Cada 13 de enero, Ana Cristina Portillo y sus hermanas Alejandra, Eugenia y Claudia Osborne rinden un emotivo homenaje a su madre, Sandra Domecq, en el día de su cumpleaños. Aunque falleciera el 13 de agosto de 2004, no hay año en el que sus hijas no la recuerden con cariño y gratitud. Ana Cristina ha sido la encargada este año de dedicarle unas emotivas palabras: "Feliz cumpleaños al cielo. Siempre agradecida por todo lo que nos dejaste y enseñaste. ¡Te celebramos y bailamos como siempre hacías!". Un mensaje que refleja el amor y la alegría con la que mantienen presente su recuerdo.
Tal día como hoy hubiera cumplido 72 años. Alejandra, Claudia y Eugenia, las tres hijas nacidas del matrimonio de Sandra con Bertín Osborne, y Ana Cristina, fruto de su unión posterior con Fernando Portillo, siempre le dedican cariñosísimas palabras que ponen de manifiesto que por mucho que pase el tiempo siguen echándola muchísimo de menos. "Feliz cumpleaños mamá", escribe Claudia Osborne junto a una foto en la que aparece Sandra de lo más sonriente y un corazón vendado, símbolo del dolor de su partida.
Han transcurrido 22 años desde la partida de la recordada Sandra Domecq, la primera esposa de Bertín Osborne y madre de sus tres hijas mayores, quien falleció a los 51 años víctima de un cáncer. La muerte dejó un gran vacío entre sus seres queridos, no solo en sus hijas, sino también en su exmarido, Bertín Osborne, que en más de una ocasión se ha emocionado al recordarla. Ambos estuvieron casados de 1977 a 1991, pero tras la separación siempre mantuvieron una relación cercana.
Las hijas de Sandra Domecq han recordado en muchas ocasiones que uno de los mayores deseos de su madre era que las cuatro permaneciesen unidas, pasase lo que pasase. Y así lo han hecho, como demuestra la fotografía que publicó Alejandra Osborne junto a todas sus hermanas durante las pasadas Navidades.
Ana Cristina Portillo es la última de todas las hermanas que contrajo matrimonio y en su boda celebrada el 28 de septiembre de 2024 no faltaron los homenajes a su madre, en la finca Santiago, el hogar de su familia materna en Jerez de la Frontera. Mientras se preparaban para del gran día, su hermana Alejandra puso unos antiguos discos de vinilo de su madre, y durante aquel rato tan íntimo sonaron las bandas sonoras de Sandra. Con su madre en el corazón y en su pensamiento, la novia tenía grabado su nombre, junto a la fecha de la boda, en un medallón de cerámica (regalo de su amiga, Diana Rodríguez Torres), que rodeaba su ramo de novia, que a su vez estaba adornado con jazmines, las flores predilectas de Sandra que ella llevó en el día de su boda tanto en el ramo como en el pelo. Después de intercambiar las alianzas, se entregaron las arras que pertenecieron a Sandra, manteniendo su recuerdo presente.







