Hasta el día de hoy, no existe ningún manual secreto para formar a un miembro de la realeza escondido entre los más de 240.000 volúmenes de la biblioteca del castillo de Windsor. Nunca lo ha habido y nunca lo habrá. El rey Carlos dijo una vez que “aprendió como aprenden los monos”, es decir, “observando a sus padres”. Ahora es el turno del príncipe George, su nieto. Los padres del pequeño, Guillermo y Kate, no dejan nada al azar.
El príncipe George, con solo 12 años, ya ha demostrado tener las habilidades necesarias para desenvolverse en la vida pública y una capacidad natural para gestionar determinadas situaciones. En la misa de Navidad en Sandringham, supo manejar una situación delicada cuando alguien del público mencionó a su abuela Diana: sonrió y no mostró ni un ápice de incomodidad. En ese mismo acto público, la princesa Charlotte se acercó por iniciativa propia para abrazar a una mujer que se encontraba en silla de ruedas, mientras que Louis, mucho más concentrado, estuvo casi media hora saludando y estrechando manos, todo un logro para un niño de siete años.
Contacto visual, apretones de manos firmes y buenos modales
Nada de esto es casualidad. Catherine, que se incorporó a la exposición pública ya de adulta, es especialmente rigurosa a la hora de preparar a sus hijos para la esfera pública. La formación es una filosofía que siempre ha marcado su vida. Se la inculcaron sus padres, Mike y Carole Middleton, y la ha mantenido desde entonces. Para ella, la preparación y la educación son fundamentales, y es algo que ha inculcado a sus propios hijos. Cuando reciben visitas en casa, los niños suelen salir a saludar. Han aprendido que es importante dar la mano con firmeza y mirar a los ojos. Gestos básicos, pero esenciales para los papeles que desempeñarán en el futuro. También escriben notas de agradecimiento como parte de su rutina habitual.
Aprender a ser un royal
La difunta reina Isabel II asumió el trono de forma repentina, sin haber sido preparada específicamente para ello. Fue creciendo en su papel con el paso del tiempo, apoyándose en Churchill en los primeros años y aprendiendo sobre la marcha. El único consejo claro que le dio su padre, George VI, fue que recordara que, para muchas personas, conocerla sería un momento que guardarían toda la vida. Una idea que la acompañó siempre.
“Estoy aprendiendo observándola”, dijo el príncipe Guillermo en 2016. Con el paso del tiempo, su visión fue evolucionando y en 2023 explicaba: “No te lanzan de golpe, se va construyendo poco a poco”. Su tía, la princesa Ana, siempre mucho más directa, lo resumía así: “Aprendes yendo, yendo otra vez y otra vez. O lo coges… o no”.
Su enfoque práctico influyó de manera decisiva en la forma en que Guillermo y Kate entienden la preparación de la siguiente generación. Por eso van introduciendo poco a poco a sus hijos —especialmente a George— en el mundo que algún día tendrá que asumir como líder de la institución en la que nació. El difunto Felipe, por su parte, tenía una visión casi militar del aprendizaje real: “Te pones a ello y así es como aprendes”. No era precisamente partidario de analizarlo todo en exceso.
El mecanismo de adaptación de Kate
Catherine tuvo que asimilarlo todo desde el primer momento en que entró en escena: los paparazzi, las columnas sensacionalistas y la presión mediática. Para enfrentarse al público, se vio obligada a desarrollar su propio mecanismo de adaptación. Con el paso del tiempo fue ganando seguridad y mejorando su forma de hablar en público. Hoy en día siempre se prepara a fondo y da lo mejor de sí en cada aparición, como señala una fuente cercana. Esa misma actitud la ha transmitido a sus hijos, no de manera rígida, sino de forma constante y cuando la situación lo requiere.
La coronación de junio de 2023 puso a prueba la entereza del príncipe George. Con solo nueve años, en su papel de paje de honor, sabía que todas las miradas estarían puestas en él. Al avanzar por la abadía de Westminster ante millones de espectadores de todo el mundo, no mostró signos de nerviosismo: caminó con seguridad. Sus padres le han enseñado a comportarse con naturalidad, a ser él mismo y a atender a las indicaciones.
La conmemoración del Día de la Victoria en mayo de 2025 confirmó que el método funciona. George pasó veinte minutos hablando con veteranos del Ejército, interesándose por Normandía y por los bombarderos Lancaster. Uno de ellos aseguró que el niño mostró más curiosidad que muchos adultos. Nada de eso fue casual. Guillermo y Kate lo habían preparado a conciencia para ese acto y sabía perfectamente de qué se iba a hablar. Esa curiosidad nace de las conversaciones sobre historia en casa, de las historias que le cuenta su abuelo Carlos en Balmoral y de la implicación constante de su madre.
En diciembre de 2025 el reto fue aún mayor. George visitó la ONG The Passage, dedicada a las personas sin hogar y vinculada a su padre, donde sirvió la comida de Navidad sin presencia de la prensa. Guillermo y Kate se aseguraron de que comprendiera la realidad de las personas que conoció allí. No se trataba de una simple aparición para la foto, sino de una parte más de su formación.
Las estrellas reales de la próxima generación
Estos tres jóvenes protagonistas del futuro de la monarquía —George, Charlotte y Louis— ya tienen claro qué se espera de ellos. Charlotte, que parece interpretar las situaciones de forma casi instintiva, es una observadora nata. En Sandringham, colocó la mano en la espalda de George justo cuando hacía falta y, en muchas ocasiones, parece guiar a sus dos hermanos.
Tras tres años como rey y décadas como príncipe de Gales, Carlos está muy interesado en transmitir su experiencia. A menudo invita a sus nietos a merendar con él, algo que Kate fomenta. Es un abuelo divertido y a los niños les encanta pasar tiempo con él. Mientras comparten esos momentos, el monarca va dejándoles pequeñas lecciones que, sin darse cuenta, están guardando para su futuro. En una monarquía cada vez más reducida, hay menos miembros activos. Carlos III es consciente de que estos tres niños son el futuro de la institución que tanto valora. Su capacidad para mostrarse naturales ante el público es esencial, y su simpatía es una garantía para la continuidad de la Corona.
Los hijos de Guillermo y Kate también aprenden observando a sus padres, pero ahora lo hacen con una guía consciente que otras generaciones no tuvieron. Las Navidades de 2025 lo confirmaron: los tres niños se desenvolvieron con soltura entre el público, ilusionados por los regalos de chocolate, pero lo bastante mayores como para cuidarse y apoyarse entre ellos. Kate observaba desde cierta distancia, lista para intervenir si era necesario, mientras Guillermo los miraba con evidente orgullo. Así, el llamado “método del mono” de Carlos —aprender observando— ha sido por fin perfeccionado. El príncipe Felipe, seguramente, lo habría aprobado, aunque su lema de siempre era mucho más directo: “Ponte a ello y sigue adelante”.









