Después de diez años de amor, Gigi Sarasola (que es como lo llaman sus amigos) y Sara Zaldívar han decidido celebrarlo por todo lo alto con una boda en República Dominicana, que se ha alargado durante cinco días bajo el sol del Caribe. Mientras España atravesaba una ola de frío polar, el empresario y exjinete olímpico reafirmaba su compromiso con la madre de sus dos hijos, arquitecta y asesora de arte contemporáneo, y lo hacía en las paradisiacas playas de Punta Cana, con 28 grados.
La novia llevó un vestido de corte sirena, palabra de honor, con flores de tul blanco, y unos fabulosos pendientes de diamantes y perlas, que eran de su madre, y Gigi, el clásico esmoquin de verano con blazer blanca
Como un sueño en un verano sin fin, que es una fiel metáfora de lo que han sido estos diez de relación entre Sara y Fernando. Pero lo cierto es que hay que remontarse otros quince años más, hasta el año 2000, cuando empezaron a coincidir en la noche madrileña. Ahí, Sarasola ya era una estrella de la hípica, aunque también había saltado a las revistas por su vida sentimental: comenzó los 90 junto a Marta Sánchez, cuando la cantante reventaba las listas de éxitos con Olé Olé, y lo terminó junto a Penélope Cruz, su pareja entre 1997 y 1998, cuando la actriz ya empezaba a meter la cabeza en Hollywood.
Normal que Sara, que en aquel año 2000 tenía 17 años, tuviera sus reticencias para conocer más a Gigi y esperase más de una década para empezar a salir con él. Fue en 2015, una vez separado de Tita Asfolfi, cuando el empresario consiguió conquistar a Sara, a la que considera "la mujer más guapa del planeta" y también el amor de su vida. En septiembre de 2017, a los dos años de iniciar su relación, consolidaron su historia al tener a su primer hijo, Tristán. Ya el 14 de febrero de 2020, nació Gala Valentina. Lo que no había trascendido hasta la fecha es que Gigi y Sara también se casaron el mismo año en el que nació su hijo: contrajeron matrimonio en una ceremonia discreta, con la intención de festejarlo más adelante con sus seres queridos.
Que comience la fiesta
Efectivamente, han tenido que pasar nueve años para celebrarlo, pero la espera ha merecido la pena. El día 30 de diciembre, los novios tenían preparada una fiesta, en la casa del empresario José Rivero, para los primeros invitados en llegar y donde Sara lució uno de sus primeros vestidos nupciales, que era de lentejuelas. Sin embargo, fue el miércoles 31 de diciembre cuando empezaron las celebraciones. "Por la mañana, organicé para mis amigas una sound healing en unos cenotes llamados Los Ojos Indígenas. Nos tumbamos en unas colchonetas encima del agua y nos limpiaron los chacras para empezar el 2026 renovadas", nos explica Sara.
Esa misma noche, los novios celebraron su preboda, donde reunieron a gran parte de los invitados que ya habían llegado a Punta Cana: Samantha Vallejo-Nágera con Peru Aznar y los cuatro hijos del matrimonio, Mar Flores y los duques de Terranova, Gonzalo de la Cierva y Patricia Olmedilla, con sus tres hijas. "La fiesta estaba inspirada en La Habana de los años 50", nos cuenta Sara, quien allí desveló un nuevo traje nupcial.
Gigi llegó con una madrina de excepción: su hija, Gala, de cinco años. Media hora después, una espectacular Sara iniciaba su camino hacia al altar, de la mano de su hijo mayor, Tristán
En esta ocasión, eligió un vestido corto, de escote corazón y con falda abullonada, que combinó con un gran collar de vueltas de perlas, más joyas de Suárez, un minibolso de Dior y unas sandalias beis diseñadas por su amiga Isabel Abdo. "Estuvimos unas 300 personas, porque también estaban los amigos de nuestro amigo. Los hombres iban con guayabera y las mujeres, supersexies y guapas… Todos tomamos las uvas juntos" nos continúa contando Gigi. "Había las típicas señoras haciendo puros, una banda de música caribeña… Quería algo muy caribeño, para que nuestros invitados lo sintieran, e hicimos la fiesta en una casa preciosa de un amigo, que es supergeneroso. ¡Fue una fiesta muy glamurosa!", añade la asesora de arte.
Para el 1 de enero, tras la preboda, Gigi y Sara tenían preparado el mejor plan para reponer fuerzas: disfrutar de la playa. Ya para el día siguiente, ambos organizaron un torneo de golf, "con premios y todo", tal y como apostilla el empresario. "Ay, eso ha sido divertidísimo", añade Sara. Para la ocasión, la novia desveló un nuevo vestido nupcial: un diseño con escote anudado y algo más casual —acorde con el momento—, pero igual de favorecedor.
El gran día: el 'sí quiero'
Sin embargo, el gran día fue el sábado 3, que es cuando tuvo lugar la ceremonia. El enclave escogido, insuperable: Playa Blanca, en Punta Cana Resort. Allí, se dieron cita los 150 seres queridos. A los ya mencionados anteriormente hay que añadir el matrimonio formado por Mónica Sada y Vicente Calderón —nieto del histórico presidente del Atlético de Madrid—, y el expoltico Marcos de Quinto —también exvicepresidente de Coca Cola Company a nivel mundial—, que acudió con su mujer, la soprano Angélica de la Riva.
"El momento más especial de la ceremonia fueron los discursos de los amigos y las palabras de Gigi", confiesa la novia
Todos ellos estaban citados a las 16:00 en la playa, donde se encontraba un precioso altar compuesto por flores blancas. No tardó en aparecer Gigi, impecable con un esmoquin tropical —con chaqueta blanca y pantalones negros—, mientras sonaban las primeras notas al piano de la mítica canción Fly Me to the Moon, que popularizó Frank Sinatra. Lo hizo, además, acompañado de una madrina de excepción: su hija, Gala. Media hora después, una espectacular Sara iniciaba su camino hacia al altar de la mano de su hijo mayor, Tristán.
En este momento, sonaba otro clásico de la música, La Vie en Rose, de la irrepetible Édith Piaf, a la vez que quedaba desvelado el gran secreto de la novia: su traje nupcial. En esta ocasión, se decantó por un sugerente diseño de la firma neoyorquina Bronx and Banco, de corte sirena, escote palabra de honor y adornado de flores de tul blanco bordadas. Sara lo combinó con unos fabulosos pendientes de diamantes y perlas, que pertenecían a su madre —fallecida hace unos años— y otros zapatos con tacón de diez centímetros, diseñados para la ocasión por su amiga Isabel Abdo.
Gonzalo de la Cierva, gran amigo de los novios, ofició la boda; todo un acierto, ya que el duque de Terranova ya había celebrado varias en su etapa de teniente de alcalde
Una vez reencontrados Gigi y Sara en el altar, comenzó el "sí, quiero", que fue oficiado por Gonzalo de la Cierva, gran amigo de los novios. Sin duda, todo un acierto, ya que el duque de Terranova ya había celebrado bodas anteriormente, al haber sido teniente de alcalde. Sin embargo, no fue el único en tomar la palabra durante la ceremonia: además de las dos damas de honor, Ishtar Espejo y Carmen Panadero —directora de la Fundación Aladina y presidenta de Wires, respectivamente—, habló Samantha Vallejo-Nágera, como testigo del novio.
Angélica de la Riva, mujer del empresario y expolítico Marcos de Quinto, también tomó el micrófono, aunque para cantar: la soprano brasileño-cubana interpretó dos espectaculares arias: Barcarola, de la ópera Los cuentos de Hoffmann, de Jacques Offenbach, y O mio babbino caro, de Puccini.
Del banquete al baile
Alrededor de las 17:30, se sirvió un cóctel con sabor muy caribeño: daditos de atún rojo, tequeños, crudo de langostinos… Mientras tanto, sonaba música en directo y los invitados aprovecharon para conversar con sus invitados. Todos ellos estaban de acuerdo en una cosa: lo guapa que estaba la novia y lo bonita que había sido la ceremonia. Ya a las 19:00 se procedió al banquete, a modo de bufé: una amplia variedad de ensaladas y ceviches más carnes y pescados a la brasa.
Curiosamente, los novios no quisieron la tradicional tarta nupcial. En su lugar, optaron por una cascada de champán, con la que brindaron con sus seres queridos por sus diez años de amor. En ese momento, Gigi y Sara se dirigieron a sus invitados para agradecer su compañía en un día tan especial. Igualmente, la novia también tuvo unas palabras muy emotivas para recordar a su madre.
La soprano Angélica de la Riva interpretó dos arias para los contrayentes. Y tras el «sí, quiero», la ceremonia terminó con el romántico L-O-V-E, de Nat King Cole
A continuación, Sara desveló el último de sus trajes nupciales: un diseño corto, de corte evasé, de la firma Annie’s Ibiza. El vestido estaba confeccionado en seda y estaba decorado con perlas en el escote y tirantes. De esta forma, protagonizó su baile nupcial con Gigi, el cual ambos venían ensayando desde hacía algunas semanas. La canción escogida para este momentazo fue, otra vez, el clásico Fly Me to the Moon, de Sinatra.
Ya pasadas las 21:00 horas, el DJ Briceño tomó el timón y se encargó de animar la velada con una divertida sesión de música que se alargó bien entrada la noche. Hasta los más pequeños bailaron sin parar. Gala y Tristán se lo pasaron pipa con los hijos de Samantha y los de otros invitados, ya que había casi cuarenta niños. Sin duda, una celebración divertidísima y original con la que Gigi y Sara ponen el broche de oro a sus diez años de amor.
Mónica Sada y Vicente Calderón (nieto del histórico presidente del Atlético de Madrid) asistieron juntos, ya que hace siete meses decidieron dar una segunda oportunidad a su matrimonio
—Vaya forma de celebrar vuestra unión.
GIGI.—Ha sido un sueño. Entrañable, entre amigos y muy divertida.
—¿Qué pensaste al ver a Sara en el altar?
G.—Que no podía haber una mujer más bella en todo el planeta.
—¿Cuál ha sido el momento más especial?
SARA.—Los discursos de los amigos y las palabras de Gigi.
—¿Cómo lo han vivido vuestros hijos?
G.—Estaban emocionados, superatentos a todo y muy orgullosos.
S.—Daba gusto mirarlos y verles con una gran sonrisa.
—¿Quién tuvo la idea de celebrar ahora la boda? ¿Gigi?
G.—Más bien ha sido de Sarita (ríe).
S.—Nos casamos en 2017, pero no habíamos hecho nada para celebrarlo y no paraba de decírselo. Ya en febrero del año pasado, estando en Punta Cana, me comentó: "Qué sitio tan bonito para casarse". Ahí le dije: "¿Sí? Pues hagámoslo".
—¿Tenéis casa aquí?
G.—No, pero somos unos enamorados de República Dominicana. El mejor sitio era Punta Cana, por su infraestructura.
—¿Y por qué en Navidades?
S.—Algo que nos caracteriza es que somos poco convencionales (ríe). Quería algo distinto y me parecía divertida la fecha. Además, la gente puede venir por vacaciones.
G.—Ya había ido a algunas bodas en Navidad y me parecieron muy divertidas.
Ana Bono, la hija más discreta del ex ministro de defensa José Bono, acudió como amiga de la novia
—Háblanos de tu vestido, Sara.
Es un vestido palabra de honor, de corte sirena y con flores de seda bordadas. Me costó muchísimo elegirlo. No suelo ser indecisa, pero he mirado 200 millones de vestidos. Al final, al celebrarlo en la playa, todo es distinto. No podía ir de tarta de nata. Luego, tenía claro que no quería hacérmelo. Eso de probarte vestidos… Para estas cosas, soy superpráctica, así que vi uno en internet, en una tienda que ya conocía y donde todo me queda siempre bien. Después de recibirlo, me lo tuvieron que arreglar un poquito.
—¿Qué llevaste azul y qué prestado?
Una amiga me regaló una liga azul (ríe). Y prestadas, algunas joyas de mi madre.
—¿Y el segundo vestido?
Quería uno cortito. Monísimo, para bailar (ríe).
—Con tanto viaje, ¿conseguiste que Gigi no viera los vestidos?
Vio los dos antes de ir a República Dominicana. Le pregunté si le importaba verme con ellos. Ya te digo que no somos nada convencionales (ríe).
—No sois nada supersticiosos.
¡Si lo hacemos todo al revés! Nos estamos casando diez años después (ríe).
"Esto ha sido maravilloso, lo que cualquier persona podría desear: algo muy bonito y en un sitio espectacular. Todo ha salido muy bien", nos cuenta Gigi
—Gigi, tu madre no ha podido acompañarte esta vez…
G.—No, está en Colombia. Tiene 85 años ya y no puede viajar.
S.—No tengo familia. Tengo padre, pero no ha venido. Mi madre falleció y no tengo hermanos… Nosotros somos la familia.
—Os ha acompañado la familia elegida. Como Gonzalo de la Cierva, que ha oficiado la ceremonia.
G.—Es muy amigo nuestro de siempre, como de su mujer, Patricia. Además, puede oficiar bodas porque es teniente de alcalde y, de hecho, las hace muy bien. Además, con ese talante y esa presencia… Era la persona ideal.
S.—Al principio, la gente nos decía qué lejos. Pero empezó a animarse todo el mundo…
—Era un planazo. ¿Siempre tuvisteis claro que celebraríais así vuestra boda?
S.—Pues no, la verdad (ríe). Ha ido todo surgiendo poco a poco y de forma muy natural. Lo que tenía claro es que la ceremonia sería en la playa.
—Gigi, ha sido tu segunda boda. Supongo que querías algo completamente distinto y único.
Sin duda. Esto ha sido maravilloso, lo que cualquier persona podría desear: algo muy bonito y en un sitio espectacular. Todo ha salido muy bien.
—¿Y lo de organizar todo a tanta distancia?
S.—Ha sido un poco locura. Lo peor, la logística.
G.—La verdad es que lo ha hecho todo Sarita (ríe). Prácticamente, no me he metido en nada.
"Samantha y yo somos amigos de toda la vida, desde pequeñitos, prácticamente", nos dijo Gigi de la chef, que fue una de sus testigos
—¿Quién ha tenido más nervios los días antes?
S.—Yo no he estado nerviosa…
G.—No, qué va (ríe).
S.—He estado emocionada. Pero es que tenía muchas cosas en la cabeza y había que organizar todo.
G.—Algunas noches le ha costado dormir. Es que había muchos detallitos.
—¿Habéis estado todas las fiestas en Punta Cana?
G.—No, pasamos la Nochebuena en Madrid.
—¿Con vuestras familias?
G.—Mi madre está en Colombia y Sarita no tiene madre… Cenamos nosotros con amigos. El día 25, por la mañana, los niños abrieron los regalos, y a las cuatro de la tarde nos fuimos a coger el avión.
—Vamos al comienzo. ¿Cómo os conocisteis?
G.—De salir por la noche en Madrid, porque teníamos muchos amigos en común. Fue hace 25 años.
S.—Sí, nos veíamos en Pachá y en otros sitios. Al final, Madrid es una ciudad pequeña.
G.—Sarita tenía 17 y yo era un poquito más mayor. Ella era íntima amiga de Ishtar Espejo, mujer de Carlos Ochoa, que es uno de mis mejores amigos.
S.—Ahí no éramos amigos. Coincidíamos en sitios.
—¿Fue un flechazo?
G.—Por mi parte, sí. Pero ella no me hacía ni caso.
S.—Parecía peligroso y yo no quería sufrir… Me encantaba, pero sabía que era terreno pantanoso…
"Nos casamos en 2017, pero no lo habíamos celebrado y yo no paraba de decírselo. Ya en febrero, estando en Punta Cana, me comentó: ¡Qué sitio tan bonito para casarse!”. Ahí le dije: “¿Sí? Pues hagámoslo", nos cuenta Sara
—¿Por su fama de conquistador? Ahí, ya había salido con Penélope Cruz…
S.—Claro, tenía fama de donjuán. Pero tampoco ligaba bien. Supuestamente, él estaba ligando conmigo, pero yo no me daba mucha cuenta (ríe).
—¿Y cuándo surgió el amor entre vosotros?
S.—Muchos años después, cuando yo vivía en Londres. Unos amigos nos invitaron al Festival de San Sebastián y, allí, me contó que iba a Londres.
G.—Llevaba seis o siete años con la media maratón de Londres e iba a volver a correr.
S.—Le dije que no había participado nunca y que, si quería, me apuntaba con él. Él me contestó que yo tendría que entrenar…
—Gigi, tenías urdido el plan.
S.—Cada día, me decía lo que tenía que correr. Y como soy superdisciplinada, lo cumplía. Ya en Londres, corrimos la carrera juntos y ahí morí de amor.
—¿Qué viste que te hizo cambiar de opinión?
S.—Aparte de que me parece superatractivo, es la persona más noble que conozco, megaculto… Le encanta aprender. Además, es muy disciplinado… Tiene muchísimas virtudes.
—Y a ti, Gigi, ¿qué te llamó la atención de Sara?
G.—Además de muy guapa, siempre fue una niña muy seria y con muchos principios. Aparte, muy simpática. Me encantaba su magia, que es evidente. Pero no me quería ver ni en pintura (ríe).
—¿Cómo han sido estos diez años?
S.—Hemos construido una familia preciosa juntos. Y nos llevamos muy bien.
G.—Sí, han sido maravillosos, la verdad.
S.—Siempre digo que él es mi mejor amigo. Si debo elegir a alguien con quien hacer cosas, diría que con él. Es con quien mejor me lo paso.
G.—Hemos conseguido y construido una familia maravillosa y una relación preciosa.
—Gigi, tardaste tiempo hasta ser padre. ¿Siempre tuviste claro que, primero, desarrollarías tu etapa profesional y, después, la personal?
G.—Sí, totalmente. Podía no haber sido de esta forma, pero ha sido así y me siento afortunado, en ese sentido, de poder haber hecho todo a nivel deportivo y dedicarme ahora todo el tiempo a ser esposo y a ser padre. Es una suerte, porque, para eso, hay que tener mucho tiempo.
Sara desveló el último de sus trajes nupciales: un diseño corto de línea evasé. El vestido estaba confeccionado en seda y decorado con perlas en el escote y tirantes
—Dejaste tu carrera deportiva hace justo 20 años.
G.—Sí, fue en 2006. Ahí ya había realizado mis sueños de llevar una vida de deporte y de competición al alto nivel: participé en Juegos Olímpicos, campeonatos del mundo, campeonatos de Europa… El gran éxito que fueron los Juegos Olímpicos de Atlanta, donde conseguí, como sabes, el mejor resultado en la historia de los Juegos por parte de un español.
S.—Mientras lo compaginabas con los estudios.
G.—Por supuesto, soy abogado también, hice mi carrera de Derecho. Cuando competía, todos eran profesionales menos yo. Yo tenía mi trabajo y mi carrera, pero los demás, desde los seis años, no habían hecho otra cosa que montar a caballo. Cuando dejas de tener eso, se crea un vacío, y eso afecta a muchos deportistas.
—¿Cómo lograste que no te afectara a ti?
G.—Enseguida me puse a correr maratones y a participar en Ironman… Ahí tenía tres o cuatro meses para prepararme, así que mantuve esa disciplina bastante tiempo. Cuando ya empezamos Sarita y yo, tampoco podía seguir, porque me machacaba mucho las rodillas y el cuerpo. Por eso, me puse con otro tipo de deportes. Ahora hago muchísimo boxeo. Siempre me pongo objetivos a medio plazo, para seguir motivado.
—¿Sufriste ese bajón emocional al terminar tu carrera deportiva?
Al principio, por supuesto. Dejé de competir porque ya no podía dedicarle todo el tiempo que requiere la alta competición. Se me juntó mucho trabajo con otras obligaciones, por lo que empecé a tener más caídas… Tras una muy fuerte, decidí dejar de montar. A raíz de eso, sí tuve como un par de años que hasta que pude volver a encontrarme…
—¿Dos años desorientado?
Sí. Lo echaba muchísimo de menos.
—En los 90, tuviste grandes logros deportivos, pero también aparecías en los medios por tu vida sentimental: desde Penélope Cruz a Marta Sánchez. ¿Sientes que no has conseguido un reconocimiento del público por ello?
¿Por ese lado frívolo? No sé… No me lo planteo. Realmente, he sido muy afortunado por todo lo conseguido y tampoco pido reconocimiento de la gente. Sí es verdad que te resta un poquito de mérito a todos los logros profesionales, ya no deportivos, sino también profesionales. A veces, la gente puede confundirse, aunque me da igual lo que piense.
—¿A qué te dedicas en la actualidad?
Tengo negocios inmobiliarios. Básicamente, es a lo que me he dedicado en los últimos quince años.
—¿Tu fama de conquistador es merecedora?
Hay mucho de leyenda (ríe).
Se sirvió un cóctel con sabor caribeño: daditos de atún rojo, tequeños, crudo de langostinos… Y, en vez de tarta nupcial, los novios optaron por una cascada de champán
—¿Qué opinas tú, Sara?
Como te digo, me daba un poco de respeto. No me apetecía ser la número 325.
Ya pasadas las nueve de la noche, el DJ Briceño tomó el timón y se encargó de animar la velada con una divertida sesión de música que se alargó hasta bien entrada la madrugada
—Cuando empezaste con él, ¿tu entorno no te dijo cuidado?
Sí, por supuesto. Pero, por otro lado, también hubo comentarios superbuenos de la gente que es
—¿Cómo te ves en tu faceta de padre?
Encantado, feliz. No te puedo decir más. El mayor es un terremoto y la pequeña, una princesa (ríe).
—Sara, en tu caso, el arte siempre ha sido tu gran pasión.
Y he tenido la suerte de dedicarme a ello. Soy arquitecta de formación y, de hecho, me acabo de doctorar. Tengo una empresa de gestión cultural que se llama Huntress Of Art y hago proyectos relativos al arte contemporáneo. Luego, asesoro a clientes en la compra y venta y dirijo un máster en la Universidad Complutense, que se llama Arte, Mercado y Emprendimiento. También tengo una feria que se llama CerARTmic, dedicada íntegramente a la cerámica.
"La preboda —celebrada en Nochevieja— estaba inspirada en La Habana de los años 50. Estuvimos unas 300 personas y tomamos todos las uvas juntos", explica Sara a ¡HOLA!
—Luego, el arte es algo que te ha unido más a Gigi.
Sí. Otra de las cosas que me gusta mucho de Gigi es que ya coleccionaba antes de conocerme
y le gusta acompañarme a ferias y exposiciones. Luego, tenemos nuestra fundación, que se llama Fundación MZ y tiene un proyecto: El Núcleo, que es una residencia de artistas en su finca en El Espinar desde hace siete años.
Para el 1 de enero, tras la preboda, Gigi y Sara tenían preparado el mejor plan para reponer fuerzas: disfrutar de la playa. Y el día antes del "sí, quiero", ambos organizaron un torneo de golf, "con premios y todo"
—¿Qué pedís a este 2026?
G.—Después de empezarlo a lo grande con la boda, lo único que le pido es salud. Básicamente, que sigamos avanzando y creciendo como pareja, como familia y en todos los sentidos.

















































