En Hollywood, donde la imagen suele ser tan determinante como el talento, incluso las estrellas más brillantes pueden verse eclipsadas por la opinión pública. Jennifer Lawrence, a sus 35 años y consolidada como una de las actrices más magnéticas de su generación, ha protagonizado recientemente una de las confesiones más sorprendentes de la temporada. Durante su paso por el podcast Happy Sad Confused con Josh Horowitz, la protagonista de Los juegos del hambre se sinceró sobre un episodio que aún resuena en la industria: su exclusión del reparto de Érase una vez en Hollywood, la aclamada cinta de Quentin Tarantino. La noticia de que Lawrence podría haber interpretado a la icónica Sharon Tate fue un secreto a voces en 2017, pero el papel terminó en manos de Margot Robbie. Al ser preguntada por Horowitz sobre este "papel perdido", Jennifer no dudó en señalar la razón que, según ella, decantó la balanza.
La actriz de El lado bueno de las cosas se caracteriza por su enorme sentido del humor. En esta ocasión, quiso aclarar cuál fue, para ella, el motivo definitivo por el que el papel fue finalmente para Robbie: "Él me quería para el papel, y entonces todo el mundo empezó a decir: 'Ella no es lo bastante guapa para interpretar a Sharon Tate'". Ante la incredulidad del entrevistador, la actriz insistió entre risas: "Estoy bastante segura de que es verdad. O es esa ilusión en la que he contado la historia de esta manera durante tanto tiempo que me la creo. No, pero estoy bastante segura de que eso pasó. O simplemente él nunca me tuvo en cuenta para el papel y en internet se esforzaron en llamarme fea".
Este debate no se limitó a los foros de internet. La propia hermana de la actriz asesinada en 1969, Debra Tate, se convirtió en una voz determinante durante el proceso de casting. En aquel entonces, Debra no ocultó su preferencia personal de manera tajante: "Mi elección sería Margot simplemente por su belleza física e incluso por la forma en que se comporta, que es similar a Sharon". Refiriéndose directamente a Lawrence, añadió unas palabras que hoy cobran un nuevo sentido: "No es lo bastante guapa para interpretar a Sharon. Es algo horrible de decir, pero tengo mis estándares".
Finalmente, el destino quiso que Margot Robbie encarnara a la musa de los años sesenta, una interpretación que terminó conquistando a la propia familia Tate. Tras visitar el set, Debra confesó a Vanity Fair que ver a la actriz australiana la hizo llorar "porque sonaba exactamente como Sharon". Lawrence, con la madurez que dan los años y el éxito, bromea hoy sobre aquellos días de críticas feroces, recordando incluso que audicionó para Crepúsculo pero no consiguió el papel: "Supongo que porque también era demasiado fea", soltó con su característico tono sarcástico ante la audiencia del podcast.
Tarantino y sus "idas y venidas" con Jennifer
A pesar de que el papel de Tate fue para Robbie, Quentin Tarantino ha dejado claro en diversas ocasiones su profunda admiración por Jennifer. "Soy un gran fan de Jennifer Lawrence", confesó el director hace tiempo, revelando que incluso llegó a tantearla para el personaje de Daisy Domergue en Los odiosos ocho. En esa ocasión, sin embargo, el "no" vino de parte de la actriz por problemas de agenda: "Lo rechacé y no debería haberlo hecho", admite ahora Lawrence con cierto arrepentimiento.
Incluso para Érase una vez en Hollywood, las versiones parecen cruzarse. Mientras Jennifer recuerda el casting de Sharon Tate, Tarantino aseguró en 2021 que la había invitado a su casa para leer el guion, pero con otro papel en mente: el de Squeaky Fromme, la seguidora de la familia Manson. "Vino a casa, le di el guion y le dije: 'Ve a mi sala de estar o fuera junto a la piscina y léelo'. Ella lo leyó, hablamos un poco después... estaba interesada, pero algo no funcionó", recordó el cineasta. Finalmente, ese papel recayó en Dakota Fanning.
Hoy, Jennifer Lawrence atraviesa un momento dulce en su carrera y en su vida personal, demostrando que ninguna crítica sobre su físico ha podido frenar su estatus de icono. Con el estreno de Die My Love y su regreso a la gran pantalla, la actriz se permite el lujo de mirar atrás y reírse de los "qué hubiera pasado si". Al final, aunque no fuera Sharon Tate, Jennifer ha demostrado que en Hollywood la belleza es subjetiva, pero el carisma y el talento son, sencillamente, incontestables.










