malibú—, para dedicarse —sin el oropel de las fiestas y los cócteles sin fin— a sus dos hijos —Jack Oscar, nacido en 2017, e Isabella James, en febrero de 2022— y a la mujer que, desde 2010, le disparó como Cupido directita al corazón (que para eso fue un ángel de Victoria’s Secret), la también británica Rosie Alice Huntington-Whiteley.
Jason y Rosie se conocieron durante el icónico Festival de Música de Coachella, un escenario donde la moda, la música y las celebridades se divierten bajo el sol del desierto de California. En ese momento, Rosie atravesaba una nueva etapa personal: un año antes había puesto fin a su relación con el actor Olivier Martinez, conocido tanto por su carrera en el cine internacional como por haber sido pareja de actrices españolas como Goya Toledo y Elsa Pataky. Aunque sus mundos parecían distintos —él, una consolidada estrella del cine de acción y protagonista de varias películas dirigidas por Guy Ritchie; ella, una de las modelos más cotizadas y rostros habituales de las grandes pasarelas y campañas de moda—, lo cierto es que ya habían oído hablar el uno del otro mucho antes de conocerse en persona. Sus nombres circulaban en los mismos ambientes, y la curiosidad mutua hizo el resto.
Tras ese primer encuentro, comenzaron a verse de manera discreta. A diferencia de muchas otras parejas de celebridades, Jason y Rosie optaron por mantener su relación lejos de los focos, evitando apariciones públicas innecesarias y protegiendo con celo su intimidad. Sin embargo, cada vez que la pareja acude a un evento oficial, resulta imposible que pasen desapercibidos: su sola presencia suele eclipsar a todos los asistentes. Dueños de la alfombra roja, sentados en el front row de un desfile o paseando con absoluta calma; da igual dónde se encuentren: el entorno siempre los percibe por su aura, tan magnética como carismática, que juntos potencian.
Más de una década después, la pareja compone uno de los matrimonios más estables y discretos del celuloide y también uno de los mejor engrasados de la industria, dado que, mientras él ha alcanzado el nada despreciable caché de 13 millones de dólares por película y el estatus de duro con estilo (Guy Ritchie y Burberry le pusieron esa etiqueta y no hay quien se la quite), Rosie fue la icónica imagen de la firma inglesa, embajadora de Anthony Vaccarello y, por muchos años, la eterna sucesora de Kate Moss. Entre los dos habrían amasado una fortuna de 90 millones de dólares, el colchón necesario para poder dedicarse a proyectos laborales escogidos, la vida recogida en el campo y los deportes acuáticos. Que Statham, si no lo sabían, alcanzó en 1992 el duodécimo puesto en la lista de los mejores clavadistas del mundo desde el trampolín.






