Siempre se dice que, tras la tormenta, siempre llega la calma, y hace tiempo que Leire Martínez dejó atrás la que se desató tras su sonada (y polémica) salida de La Oreja de Van Gogh. Fue, durante 17 años, la voz de un grupo que marcó generaciones, pero pronto emprendió un nuevo camino, en solitario, y, nos asegura, no puede estar más contenta en este primer año que celebra como artista.
Primero, nos sorprendió con una canción, Mi nombre, que fue toda una declaración de intenciones, y casi un año después de aquel tema (que, por supuesto, tampoco dejó indiferente a nadie) cuenta los días para la salida de su primer disco, Historias de aquella niña (que saldrá a la venta el próximo 20 de febrero). Antes de que llegue la esperada fecha, no quiso perderse la tercera gala benéfica Spotify Equal, que se celebró el pasado martes, 27 de enero. Una cita que busca impulsar la igualdad en la industria musical, y que reunió a cantantes como Edurne, Rosario Flores o Luz Casal. Y ella, de lo que implica ser artista y mujer en este sector, también, sabe bastante.
Leire, otro año más vienes a esta gala donde se celebra el papel de la mujer en la industria. ¿Cómo lo valoras tú? ¿Crees que todavía queda mucho por hacer?
Creo que estamos en ello y creo que casi es mejor hablar de lo que tenemos y no de lo que nos falta, sin perder de vista los puntos a mejorar, evidentemente. Pero, mientras haya acción, haya movimiento, está bien. Eso es algo bueno. Noches como esta son fundamentales, sobre todo, para visibilizar, y son noches donde nos mimamos, nos cuidamos y eso es importante. Pienso que estamos en ello, que nos quedan cosas por mejorar, seguro, pero, afortunadamente, por lo menos empezamos a tener acciones como estas.
Tú llevas más de diez años en esta industria, muchos años de carrera. ¿Tú has sentido que, en este tiempo, has tenido que afrontar muchas críticas? Muchas compañeras cantantes siempre apuntan a que se os exige más en cuanto a coreografía, vestuario…
Sí, sí que lo creo. Mi experiencia, al menos, ha sido esa. También te tengo que decir que ahora mismo estoy en un momento… Yo no sé si es por mi edad. Bueno, sí, creo que tiene que ver con muchas cosas. Por mi edad, evidentemente, por todo lo que he aprendido ya. Porque afortunadamente ya he ido sumando galones en esto (al final, ya llevo unos años de trayectoria) y porque afortunadamente también la sociedad está evolucionando. Entonces, con todo ese marco, yo decido mucho más. Soy yo la que decido si me maquillo, si no me maquillo… Si me presiono más en algunos aspectos o no. Es verdad que, desde que empecé hasta ahora, han cambiado mucho las cosas. Yo sí he sentido esa presión a nivel físico de tener que sostener la imagen, para mí, los horarios no eran igual que para mis compañeros y esto es una realidad. Mi día empezaba mucho antes porque me tenía que maquillar, tenía que peinarme, tenía que estar… y ellos se pegaban una ducha, se ponían lo que sea y sanseacabó. Y decía: ¡Madre mía! Estas cosas que, a veces, las damos por sentadas y no debería ser así, pero bueno.
Entonces, después de tantos años, ¿podríamos decir que te sientes más libre ahora?
¡Mucho más! Sí, sí.
Y tienes mucho que celebrar, porque hemos visto que el próximo mes presentas disco, Historias de aquella niña
Sí, sí, estoy muy contenta. Historias de aquella niña sale el 20 de febrero, y yo estoy como loca. De hecho, esta semana hay una listening party, con los fans, para que ya me empiecen a llegar los primeros feedbacks, a ver qué les parece... Y yo creo que eso va a ser como el pistoletazo de salida. Esto es lo que ya me lleva a decir: Ostras, que de verdad esto va en serio, que ya es. Y estoy encantada. A los dos días de que salga el disco, me subo ya a los escenarios, empiezo la gira, así que bueno, estoy súper contenta.
Dices que este es un trabajo muy personal, que las letras dicen mucho. ¿Qué vamos a poder ver?
Todas, todas. A ver, yo creo que Historias de aquella niña ha sido como un ejercicio terapéutico que me ha servido para para conectar conmigo misma, pero quizá con una letra que estaba un poco, no sé, adormilada, sedada, no sé… Un poco gris, ¿sabes? Me había metido ahí en una zona de grises y he vuelto a conectar con esa parte mía creativa. ¿Dónde ves eso? Un poco desde la perspectiva de un niño. ¿Cómo son los niños? Pues los niños apenas son prejuiciosos, salvo lo que ven y entonces repiten patrones. Pero, en general, los niños no tienen prejuicios. Enfrentan los retos desde la ilusión y desde las ganas. Y a veces el convertirnos en adultos, perdemos un poco eso.
Para mí es un ejercicio de volver a conectar con todo eso y volver a conectar con tener ganas, con volver a disfrutar totalmente con lo que hago, de enfrentar nuevos retos…
Se cumple un año desde que empezaste todo este proyecto en solitario. ¿Qué balance haces?
Pues un balance increíble, súper positivo a todos los niveles: a nivel emocional, a nivel profesional… Súper positivo, de verdad. Las vivencias son aprendizajes y para mí ha sido un año de mucho aprendizaje, pero es que el balance es muy bueno.
¿Y no te arrepientes de nada? ¿De ninguna de las decisiones tomadas?
Para nada.







