La historia de amor de Nicole Kidman y Keith Urban duró más de 17 años, pero la resolución de su divorcio no ha tardado ni tres meses. El proceso ha sido increíblemente rápido, si tenemos en cuenta lo largas, mediáticas y emocionalmente desgastantes que suelen ser las separaciones de las celebrities. Y es que, en este caso, los dos tenían claro que no querían que se alargara ni se convirtiera en un foco de tensión innecesaria. Por eso, han puesto todo de su parte para que la separación se resolviera cuanto antes, y lo han conseguido. La protagonista de Big Little Lies y el cantante, ambos de 58 años, han tomado esta decisión desde el respeto mutuo, con una prioridad muy clara: proteger a sus hijas y garantizarles estabilidad, lejos del ruido mediático y conflictos familiares.
Una decisión que ha sorprendido
Para ello, la expareja ha decidido renunciar a todos los derechos de manutención de Faith, de 15 años, y Sunday, de 17. ¿Y esto qué significa? Aunque en un principio puede parecer una cláusula llamativa, conviene aclarar que no se refiere a que sus padres dejen de mantenerlas ni de responsabilizarse económicamente de ellas. Lo que implica es que ninguno de los dos reclamará al otro una pensión de manutención, es decir, no habrá pagos mensuales obligatorios de un progenitor a otro, fijados por un juez. Este acuerdo se entiende claramente por una razón y es que tanto la protagonista de Moulin Rouge como la estrella de country cuentan con recursos económicos suficientes y han optado por asumir los gastos de sus hijas de forma directa y consensuada, sin litigios.
Según el plan acordado para sus hijas, tanto Nicole como Keith se comprometen a "comportarse entre ellos y con cada una de sus hijas de manera que se garantice una relación afectuosa, estable, coherente y protectora, pese a estar divorciados". El documento establece además que ninguno hablará mal del otro ni de los miembros de la familia del progenitor contrario, y subraya la importancia de fomentar un entorno emocional sano. "Ambos animarán a cada hija a seguir queriendo al otro progenitor y a sentirse cómoda en ambas familias", recoge el acuerdo.
Su divorcio ejemplar
En cuanto a la custodia, la casa de Kidman será la residencia principal de Faith y Sunday, ya que la actriz vivirá con ellas 306 días al año. Urban, por su parte, dispondrá de 59 días anuales, además de fines de semana alternos, desde las 10 de la mañana del sábado hasta las 6 de la tarde del domingo. Pese a esta organización del tiempo, el acuerdo deja claro que ambos padres comparten la responsabilidad conjunta en todas las decisiones importantes relacionadas con la vida de sus hijas, desde la educación hasta las cuestiones médicas, reforzando así un modelo de coparentalidad basado en la colaboración y el respeto mutuo. "Sus hijas viven con Nicole, pero pasan todo el tiempo que quieren con Keith", ha dicho una fuente cercana. "No hay drama".
Sin duda, el de Nicole Kidman y Keith Urban se ha convertido en un ejemplo poco habitual dentro del turbulento universo de los divorcios del star system: una separación gestionada con discreción, rapidez y sentido común, en la que el respeto mutuo y el bienestar de sus hijas han primado por encima de todo lo demás.
Así queda el reparto de su millonario imperio
Otro punto importante de su divorcio era qué iba a pasar con su imperio inmobiliario valorado en 282 millones de dólares (casi 240 millones de euros). Los documentos judiciales dejan claro que las propiedades se dividirán “a satisfacción mutua de ambas partes” y que cada uno conservará los bienes que ya están en su posesión. Una fórmula habitual en divorcios de alto perfil que evita largas batallas legales y permite cerrar el capítulo con rapidez. La cartera inmobiliaria que han construido a lo largo de casi dos décadas de matrimonio es tan extensa como internacional. Destacan especialmente seis apartamentos en un mismo rascacielos con vistas privilegiadas al puerto de Sídney, además de un dúplex de diseño en Manhattan, una casa en Beverly Hills, una mansión en Nashville y una enorme finca en las Tierras Altas del Sur de Australia.
Buena parte de estas propiedades fueron adquiridas tras su boda en 2006 y, aunque muchas figuran a nombre de distintas sociedades, se entiende que han sido compartidas durante el matrimonio. En mayo de 2023, Kidman reforzó aún más su presencia inmobiliaria en Australia al comprar su sexto apartamento en el exclusivo complejo Landmark Latitude, en Milsons Point, por 7,7 millones de dólares.
La relación de compras es larga y significativa. En 2009 adquirieron un primer apartamento de 420 metros cuadrados en la planta 21 por cerca de 6 millones de dólares; tres años después sumaron otro contiguo, algo más pequeño, por unos 7 millones. En 2011, Kidman compró un tercer piso en el mismo edificio, por 2,68 millones, que utilizó inicialmente como oficina en casa.
En paralelo, la pareja fue ampliando su patrimonio en Estados Unidos. En 2008, apenas dos años después de casarse, Urban compró una mansión de 20 habitaciones en Nashville por 4,89 millones de dólares. Ese mismo año, ambos adquirieron una residencia en Beverly Hills por 6,77 millones. En 2010, invirtieron 13,53 millones en un dúplex de diseño en Manhattan y, en 2020, sumaron un apartamento en Tribeca por 5,3 millones. A todo ello se añade la propiedad australiana de Bunya Hill, una finca de 45 hectáreas situada en Suttons Forest, a 145 kilómetros de Sídney, comprada dos años después de su boda y valorada actualmente en unos 12 millones de dólares.









