El regreso de Daniel Sánchez Arévalo con su sexto largometraje inaugura el cine español de 2026. Rondallas, producida por Ramón Campos, llegó a los cines el 1 de enero y es ese tipo de película que habría que convertir en tradición estrenar siempre en estas fechas para comenzar el año con buen rollo: una feel good movie en toda regla y una oda a la resiliencia y a la importancia de la comunidad en tiempos difíciles a ritmo de folclore. Un filme sobre una rondalla gallega (agrupación musical con numerosos integrantes, que tocan instrumentos de cuerda, percusión y gaitas) que ha hecho mucho ruido, ha devuelto el público a las salas y provocado mucha emoción en los espectadores. Junto a actores consagrados como Javier Gutiérrez, María Vázquez y Tamar Novas, los jóvenes actores Judith Fernández y Fer Fraga se convierten finalmente en el corazón de la película.
—¿Cómo llegó Rondallas a tu vida?
Hicimos un casting, como todos los gallegos, deduzco, porque éramos muchísimos —ríe—. Yo hice el casting desde el principio con Fer Fraga. Luego pasaron tres meses, porque empezaron a probar a los gaiteiros o algo así, y nos volvieron a llamar. Y así llegó.
—¡Qué difícil os debió resultar la gaita!
Es dificilísimo, pero lo pasamos muy bien. Tanto Fer como yo teníamos la idea de que era más fácil de lo que parecía; luego comenzamos con la flauta, como la del cole, y estuvimos seis meses dando clase. Darío, nuestro profesor en Madrid, nos dijo que, al llenar el saco de aire, nos íbamos a marear; yo pensaba que lo decía de broma, pero no, te mareas muchísimo. En el grupo de gaitas de Rondallas nadie es profesional, aprendieron a base de repetición; nosotros, exactamente igual. Fue una aventura.
—¿Cómo es tu personaje en la película?
Andy pierde a su padre dos años antes del momento en que está ambientada la trama. Todos los personajes de la película están en la oscuridad, pero ella especialmente. Es una chica muy de pueblo, con mucha fuerza, muy para adentro, muy para ella, creo que con muchas ganas de salir de ahí y muy pocas herramientas para poder hacerlo. Y con la llegada de Elías empieza a salir y encontrar la luz. Y viendo que el de enfrente también tiene mucha oscuridad, empieza a tranquilizarse en el sentido de darse cuenta de que su realidad no es tan importante.
—¿Y tienes algo en común con tu personaje?
Siento que no mucho, honestamente. Bueno, es de pueblo gallego, y eso es en lo que más conecto con ella, porque tiene una personalidad bastante distinta a la mía. Yo vengo de Corcubión, un pueblo de la Costa da Morte. Ella quiere conocer mundo y tiene mucha ambición con la música, aunque en ese momento esté más apagada por la etapa emocional que vive. Y ahí creo que conectamos bastante.
—¿Qué quieres decir con ser de pueblo gallego?
Si ves a mi abuela, es la buena decisión. No sé, hay algo muy de casa, mucha humanidad y simpleza. Para mí, ser de pueblo gallego es eso, es humanidad, es volver a casa, saludar al mismo panadero, caminar por la calle y decir buenos días. Es mucha comunidad.
—¿Crees que eso es lo que te hace mantener los pies en el suelo?
Completamente, sí. Volver a casa, en general, y volver al pueblo me apaga el ruido de la ciudad, que en la capital pasa todo muy rápido y de repente te olvidas de muchas cosas que recuperas cuando vuelves a casa, ves el mar y, simplemente, te sientas con la abuela un rato y recuerdas que no todo es para tanto y que todo está bien. Cuando me mudé a Madrid, los primeros años iba muchísimo a casa; necesito mucho mi dosis de Galicia y de Corcubión.
—¿Cuánto tiempo llevas en Madrid?
Desde los 18, cinco años.
—¿Cuándo sentiste por primera vez que querías ser actriz?
No tengo una fecha exacta, porque empecé a hacer teatro muy pequeña y, con doce años, me cogieron para hacer una serie donde María Vázquez hacía de mi madre. Así que no fue una pregunta que me hice, simplemente, me gustaba actuar… De hecho, te diré que a mí me castigaban sin ir a teatro. Me pasaba horas entre bambalinas con los mayores viéndolos ensayar en el Ruiseñor, que es una compañía de teatro de A Coruña. No recuerdo el momento en que les dije quiero ser actriz, pero creo que mi familia tenía muy claro que lo sería desde que era pequeña.
—¿En tu familia había algún vínculo con la interpretación?
No hay nadie que haya seguido alguna rama parecida a esto.
—¿Qué te dijeron en casa cuando comentaste que querías ser actriz y qué dicen ahora cuándo te ven?
Tengo mucha suerte, porque mis padres, mi hermana, mis abuelos, mis tíos, todos confiaron en mí mucho antes de que lo hiciese yo misma, y estoy segura de que hoy estoy aquí gracias a ellos. No creo que nunca hubiera tirado la toalla, porque soy muy apasionada de esto, pero en muchas ocasiones, cuando estaba abajo, me sacaron de ahí. Y mis padres y mi hermana me han hecho réplica y han grabado el 90 por ciento de los castings por vídeo y me han acompañado a los presenciales cuando vivíamos en A Coruña y me llevaban a Madrid. Esos viajes los hemos hecho mi padre y yo muchísimas veces. Soy muy afortunada y, ahora, creo que están contentos, quiero pensar que sí.
—¿Qué o quién te sigue imponiendo mucho respeto en el mundo de la interpretación?
Respeto le tengo a todo, pero no desde un lugar de miedo o inseguridad. Admiro y respeto carreras como las de María Vázquez o Daniel Sánchez Arévalo, a compañeros que, aunque pasen los años, sigue ahí con la misma ilusión, constancia y amor por la profesión. Esta es una pregunta sobre la cual reflexionaré, nunca lo he hecho antes. Me has abierto un melón —ríe—.
—¿Qué crees que te distingue de otras compañeras de tu misma generación?
Yo creo que la comparación es con mi yo de antes, más que con mis compañeras, porque somos todas distintas. Antes era más un juego y ahora soy más consciente de a dónde quiero llegar.
"Siempre me ha gustado la moda y, honestamente, soy bastante presumida gracias a mi gran abuela Marisa, que también lo es y creo que lo he heredado de ella"
—¿Qué te gusta hacer para desconectar?
La música. También me preparo mucho con Lorena Bayonas, y ella trabaja mucho con la música, y a mí me conecta y me concentra estar con la música cuando estoy rodando.
—¿Cuál es tu plan perfecto?
Sin ningún tipo de duda, estar en mi pueblo con mis amigos de siempre (la chavalada nos llaman a mi grupo) y bajar a la playa de Quenxe un día de verano. Sí, ese sería mi plan perfecto.
—¿Qué tipo de películas o de series te gusta ver?
No podría destacar un género. Me gustan las historias muy humanas, me gusta mucho Disney, soy muy chica Disney.
El comienzo del año
—¿Cómo llevas la presión en los momentos de inseguridad?
Tengo la suerte de tener un buen círculo, tanto de amigos como de familia. Y por ahora no he sentido tanto esos momentos de presión o inseguridad; creo que relativizo bastante y volvemos a lo que contaba antes, se trata de volver a casa y recordar que no todo es para tanto; eso me devuelve a tierra y me da equilibrio. Pero creo que mi círculo es bastante responsable de mi tranquilidad.
—¿Cómo crees que te describirían tus amigos más cercanos?
Seguramente, alocada sería un buen adjetivo, y también me describirían como alegre y cariñosa.
—¿Qué tal llevas aparecer cada vez más en las alfombras rojas, elegir los looks, experimentar con la moda?
Mis estilistas son amigos míos y me siento muy segura con ellos, porque saben perfectamente lo que hacen y eso me da tranquilidad para probarme todo lo que me propongan. Por otro lado, a mí siempre me ha gustado la moda y, honestamente, soy bastante presumida gracias a mi gran abuela Marisa, que también lo es y creo que lo he heredado de ella.
—En tu día a día, ¿cuál es tu estilo?
Como te digo, soy bastante presumida, no suelo ir en chándal. Puedo tardar mi ratito en salir de casa, eso es una buena definición. Soy muy Coruña vistiendo, allí hay un estilo muy definido: la gente viste muy bien, va de punta en blanco, y creo que eso lo llevo muy en la sangre.
—¿Qué es lo que más te ilusiona ahora mismo?
Ahora mismo, el comienzo del año. Me gusta pensar que, cuando un año comienza, pueden empezar muchas cosas.
"Viví en Escocia hasta los once años y, de hecho, me siento bastante escocesa. Lo echo mucho de menos. Hace un par de años volví y entendí muchas partes de mi personalidad, fue muy bonito"
—¿Qué esperas de este 2026 que acaba de llegar?
Espero mucho amor, mucha tranquilidad, mucha paz mental. Espero mucha salud para los niños y mucho trabajo.
—¿Y qué te gustaría conseguir a corto plazo en tu carrera?
Me gustaría tener sobre la mesa historias muy humanas, que vayan más allá de lo superficial. Aunque también entiendo que se me hace más complicado salir del papel de adolescente, como la hija. Y luego, bueno, soy medio escocesa, entonces, obviamente, me gustaría trabajar en mi idioma.
—¿Eres medio escocesa?
Sí, de Edimburgo. Viví ahí diez años, entonces, me gustaría trabajar en inglés
—¿Por parte de familia paterna o materna?
No, ninguno de los dos. Estuvimos viviendo allí hasta los once años. Yo me siento bastante escocesa, de hecho. Hablaba poco español realmente y ahora todavía pienso a veces en inglés
—¿Echas entonces de menos Escocia?
Lo bueno es que siento que Galicia y Edimburgo son un poco primos hermanos, se parecen mucho. Pero sí, lo echo mucho de menos. Hace un par de años volví y entendí muchas partes de mi personalidad, y volver a casa y darme cuenta de eso fue muy bonito.
—¿Cómo te imaginas en unos años o cómo te gustaría verte?
Me gustaría imaginarme con el mismo amor, pasión e ilusión que tengo ahora por la profesión. Y me gustaría imaginarme como veo a mis compañeros, a los que admiro, que son muy constantes y muy trabajadores y tienen en cuenta e incluyen a todo aquel que venga nuevo.
—¿Y qué esperas de Rondallas?
Espero que vaya mucha gente al cine. Se ha vuelto algo extraordinario y me gustaría que se volviera otra vez algo rutinario. Me parece algo muy bonito y, ahora mismo, prácticamente solo consigue el cine que una banda de desconocidos se junte, se sienten en la misma fila, apaguen el móvil y todos lloren y rían por las mismas cosas, olvidándose de dónde vienen, qué trabajos tienen o qué piensan políticamente. Así que espero que Rondallas nos vuelva a recordar eso. Y es una película que habla de comunidad y de cómo gente que seguramente no se saludaría por la calle, durante un par de horas, se une para hacer lo mismo.










