Fue un susto. Muy grande. Pero ya pasó. Toca recuperarse, que la vida no da tregua. Sara Carbonero, que es incansable en eso de levantarse y volverse a levantar por muy dura que sea la caída, lo ha vuelto a hacer: enfrentarse a la enfermedad y, sí, a ganarle la batalla. Y aunque las magulladuras duelan, ella no pierde la sonrisa. Estuvo once días ingresada en el Hospital José Molina Orosa de Lanzarote. Lejos de casa.
Allí se fue con su círculo de confianza a pasar el Fin de Año. Con Isabel Jiménez, su amiga el alma y socia, con su pareja, el empresario canario José Luis Cabrera… para despedir el 2025 en las tierras de su pareja, a las que tanto cariño tiene y donde tantos recuerdos crea. Para comenzar 2026 respirando hondo, mirando al mar, al horizonte, con el sol de invierno sobre su piel y los pies sumergido en las aguas esmeralda y la arena dorada de La Graciosa, al otro lado del Mirador del Río. Sin embargo, aunque la periodista pudo partir el año desde la tranquilidad y el buen tiempo de las islas afortunadas, el infortunio, por muy profundo que sea el istmo que separa a las dos islas, también llega hasta allí y se hace hueco entre palmeras y bienmesabe, aunque eso jamás lo veamos en las fotos de los catálogos de viajes.
El día dos de enero, Sara tuvo que dejar colgados los caftanes y las gafas de sol para, de pronto, verse vestida con esa bata verde tan poco favorecedora de hospital. Era lo de menos. Tenía que ser intervenida de urgencia: un dolor abdominal fortísimo volvía a jugar con su vida. Las alarmas saltaban y la noticia no tardó en estar en todos los medios de comunicación, que han visto como la salud de Sara en otras ocasiones se veía perjudicada. Sin embargo, a Dios gracias, y tras cuatro días en la UCI, Sara respondía satisfactoriamente a la intervención y el tratamiento. Se afirma que ha estado en la Unidad de Cuidados intensivos por "cuestiones de que esté más controlada" hasta el 8 de enero, cuando por fin fue trasladada a planta.
Aunque no se esperaba la intervención, desde su círculo más cercano siempre se mostraron optimistas con los avances, mandando constantes mensajes de calma para apaciguar todas las alarmas que saltaban acerca de la periodista. Por ello, a pesar del revuelo inicial, siempre transmitieron que Sara estaba bien “recuperándose cada día más” y que el motivo de su operación no tenía nada que ver con la enfermedad que le diagnosticaron 6 años atrás. Tal y como también transmitió su expareja y padre de sus dos hijos, Iker Casillas, “no había que preocuparse” y “ya iba a poder volver muy pronto”.
Así fue como el pasado martes 13 de enero anunciamos en primicia que Sara había podido volar de vuelta a Madrid junto a Jota Cabrera, para poder llegar a su casa y seguir recuperándose tras los 11 días en los que tuvo que alargar su estancia.
Regresar a casa, con los suyos y hacerlo por su propio pie. Porque Sara tampoco le da tregua a la debilidad. Ella es toda fortaleza y si hay que echar mano de alguna muleta, ahí está el amor. El incondicional. El de su hermana Irene y el de su chico, porque ninguno de los dos se ha separado de ella ni un momento. Ni en el hospital, durante el trance, ni después, cuando, tal y como vemos en estas imágenes, la adversidad ha afianzado lo bueno: aquello que les une más que el pegamento.









