El novio, Gonzaga de Bofarull de Zuleta, es sobrino de dos personajes estrechamente relacionados con la Casa Real. Por un lado, del aristócrata y militar José Manuel Zuleta, quien fuera jefe de Secretaría de la reina Letizia desde 2014 hasta 2024 y que ostenta los títulos de duque de Abrantes y marqués del Duero. Y por otra, de Felipe de Zuleta, quien dirigió la carrera como amazona de la infanta Elena durante nueve años, desde 2006 a 2015.
Gonzaga trabaja en la Universidad Francisco de Vitoria, y Blanca es ingeniera industrial y trabaja como consultora. Se conocieron en un campamento nacional del colegio en el que estudiaron, él en Barcelona y ella en Valencia. Gonzaga se hizo muy amigo del hermano de Blanca y empezaron a coincidir en formaciones de fin de semana y eventos, hasta que él un día pensó: “¡Pero si esta niña lo tiene todo!” Y la amistad dio paso al amor en 2019, año en que empezaron su relación.
Pedida en Lourdes, su lugar especial
A pesar de mantener un noviazgo a distancia y tener que pasar separados físicamente la pandemia, consiguieron conocerse e ir afianzando su vínculo a base de largas conversaciones por teléfono, videollamadas y muchos sentimientos compartidos. Tras cinco años y medio de relación, en 2024 Gonzaga le pidió matrimonio a Blanca en el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes. Un lugar especial para la pareja ya que Blanca había sido voluntaria durante años de la Hospitalidad de Lourdes y una vez al año viajaban juntos a este lugar.
Entre lágrimas y mucha emoción se prometieron, sin que ella supiera aún que Gonzaga ya tenía todo previsto y la fecha de la iglesia reservada. El lugar elegido para la boda fue Jerez de la Frontera ya que la madre de Gonzaga es jerezana y es una ciudad que apasiona a ambos. Gonzaga es catalán como su padre, pero un pedazo de su corazón reside en esta bonita ciudad andaluza que vio crecer a su madre. Blanca, por su parte, es valenciana. El día de la boda coincidió con el Día de Todos los Santos, ya que la fecha que en principio había reservado Gonzaga, el 6 de septiembre, coincidía con la boda de su prima, hija de su tío José Zuleta.
Una ceremonia emotiva
El templo elegido fue la Catedral de Jerez, que recibe el nombre de Colegiata de Nuestro Señor San Salvador. Un edificio del siglo XVII de planta cuadrangular situada en pleno centro de la ciudad.
El momento que el novio recuerda como el más emotivo de la ceremonia religiosa es cuando vio entrar a Blanca a la catedral. Primero, tal y como marca la tradición, había entrado él del brazo de su madre, quien ejerció como espectacular madrina, con un vestido en verde esmeralda de Beatriz Romero García-Pelayo y luciendo la tradicional mantilla española negra. Inmediatamente después se cerraron las puertas del templo, esperando para abrirse con la llegada de la novia en el coche de caballos. “Estaba con mi madre y de repente vi que se abrían las puertas y entraba la luz. Ver poco a poco ver a Blanca vestida de novia caminando sin poder ver su rostro aún, intuyéndolo porque iba velada fue espectacular” recuerda.
“También cuando mi hermana pequeña cantó el Salmo, fue una sorpresa y muy emocionante por lo que significaba” admite Gonzaga. A lo que Blanca añade: “Tenemos varios amigos que cantan muy bien, cada canción de la boda estaba pensada al detalle como si estuviera bajando el cielo. Nos llegaba al corazón".
Gonzaga lucía el tradicional uniforme de la Real Maestranza de Caballería de Zaragoza que consiste en casaca y pantalón en azul marino y dorado con un bicornio y un sable pertenecientes a su bisabuelo y abuelo. La homilía fue ofrecida por un sacerdote amigo de los contrayentes, por lo que fue de lo más emotiva y cercana. Como pajes actuaron los primos pequeños de la novia y la sobrina del novio, de tan solo unos meses, por lo que iba en un gracioso carrito de mimbre.
El vestido de la novia
Blanca escogió un vestido sencillo realizado en seda rústica de escote barco, con sobrefalda en organza que dotaba al vestido de movimiento y frescura realizado por Pilar Serra. Los pendientes que llevaba tenían un especial significado, pues eran los que había llevado su abuela paterna ya fallecida, el día de su boda. Además del velo, restauró una mantilla antigua de fallera de la familia de su padre y durante el baile prescindió del velo y se quedó únicamente con ella.
El ramo de Blanca fue confeccionado por Los detalles de Sonia, de Sonia Mompó en colaboración con Docrys Floral. Una sorpresa para la novia que no lo vio hasta el día de la boda y lo único que pidió es que se pudiera dividir, con la entrañable intención de regalarle la mitad a su madre y la otra mitad a la madre de Gonzaga. En él, portaba una medalla de nacimiento de su abuela materna, que hizo un gran esfuerzo para asistir a la boda en Jerez debido a su avanzada edad.
Una celebración llena de detalles
Tras la ceremonia religiosa los novios y sus invitados se desplazaron a las Bodegas Gonzalez Byass, donde ofrecieron un cóctel a modo de aperitivo y después una comida donde no faltó ningún detalle. El sitting plan había sido dibujado por el propio novio y los regalos para las invitadas fueron unos originales bolsos cosidos a mano por la abuela de la novia.
Durante el baile se produjeron varios momentos emotivos, Pedro el padre de Blanca le dedicó cantando y bailando una canción a su hija recién casada. Después se unieron Gonzaga con su madre, y tras el tradicional baile de los recién casados “en el que yo solo intentaba no tropezarme y seguirla, ya que Blanca hizo nueve años de ballet” reconoce riendo Gonzaga, los novios quisieron tener un momento especial con sus hermanos y sus padres reservando un baile solo para ellos.
Como en toda boda, no faltaron las anécdotas. Por suerte, Blanca es positividad en estado puro. Cuando iba camino de la iglesia, en el coche de caballos junto a su padre, notó el zapato muy suelto: “Me levanté un poco el vestido y al intentar abrocharme el zapato ¡tenía los dos tacones rotos! La tira que se engancha al tobillo se había roto en los dos pies. “Pensé: tengo que andar un poco y luego voy a estar quieta no pasa nada. Pero claro tardé un montón en conseguir ajustármelos y llegué tarde” cuenta con humor.























