Pese a su juventud, es evidente que tiene la cabeza perfectamente amueblada. No sabemos si tanto como para ser plenamente consciente de los hitos que está consiguiendo a su edad, ya que algo de tal magnitud solo se puede apreciar bien con cierta perspectiva. Es la persona que concita ahora mismo todas las miradas, ya no del tenis mundial sino del deporte en general, a lo largo y ancho del planeta. Su hazaña está al alcance de muy pocos, más bien de ninguno, puesto que ha batido un récord histórico de precocidad en lo que a títulos conquistados se refiere. De eso, a día de hoy, solo puede presumir él. Se llama Carlos Alcaraz, el ídolo de todos los españoles y de los millones de aficionados a la raqueta que han vibrado con su victoria en el Open de Australia 2026.
En el día después de un triunfo que acapara desde ayer los grandes titulares de la prensa tanto dentro como fuera de nuestro país, el jugador murciano de 22 años cumple con el tradicional protocolo que se le pide siempre al vencedor del torneo. Primero, posar con la Norman Brookes Challenge Cup, que es como se llama el codiciado trofeo del primer Grand Slam del año en honor al legendario tenista australiano. Una sesión de fotos en los jardines del Palacio Real de Exposiciones de Melbourne, frente a una nube de reporteros gráficos. Después, volvía al lujoso hotel donde se hospeda, el Crown Towers, y allí atendía a los medios especializados para una ronda de entrevistas individualizadas.
Es ahí donde el crack de El Palmar nos ha dejado algunas de sus confesiones más íntimas y personales, sobre cómo está viviendo todo el maremagnun que le rodea. Vestido de Louis Vuitton, la prestigiosa marca de moda que patrocina el Abierto de Australia, hablaba de cómo han sido estas frenéticas últimas 24 horas y de los recuerdos que guardará para siempre en la memoria. Entre esos instantes que seguro no olvidará, está el encuentro que mantuvo con Nadal en los pasillos del pabellón Lod Raver Arena tras su gesta. "Me dio la enhorabuena y estuvimos hablando un poquito del partido (...) Fue un momento muy especial el darme un abrazo con Rafa", reconocía Carlitos en declaraciones a Marca.
Preguntado por cómo ha pasado la noche, de si logró pegar ojo después de tanta euforia, dice Alcaraz que "no he podido dormir mucho. Con la adrenalina de la final es complicado conciliar el sueño. Ojalá hubiera habido tiempo para fiesta, pero no lo hubo". Cuenta además que "llegué a las dos y media de la mañana a la habitación y sin cenar. Pedí algo y me fui a dormir a las cuatro y media, más o menos", añade. Dice que estuvo acompañado por su hermano Álvaro y unos amigos, mientras que en las antípodas también hemos visto estos días a su progenitor y a su tío. "Tener a mi padre aquí me hace mucha ilusión", subraya al respecto el ganador de siete Grand Slams.
No he podido por tanto relajarse ni desconectar en exceso desde que se proclamara campeón, algo que sí le permitirá hacer el viaje de más de veinte ahora en avión que le espera de vuelta a su hogar. "Menos mal que tengo un vuelo por delante en el que voy a descansar", afirma. Todo ello después de haber pasado "dos semanas muy intensas, de muchísimas emociones" y tremendamente "exigentes a nivel mental". A partir de aquí, tiene muy claro lo que necesita: "Quiero parar, llegar a casa y ver cómo me responde el cuerpo y la cabeza en los próximos días", asevera. Sus objetivos para 2026: volver a coronarse en Roland Garros, Wimbledon y el US Open. ¿Conseguirlo todo en un mismo año tras vencer en Australia? ¿Por qué no? Él asume el reto con naturalidad... y solo él parece capaz de lograrlo.










