Ana Aznar se sincera como nunca sobre sus hijos y la maternidad: "Cuando los tuve, lo que más recuerdo es la soledad"


Casada con Alejandro Agag desde 2002, ha hablado del sentimiento de culpa y ha dado dos valiosos trucos


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Actualizado 13 de enero de 2026 - 0:38 CET

Está acostumbrada al foco mediático porque forma parte de una de las familias más relevantes del universo político, pero aunque creció en La Moncloa, Ana Aznar (44) siempre se ha sentido cómoda en un segundo plano y en la vida discreta que lleva. La hija del expresidente del Gobierno, José María Aznar, y de la exalcaldesa de Madrid, Ana Botella, no siguió los pasos de sus padres y ejerce como  psicóloga infantil, conferenciante, investigadora y autora. Es curiosamente su profesión la que le ha llevado a hablar de los aspectos más íntimos de su vida personal, esa que comparte con Alejandro Agag y sus cuatro hijos, Alejandro, Rodrigo, Pelayo y Alonso. Unas profundas reflexiones sobre la maternidad con las que se ha mostrado como nunca.

Ana Aznar con sus hijos© GTRES

La segunda hija del matrimonio Aznar ha participado en el programa Tras El Telón, donde ha compartido su experiencia personal y profesional en asuntos de crianza. Ha echado la vista atrás para recordar sus primeros años como madre, cuando vivía en Londres y formó una familia lejos de sus seres queridos y sus amigos, una experiencia difícil de la que aprendió lecciones muy positivas: "Cuando los tuve, lo que más recuerdo es tener momentos de mucha soledad. Los gestioné como pude, con momentos mejores y peores, pero me hice más fuerte, aprendí a estar sola..."

Reflexionando sobre ser madre joven, como es su caso, considera que es una experiencia positiva porque "ahora mis hijos son mayores, algunos ya adolescentes, y yo soy joven y me queda mucho tiempo para disfrutar con ellos, acompañarles en su vida...". En esta etapa sí confiesa que cuesta ponerles límites, aunque a la vez defiende que, muchas veces, los niños traducen la falta de límites como "una falta de amor". Además, considera vital trazar esas líneas rojas porque "se tienen que acostumbrar a que la vida no es siempre como quieren, gestionar la frustración, porque si no te dicen que no a nada, no tienes frustración".

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Ana Aznar Botella ha confesado que se ve a sí misma repitiendo los mismos patrones que sus padres, a los que ve de una manera diferente desde que ella formó su propia familia en 2004: "A los padres no los entiendes hasta que no eres madre. El amor hacia un hijo y lo que estás dispuesto a hacer, hasta que no lo tienes, no lo sabes, ni tampoco los esfuerzos y sacrificios que tus padres han hecho". Confiesa también que su gran angustia es que a sus hijos les pase algo, que tengan un accidente o una enfermedad

El sentimiento de culpa y sus dos valiosos trucos

La psicóloga cree que la culpa es uno de los sentimientos más presentes en la vida de las madres: "La culpa es criminal en la vida de las madres, sentimos culpa por todo, pero hay que preguntarse, ¿qué he hecho mal? Porque si estoy trabajando o cuidando a mi madre que está enferma y no con el niño, no estoy haciendo nada mal. Tenemos que repensar la culpa, porque para mí no es culpa, es tensión. Sentimos tensión porque no te da la vida para todo, pero no has hecho nada mal. Tenemos que cambiar la manera de pensar, no es culpa, es tensión, la culpa es cuando has hecho algo mal".

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En este punto, ha invitado a hacer el mismo ejercicio que ella, una técnica que le ha ayudado a la hora de estar al frente de su supernumerosa familia: "Soy madre de cuatro de diferentes edades y pienso mucho en eso. Cuando eran pequeños tuve mucho sentimiento de culpa y luego, gracias a mi trabajo, he penado mucho en eso y cada vez que me machaco a mí misma me pregunto, ¿qué he hecho mal? Y si no he hecho nada mal, lo saco de mi cabeza. También quitas mucho la culpa explicándoles las cosas, colocándoles en tu vida... Hay que decirles que son nuestra prioridad, pero que no son lo único en nuestra vida y que hacemos lo que podemos".

Ana ha compartido una divertida anécdota de sus hijos: "Cuando empezaron a tener teléfono me mandaban mensajes diciéndome que les llamara urgente. Entonces estaba en una reunión y tenía que salir. O de repente me llamaban y no contestaba... Oye, yo os quiero muchísimo, pero no estoy las 24 horas del día sentada, con el teléfono en la mano, esperando que me llaméis. De eso se tienen que dar cuenta y hay que decírselo. Para nosotros son lo más especial, pero no son lo único".

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