En los últimos años, los thrillers psicológicos se han convertido en uno de los géneros favoritos de las plataformas y del público. Historias de crímenes, secretos y verdades a medias que atrapan desde el primer episodio y que suelen llegar sin hacer demasiado ruido hasta que el boca a boca hace el resto. Netflix vuelve a apostar por esa fórmula con Él y ella, una miniserie de seis episodios que se mueve entre el suspense, el noir y el drama emocional, y que plantea una pregunta tan sencilla como inquietante: cuando existen dos versiones de un mismo crimen, ¿quién dice la verdad?
La ficción, recién llegada al gigante de streaming, adapta la novela superventas de Alice Feeney y sitúa su punto de partida en un asesinato que sacude a una pequeña comunidad. A partir de ahí, la historia se construye desde miradas enfrentadas, obligando al espectador a desconfiar de todo lo que cree estar viendo y a cuestionarse hasta el más mínimo detalle.
La trama gira en torno a Anna Andrews y Jack Harper, un exmatrimonio marcado por una tragedia personal que vuelve a encontrarse en circunstancias extremas. Ella es periodista y regresa a su pueblo natal para cubrir el asesinato de Rachel, una joven a la que conocía desde el instituto. Él es inspector de policía y se encarga oficialmente de la investigación. El problema es que ambos no solo comparten pasado, sino que empiezan a sospechar el uno del otro a medida que avanzan las pesquisas.
Él y ella no es un thriller policial al uso. Aquí no se trata solo de seguir pistas o esperar a que aparezca el culpable, sino de observar cómo se construyen los relatos y qué se oculta en cada uno de ellos. La serie juega con la idea de que toda historia depende de quién la cuente y de que la verdad, en ocasiones, se fragmenta en versiones incompatibles. Esa dualidad convierte al espectador en una pieza más del rompecabezas, obligándole a tomar partido incluso cuando nada resulta del todo fiable.
El escenario también suma tensión. La acción se desarrolla entre Atlanta y Dahlonega, un pequeño pueblo de Georgia donde todos se conocen y donde los rencores del pasado nunca terminan de desaparecer. En este entorno cerrado, los secretos pesan más y cualquier gesto se observa con lupa. Como explica el creador William Oldroyd a Tudum, existe “una especie de resentimiento entre quienes se quedaron y quienes lograron marcharse”, una emoción que está en el centro de la historia y marca la relación entre los personajes
Uno de los grandes reclamos de la miniserie es su reparto protagonista: Tessa Thompson, conocida por su papel como Valquiria en el universo Marvel o por series como Westworld, da vida a Anna, una periodista que intenta retomar su carrera profesional tras un largo periodo de aislamiento. Jon Bernthal, al que muchos identifican por The Walking Dead o The Punisher, interpreta a Jack, un inspector con métodos cuestionables y demasiados frentes abiertos. Ambos sostienen una relación tensa, marcada por la pérdida y por heridas que no han terminado de cerrarse.
Priya (Sunita Mani), nueva detective en la oficina del sheriff, aporta una mirada fresca e inquisitiva al caso. Mientras Jack navega entre su pasado y sus responsabilidades, la joven observa los comportamientos de los demás, mostrando una mezcla de admiración y desconfianza hacia su compañero más experimentado. Por su parte, Alice (Crystal Fox), la madre de Anna, vive con cierta independencia pero su estado de salud y las ausencias de su hija generan dinámicas familiares que afectan a la investigación.
Entre los personajes secundarios que rodean a la pareja destacan Zoe (Marin Ireland), hermana de Jack, que ofrece apoyo familiar y representa la tensión entre quienes se quedaron en el pueblo y quienes se marcharon; Lexy (Rebecca Rittenhouse), la presentadora de noticias que ocupó temporalmente el lugar de Anna en la cadena, y Richard (Pablo Schreiber), el cámara que acompaña a Andrews en la cobertura del caso y que además está casado con la rival profesional de la protagonista. Todos ellos forman parte de una red de secretos, rencores y conexiones que enriquecen la trama y que mantendrán en vilo hasta el final incluso al espectador más perspicaz.
El formato corto es otro de sus puntos fuertes. Con solo seis episodios, Él y ella apuesta por un ritmo ágil, giros constantes y capítulos de menos de una hora que invitan a verla casi del tirón. No hay subtramas innecesarias ni largos rodeos: cada episodio añade una nueva capa a la historia y vuelve a poner en duda lo que parecía claro unos minutos antes.
Sin buscar grandes artificios, la serie se apoya en el suspense psicológico y en la ambigüedad moral de sus personajes. Nadie es completamente inocente y nadie parece contar toda la verdad. Ese juego de espejos es, precisamente, lo que mantiene la tensión hasta el final y lo que la convierte en una de esas propuestas pensadas para enganchar a quienes disfrutan descifrando misterios desde el sofád















