En Valle Salvaje, Martín ya no es el joven afable que llegó al valle dispuesto a ayudar, a encajar y a construir por fin una familia. Algo se ha roto en él. Sus decisiones recientes lo han situado en el centro de la polémica y han logrado dividir a la audiencia que ha pasado de adorarle a sentir rechazo. El personaje ha cruzado una línea peligrosa y, como reconoce Marcos Orengo, el actor que le da vida, en una entrevista con Los lunes seriéfilos, ha iniciado un camino de no retorno en el que “ya no hay vuelta atrás”.
Cuando Martín aparecía por primera vez en la serie, lo hacía con una sonrisa fácil y un pasado complicado a cuestas. Huérfano desde pequeño y acostumbrado a sacarse las castañas del fuego solo, encontraba en Francisco algo más que un amigo: una familia elegida. “Conoce a Francisco buscándose la vida y hacen buenas migas. Al final él lo adopta en su familia y, para Martín, es un hermano más”, explicaba Orengo a RTVE. Esa complicidad se extendía pronto a los padres de su amigo, Eva y Amadeo, y al resto del entorno, dibujando a un personaje luminoso, noble y cercano.
“Leal, profesional, bondadoso y honesto”, así definía Orengo a Martín, un joven que valoraba por encima de todo a la gente que había estado cerca de él y se mostraba fiel y cabal, aunque no siempre acertara. Ese punto de partida es clave para entender por qué su evolución resulta ahora tan impactante.
Porque el Martín actual es otro. O, mejor dicho, es el mismo empujado hasta un límite que no ha sabido gestionar. “Nunca había conocido el amor como lo ha vivido con Pepa”, explica Orengo a Los lunes seriéfilos. Esa falta de educación emocional pesa más de lo que parece. Enfrentarse por primera vez a un sentimiento tan intenso lo lleva a tomar decisiones equivocadas, incluso a traicionar a su propia hermana y a aliarse con Doña Victoria, un movimiento que marca un antes y un después en la trama.
El giro no pasa desapercibido para el público, sino todo lo contrario: “Antes me escribían mensajes llenos de cariño. Ahora me dicen ‘estás insoportable’ o ‘vete ya’”, reconoce el intérprete al que conocimos como Feliciano en La Promesa. Lejos de incomodarle, vive este hecho como un regalo profesional ya que, "aunque parezca mentira, es maravilloso como actor”. Para él, que el espectador reaccione con tanta intensidad es señal de que el personaje está vivo, de que transmite y de que la historia cala en la audiencia.
Ese paso de amado a odiado no es casual ni gratuito. Marcos confiesa que incluso a él le costó, en un primer momento, aceptar el nuevo rumbo del joven sirviente. “Mi primera reacción fue pensar: ‘Martín no haría esto’. Pero ahí está el error: yo no soy Martín”, admite. Es consciente de que ese juicio no le corresponde; su trabajo no es decidir lo que el personaje debería hacer, sino “comprender por qué sí lo hace”. Ahí es donde encuentra la verdad del conflicto.
Para construir esta versión más oscura del lacayo, el actor lo ha trabajado desde lo físico. “La oscuridad no se explica, se encarna”, afirma. Movimientos más lentos, silencios más largos y una presencia más contenida ayudan a transmitir que Martín carga ahora con una mochila emocional mucho más pesada. El cambio no se verbaliza: se siente.
Uno de los grandes motores de Valle Salvaje es el triángulo amoroso que forman Martín, Pepa y Francisco, uno de los más seguidos de la serie diaria de época. La química entre Orengo y sus compañeros Elena Navarro y Rafa Álamos traspasa la pantalla y sostiene gran parte de la tensión narrativa. “Nos lo pasamos muy bien rodando”, comenta el intérprete, convencido de que esa complicidad se percibe incluso en las escenas más duras.
Sobre el debate entre los seguidores, Marcos no esquiva mojarse y se declara Team Martín. Aunque reconoce que “lo está haciendo fatal”, tiene claro que “su amor por Pepa es absoluto. Se dejaría cortar una mano por ella”. Y es precisamente esa intensidad la que explica muchas de sus malas decisiones.
Si hay un punto de no retorno claro, tiene nombre y se llama Victoria. Su pacto con la duquesa empuja a Martín hacia un callejón sin salida. “Una vez entras bajo su yugo, ya estás perdido”, resume el actor. También destaca el trabajo de Sabela Arán, la actriz que la encarna: “Cuando te mira como doña Victoria, te atraviesa. No necesita decir nada, su presencia ya impone”, convirtiendo cada escena compartida en un pulso constante.
¿Hay posibilidad de redención para el sirviente? Marcos Orengo evita los spoilers, pero deja una pista inquietante. “Martín va a tocar fondo”, adelanta al citado medio. Y cuando eso ocurre, “solo quedan dos opciones: huir o enfrentarse a la verdad”. Su mensaje al público es claro: paciencia. En las series diarias todo cambia, los personajes evolucionan igual que las personas y nada es definitivo. Lo que está claro es que el lacayo se ha convertido en el centro de todas las miradas y, para bien o para mal, ya es un alguien imposible de ignorar en Valle Salvaje.













