La muerte de Valentino Garavani no solo ha dejado un vacío irreemplazable en la historia de la moda, sino que ha activado los engranajes de una maquinaria sucesoria tan compleja como uno de sus vestidos de alta costura, tan fascinante como hermética, tan histórica como lujosa. Sin descendientes directos ni cónyuges, el 'Último Emperador' deja tras de sí un patrimonio que las estimaciones más prudentes sitúan en los 1.500 millones de euros, aunque analistas financieros y expertos en el sector del lujo sugieren que, sumando activos intangibles y el valor real de sus propiedades, la cifra podría escalar hasta los 2.000. Se abre ahora un capítulo triste, pero ineludible y sobre todo, vista la intrincada red de afectos y sociedades que el diseñador tejió durante décadas, casi de película. Como en esos estrenos de televisión de sobremesa, nos encontramos ante una historia (basada en) hechos reales en donde la realidad supera la ficción.
Valentino Clement Ludovico Garavani, nacido en Voghera, provincia de Pavía (lombardía) en 1932, no fue solo un modista; fue el arquitecto de un canon estético con vocación de eternidad. Desde que a los 17 años partiera hacia París para formarse en la Cámara Sindical de la Alta Costura, Valentino tuvo una obsesión clara: la belleza absoluta. Famosa es su frase, que hoy preside el dintel de su Fundación en la romana Piazza di Mignanelli en Roma y que resume su vida: "Amo la belleza, no es mi culpa". Fue un hombre que vivió rodeado de castillos, yates y obras de arte, pero cuya mayor obra maestra fue saber transformar sus relaciones personales en el motor de un imperio del que se despidió —al menos, en eso de coger la aguja y el dedal— en 2008 con un desfile histórico en el Museo del Ara Pacis de Roma, rodeado de sus Valentino Girls vestidas de rojo. Su logro artístico fue dotar a la mujer de una armadura de sofisticación que, fuera o no de sangre azul, la coronaba como reina.
Uno de sus mayores hits artísticos fue, sin duda, la creación del Rojo Valentino. La leyenda cuenta que su fascinación por este color nació siendo estudiante, durante una noche en la ópera de Barcelona, al ver a una mujer mayor vestida de rojo en un palco. Para él, ese tono no era solo un color, sino una declaración de principios: fuerza, feminidad, pasión y una distinción que no admitía competencia. ¿Cómo no se iba a convertir el rey de las red carpets (cuando ni siquiera se había acuñado el término) y de los grandes salones reales de toda Europa cuando si algo les iguala es que están tapizados de terciopelos y damascos encarnados? Su capacidad para entender el cuerpo femenino le ganó la devoción de las mujeres más icónicas. Desde Jackie Kennedy (para quien creó el icónico vestido de encaje marfil para su boda con Aristóteles Onassis en 1968) a Elizabeth Taylor, Sophia Loren o Julia Roberts, cuya imagen ganando, por fin, el Oscar a la mejor actriz, es inseparable de su vintage en blanco y negro corte imperio. Otro hito fundamental fue la Colección Blanca de 1968, de ahí que el blanco fuera el color elegido para las flores en su capilla ardiente cuando el 19 de enero nos dejaba huérfanos.. En una época marcada por el desenfreno del color y el movimiento hippie, Valentino presentó una colección íntegramente blanca y beige, introduciendo por primera vez su famoso logotipo de la 'V'. Fue un ejercicio de purismo y elegancia que lo consagró definitivamente como el favorito de la aristocracia mundial.
Pero ¿cómo construyó su imperio Valentino (más allá de vendiendo muchos vestidos, obviamente)? A diferencia de otros diseñadores que quedaron atrapados en las deudas de sus propias firmas, Valentino, de la mano de su inseparable Giancarlo Giammetti, fue un visionario de los negocios. El gran salto ocurrió en 1998, cuando vendieron la maison al holding HdP por unos 260 millones de euros de la época. Aquello fue solo el principio. El diseñador no solo se quedó con el dinero, sino con una estructura de derechos de imagen, royalties y acuerdos de licencia que siguieron facturando millones incluso después de su retiro oficial en 2008. Esa ingente liquidez fue canalizada a través de una sofisticada ingeniería financiera bajo la supervisión del abogado holandés Ronald Feijen y de su sobrino Piero Villani —considerado el 'ingeniero' del patrimonio familiar—, la fortuna de Valentino se movió a través de una red de sociedades holding en Luxemburgo, Holanda y las Islas del Canal. Esta arquitectura permitió que el capital no se erosionara con el tiempo, sino que se reinvirtiera en activos que hoy son el eje central de la disputa sucesoria.
El patrimonio inmobiliario de Valentino, tras su muerte el pasado 19 de enero, a los 93 años, es, es quizás la parte más clara del rompecabezas, aunque sus valores de mercado son inmensamente superiores a lo que rezan los balances oficiales. En el corazón de Francia se alza el Château de Wideville, un castillo del siglo XVII rodeado de jardines versallescos que adquirió en 1995 y que se convirtió en su refugio favorito. En Roma, su residencia de la Vía Appia Antica, una villa de más de 30 habitaciones donde se instaló su capilla ardiente, es un museo en sí misma. A estas joyas se suman el lujoso Chalet Gifferhorn en la exclusiva estación suiza de Gstaad, un ático con vistas a Park Avenue en Nueva York y una residencia en el exclusivo barrio londinense de Holland Park y una propiedad encaramada entre Capri y Anacapri que mira al Golfo de Nápoles. No podemos olvidar el TM Blue One, su yate de 46 metros de eslora donde veraneaba con estrellas como Madonna, Naty Abascal o Gwyneth Paltrow, y cuya gestión anual a través de la sociedad Seaboats supone un gasto de más de un millón de euros. Pero el verdadero tesoro oculto son sus paredes: una colección de arte privada que abarca desde Picasso hasta Warhol, cuya valoración exacta es uno de los secretos mejor guardados de la sucesión.
A diferencia de otros diseñadores que quedaron atrapados en las deudas de sus propias firmas, Valentino, de la mano de su inseparable Giancarlo Giammetti, fue un visionario de los negocios
Al no existir herederos directos, el testamento —que habría sido ya depositado en una notaría de Roma— se convierte en la única hoja de ruta. La ley italiana protege la "cuota legítima" para los parientes de sangre, donde entran en juego su hermana mayor, Vanda Garavani, y su sobrino nieto Oscar Garavani, quien ha mantenido el apellido en el sector de la moda. Sin embargo, el corazón de la herencia parece latir en su 'familia de elección' hacia donde bascula más el peso emocional y material por ser quienes, en mayor medida, sostuvieron su vida privada y profesional. Por un lado, Giancarlo Giammetti, socio, excompañero y el hombre que protegió "el imperio"—durante más de seis décadas— mientras Valentino creaba, se perfila como el gran legatario moral (algo así como su Pierre Bergé si habláramos de YSL). Es probable que él asuma el control total de la Fundación Valentino Garavani y Giancarlo Giammetti, una institución con fines filantrópicos que podría recibir una parte sustancial de la liquidez para asegurar que el nombre del diseñador perdure en museos y programas educativos.
En el círculo más íntimo aparecen también los hermanos Sean y Anthony Souza. Hijos del brasileño Carlos Souza (embajador global de la firma y gran amigo del diseñador), fueron criados como los hijos que Valentino y Giammetti nunca tuvieron. Se especula que propiedades como el castillo francés o la casa de Londres podrían ser para ellos. Y cómo no, Vernon Bruce Hoeksema, el último amor de Valentino y director creativo de la marca de lujo VBH. Aquí encontraríamos el primero —sino el mayor— de los nudos gordianos de la herencia, la liquidez y la relación de Hoeksema con el legado (económico) de su amado que es… compleja… Recientemente se supo que inyectó 550.000 euros para cerrar un proceso de quiebra de su empresa, un movimiento que muchos analistas interpretan como un acuerdo previo o un "anticipo" de lo que le corresponderá en el testamento y al que, más abajo, nos referiremos en concreto.
A diferencia de las mansiones, el dinero en efectivo y las inversiones financieras están dispersos en instituciones tan exclusivas como el banco Coutts & Company en Londres, el banco privado de la élite británica y de la difunta Reina Isabel II. La tarea de rastrear y cuantificar estos activos, sumada a los constantes cambios de residencia fiscal del diseñador entre Londres, Ginebra y Milán, podría derivar en una batalla burocrática titánica. Y es que, dado que vivió a caballo entre Reino Unido, Suiza e Italia, la determinación de dónde estaba su domicilio principal en el momento de su muerte dictará qué país se llevará la mayor tajada en impuestos de sucesiones, una cifra que podría ascender a cientos de millones de euros. Cualquier error en esta declaración podría abrir un litigio con las autoridades fiscales de varios países.
Y a todo esto, tal y como decíamos antes, la sombra de las controversias empresariales del hombre que ocupaba los días y las noches de Valentino. Y es que el que fuera compañero sentimental del diseñador y su mano derecha en diversos ámbitos de gestión ha visto cómo su propio imperio de accesorios de lujo, la firma VBH, terminaba colapsando en un laberinto judicial de deudas y quiebras. El desastre se cristalizó formalmente hace precisamente un año, el 29 de enero de 2025, cuando el Tribunal de Roma declaró el cierre definitivo de la quiebra de Atelier Realm srl, la sociedad matriz que fabricaba los exclusivos bolsos. La caída de VBH es un caso paradójico en la industria del lujo: sus piezas, elaboradas en un taller de Pontassieve con pieles exóticas de pitón y cocodrilo, eran el fetiche de la élite mundial, muchas de sus figuras clave estuvieron en el funeral del mito de la costura en la Basílica de Santa Maria degli Angeli e dei Martiri, otrora termas de Diocleciano y hoy un templo diseñado por Miguel Ángel (ya sabes, las cosas de Roma). En las paredes de su showroom en Roma colgaban las pruebas del éxito: fotografías de Michelle Obama, Gwyneth Paltrow, Jennifer Lopez y Sarah Jessica Parker luciendo sus creaciones.
Sin embargo, el fulgor de las estrellas no fue suficiente para sostener unos balances que llevaban años teñidos de un rojo mucho más dramático que el de Valentino. La aventura empresarial de Hoeksema, que se prolongó durante años con pérdidas millonarias, ha dejado un rastro de insolvencia que requirió de una intervención de última hora. Hoeksema alcanzó un acuerdo transaccional con el administrador concursal, ingresando 550.000 euros de su propio bolsillo para saldar las deudas y cerrar el expediente judicial lo que se ha entendido como un blindaje preventivo antes de la lectura del testamento de Valentino. Y paradojas de la vida, a día de hoy, los bolsos de Hoeksema han pasado de no ser lo suficientemente atractivos a convertirse en objetos de colección que se subastan en la red por cifras que alcanzan los 14.000 euros.
La gran incógnita que (nos) mantiene en vilo es si Valentino ha dejado una sorpresa final. Se especula con la posibilidad de que exista una "cláusula de choque". ¿Podría Valentino haber dejado una cláusula que obligue a los herederos a mantener la unidad del patrimonio artístico? ¿O existe una inversión secreta en tecnología digital para que su imagen y estilo sigan produciendo dividendos mediante inteligencia artificial? Parece que por ahí van a ir los tiros. Que la sorpresa no esté tanto en a quién va ir destinada una joya o un cuadro, sino en ese giro de guión al estilo serie de Netflix. Algo así, por ejemplo, como que el grueso de la liquidez se destine a blindar la Fundación Garavani-Giammetti, priorizando la preservación de su legado cultural y filantrópico sobre el enriquecimiento de sus herederos individuales que, finalmente, reciban mucho menos de lo esperado. Incluso se baraja la existencia de inversiones en nuevas tecnologías o plataformas digitales que aseguren que el nombre de Valentino siga generando ingresos póstumos. Al abrirse el testamento, no solo se repartirán villas y yates, sino que se revelará la última obra maestra de un hombre que supo diseñar su vida con la misma precisión obsesiva, elegancia y misterio con la que creó el icónico "rojo Valentino" que cambió el mundo para siempre. Y, para los amantes de la opera, como aquella que le inspiró en el Liceu, habrá drama, habrá entrevistas como arias y, sobre todo, una especular bajada de telón.
¿Pero quién es quién en el tablero de la herencia de Valentino? Os detallamos quién es quién en esta sucesión y los motivos que los sitúan en la línea sucesoria.
1. Giancarlo Giammetti: El socio, el alma y el guardián
Giammetti no es solo un posible heredero; es, de facto, el heredero moral. Su relación con Valentino comenzó el 30 de julio de 1960 en un café de la Vía Véneto. Aunque su romance terminó en 1972, su unión profesional y de amistad nunca se rompió.
¿Por qué es heredero?
Giammetti fue el cerebro empresarial que permitió a Valentino ser un artista sin preocupaciones financieras. Es el presidente de la Fundación Valentino Garavani-Giancarlo Giammetti y el hombre que conoce cada rincón del entramado societario. Se espera que el testamento le confíe el control del legado intelectual y gran parte de la gestión de la Fundación, que podría recibir una masa importante de liquidez para perpetuar el ideal de belleza del modisto.
2. Bruce Hoeksema: El último amor y el nudo financiero
Vernon Bruce Hoeksema, exmodelo estadounidense, fue el compañero sentimental de Valentino durante las últimas décadas. Su papel ha sido discreto pero fundamental, participando también en la gestión de algunas ramas de la maison.
¿Por qué es heredero?
Además de su vínculo emocional, Hoeksema es el alma de la firma de accesorios de lujo VBH. Su inclusión en el testamento es casi segura por ser el compañero de vida más reciente del diseñador. Sin embargo, su perfil está marcado por una controversia económica: tras el cierre por quiebra de una de sus empresas en 2025.
3. Los hermanos Sean y Anthony Souza: Los 'hijos' del emperador
Hijos del brasileño Carlos "Cacá" Souza —embajador global de la marca y uno de los amigos más cercanos de Valentino— y de la modelo Charlene Shorto, Sean y Anthony crecieron bajo el ala protectora del diseñador.
¿Por qué son herederos?
Valentino nunca tuvo hijos biológicos, y los hermanos Souza llenaron ese vacío. Los consideraba sus ahijados y miembros de su familia más íntima. En el complejo mapa del patrimonio, se especula que Valentino les habría destinado bienes inmuebles específicos para asegurar su futuro. El Castillo de Wideville en Francia o la residencia en Londres son los nombres que más suenan en las quinielas como posibles legados para estos dos jóvenes que representan la continuidad del "estilo de vida Valentino".
4. La familia de sangre: Piero Villani y Oscar Garavani
Aunque el mundo del corazón se centra en los amigos famosos, la ley italiana impone el respeto a los vínculos biológicos.
Piero Villani (Sobrino): Hijo de Wanda, la hermana mayor de Valentino
¿Por qué es heredero?
Villani es ingeniero y ha sido, durante décadas, el "fontanero" financiero del imperio. Conoce las cuentas en el banco Coutts de Londres y las estructuras en Luxemburgo. Su herencia no solo es una cuestión de sangre, sino un reconocimiento a su labor de protección del patrimonio familiar.
Oscar Garavani (Sobrino nieto):
¿Por qué es heredero?
Representa la sangre joven del clan. Modelo y diseñador de accesorios, Oscar ha mantenido vivo el apellido en las pasarelas. Al ser el pariente varón más directo que sigue sus pasos, se le atribuye una cuota legítima de la herencia que podría incluir no solo capital, sino también derechos sobre el uso personal del apellido en el ámbito creativo.
5. La Fundación: El beneficiario institucional
La Fundación Garavani-Giammetti, con sede en el majestuoso palacio de Piazza Mignanelli, no es una persona, pero actúa como el "quinto heredero".
¿Por qué es beneficiaria?
Gran parte de la inmensa colección de arte y los archivos históricos de vestidos podrían pasar a manos de la Fundación. Valentino quería que su obra fuera eterna, y dotar a la Fundación de una herencia multimillonaria es la única forma de garantizar que sus castillos y palacios no se vendan al mejor postor, sino que se conviertan en centros de cultura y formación para las futuras generaciones de diseñadores.
El "sipario" final: El papel del abogado Ronald Feijen
Más allá de quién reciba el dinero, el "por qué" de la herencia se esconde en la ingeniería del abogado holandés Ronald Feijen. Él diseñó la red de sociedades para que el reparto no fuera traumático. Se rumorea que el testamento incluye condiciones específicas: algunos beneficiarios podrían recibir el usufructo de las mansiones pero no la propiedad total, obligándoles a convivir y mantener la unidad del "clan Valentino" incluso después de la muerte del patriarca. El rompecabezas está servido, y la resolución de estos legados definirá si el imperio sigue unido o si se fragmenta en cinco fortunas independientes.












