Seguir los pasos de una estrella nunca es una tarea sencilla, pero cuando esa figura es Kate Moss —el icono absoluto de la moda británica y una de las fuerzas más poderosas de la industria— la presión puede resultar abrumadora. Sin embargo, al cumplir los 52 años en un momento de espléndida madurez, Kate no solo celebra su propia carrera legendaria, sino el éxito del que considera su "proyecto pasional" más importante: su hija, Lila Moss. A sus 23 años, la joven ha logrado lo que parecía imposible: dejar de ser "la hija de" para consolidar un nombre propio, una cartera de clientes envidiable y una envidiable agudeza para los negocios. La trayectoria de la joven no es fruto del azar, sino de lo que los expertos denominan una "estrategia subversiva" orquestada por su madre y rigurosamente medida.
Desde que debutara en la portada de Vogue Italia a los 13 años, su carrera ha sido gestionada con una precisión quirúrgica por su madre y por su equipo. Como señala el experto en relaciones públicas Mark Borkowski a HELLO!: "Kate no ha empujado a Lila hacia el foco, ha diseñado todo aquello que la rodea. Esa es la verdadera maestría". Tras aquel primer impacto mediático, Kate supo dar un paso atrás magistral: "Nada de tonterías de madre de artista en redes sociales", añade, subrayando que la clave fue establecer el linaje y la seriedad desde el primer día.
Esta gestión inteligente está dando sus frutos. El pasado diciembre, las cuentas de Grace Grove, la empresa que Lila fundó en 2021 para canalizar sus ingresos, revelaron un beneficio de más de un millón de euros solo en 2024. Cifras que trascienden cualquier noción de nepotismo. "Lila sabe que siempre la compararán con Kate, pero lo lleva con serenidad", confiesa una amiga cercana a la familia. "Sería la primera en admitir que se ha beneficiado de su ascendencia, pero en lugar de dejar que eso la defina, la ha hecho estar aún más decidida a dejar su propia huella". Y vaya si lo ha hecho. Solo el año pasado protagonizó campañas para gigantes como Gucci, Versace y Fendi, además de desfilar para Burberry y Victoria’s Secret.
Una empresaria con voz propia
Lo que diferencia a Lila de otras "nepo babies" es su capacidad de emprendimiento. "La mayoría de los hijos de celebridades toman prestada la proximidad y esperan que pase por magnetismo. Lila tiene algo más raro: tiene un nivel de competencia sublime", explica Borkowski. "La industria no paga por sentimiento, paga por utilidad". Además, Lila ha sabido usar su plataforma para causas personales. Diagnosticada con diabetes tipo 1 a los 12 años, recientemente colaboró con Mattel para crear la primera Barbie con un monitor de glucosa y bomba de insulina. "Recibí muchos mensajes de personas diciendo que verme les ayudó a ellos, o a sus hijos, a sentirse más orgullosos y representados", ha declarado la joven, añadiendo: "Estoy muy feliz de poder hacer esto a través de mi trabajo".
El éxito de Lila también es el resultado de una crianza equilibrada entre dos figuras influyentes pero discretas. Su padre, Jefferson Hack, cofundador de Dazed, ha sido un pilar fundamental. Según fuentes cercanas, Kate y Jefferson son "copadres funcionales" cuya armonía ha contribuido a la personalidad relajada de Lila. "Lila es una mezcla de ambos: tiene el espíritu amante de la diversión de Kate y la calma de Jefferson", revela un amigo. Mientras su madre la ha guiado con un conocimiento profundo del sistema, su padre lo ha hecho de forma silenciosa desde la élite editorial.
El renacer de Kate
Mientras Lila conquista las pasarelas, Kate Moss vive su propia revolución personal a los 52 años. Lejos quedan los días de fiestas interminables que marcaron su juventud. Hoy, la modelo luce más radiante que nunca gracias a una estricta rutina de bienestar. "Al menos tres veces al año, durante una semana, hago una limpieza de zumos. Me siento increíble, ¡tengo tanta energía que me subo por las paredes!", ha confesado la top model. Su marca Cosmoss es el reflejo de esta nueva etapa: tés, cuidado de la piel y mensajes positivos que marcan su día a día.
Kate ha aprendido que la longevidad en esta industria requiere espacio y misterio. "Kate aprendió por las malas que el mito requiere espacio, que la visibilidad debe ser dosificada", apunta de nuevo Borkowski. Esta lección la aplica ahora a su hija: "Lila no está siendo promocionada, está siendo posicionada. El resultado es una carrera que parece inevitable en lugar de fabricada". Juntas forman lo que muchos ya llaman la "dinastía Moss": Kate como el mito original y la antiperfección; y Lila como la heredera de líneas limpias que entiende que la rebelión de hoy es la contención.
Esta conexión es tan profunda que incluso comparten armario. Lila ha confesado que adora "tomar prestada ropa de la era de los 2000" del vestidor de su madre. Kate, por su parte, observa con orgullo cómo su hija retoma las alianzas con los diseñadores que ella misma encumbró. Como resume un consultor de marcas de lujo: "Lila siempre estuvo destinada a ser la realeza de las modelos. Kate es astuta, sabe el valor de su propio linaje y cómo beneficia a la carrera de Lila. Ella es su proyecto más pasional".











