Cuando comenzó su noviazgo allá por el 2004, durante el rodaje de la taquillera película Sr. y Sra. Smith, lo suyo fue una noticia de impacto mundial. Entonces, a Brad Pitt y Angelina Jolie se les comparaba ya con icónicas parejas del Hollywood dorado como Humphrey Bogart y Lauren Bacall o Elizabeth Taylor y Richard Burton. Durante muchos años, todo fueron flashes y purpurina. Eran lo más cotizados, admirados y deseados. Amasaron juntos un fortuna que, según las estimaciones, superaba los 400 millones de dólares (unos 342.000.000 de euros). Era este, principalmente, un patrimonio inmobiliario en lujosas propiedades repartidas por distintos rincones del planeta.
Así, mientras la meca del cine y millones de fans se rendían a sus pies, se casaron y formaron una familia numerosa de seis hijos. Pero doce años después de comenzar aquel sonado romance, se les rompió el amor. Era 2016, hace justo una década, cuando comenzaría un proceso de divorcio tan sonado como tormentoso que no parecía tener fin. Pocos podían imaginar que su relación acabara de forma tan desastrosa. En definitiva, una expareja muy mal avenida que, visto lo visto, lo suyo a día de hoy parece totalmente irreconciliable.
En aquella época, todo saltó por los aires cuando la actriz estadounidense inició los trámites de separación tras asegurar que al actor la había agredido física y verbalmente durante un vuelo privado. Ese fue solo el detonante, ya que después las acusaciones irían mucho más allá. Así, posteriormente, ella denunció que este habría intentado obligarla a firmar un acuerdo de confidencialidad de 8,5 millones de dólares para encubrir sus "años de abuso". Tras las investigaciones, las autoridades absolvieron al protagonista de títulos como Seven o Entrevista con el vampiro.
La ardua batalla judicial entre ellos, que se prolongó durante ocho años, no solo se basaba en pelear por la riqueza que habían acumulado a lo largo de su matrimonio. Era también por la custodia de sus pequeños. convertidos a día de hoy en adultos o adolescentes. Ellos son Maddox (24 años), Pax (22), Zahara (20), Zahara (20), Siloh (19), y los gemelos Knox y Vivienne (17). Cuando se hizo efectiva la ruptura de sus padres, tres de los menores eliminaron el Pitt de su apellido, un gesto con el que demostraban su apoyo incondicional a la intérprete de Maléfica o El coleccionista de huesos.
En cuanto a su guerra por lo material, la joya de la corona para Brangelina era, sin lugar a dudas, el Château Miraval que poseían en la Provenza francesa. Es esta una espectacular finca de 500 hectáreas con su propio castillo, bosque, olivos y viñedos de prestigioso por su vino rosado de cultivo ecológico, que compraron por unos 25 millones de euros y donde celebraron su romántica boda en 2014.
Una vez tomaron caminos por separado, este lugar se convirtió precisamente en su gran quebradero de cabeza durante la disputa legal, sobre todo después de que ella decidiera vender su parte en 2021 y él la acusara de incumplir los términos iniciales de la compra. En Italia, también poseían la impresionante Villa Constanza, adquirida en 2010 por unos 32 millones de euros y ubicada en la localidad de San Pietro in Cariano, cerca de Verona. Por si fuera poco, tenían mansiones en Nueva Orleans, Malibú (Los Ángeles, California), Long Island... y un apartamento que quitaba el hipo en Manhattan (Nueva York).
En diciembre de 2024, después de tantos capítulos que habíamos conocido sobre su amargo litigio, llegó el acuerdo (que no la paz) entre ellos. "Hace más de ocho años, la señora Jolie solicitó el divorcio del señor Pitt. Ella y sus hijos abandonaron todas las propiedades que habían compartido con este y, desde entonces, se ha centrado en encontrar la tranquilidad para su familia", dijo entonces James Simon, abogado de la actriz. A su vez, contó que su representada estaba "agotada", pero que se sentía "aliviada" de que todo esto hubiera terminado por fin. Fuentes cercanas a Angelina, además, aseguraban a People que "ella no habla mal de su ex ni en público ni en privado", y solo piensa en dejar atrás esta "época oscura".
Brad, por su parte, ya había entonado el mea culpa tiempo atrás, cuando llegó a reconocer en una entrevista cuál había sido uno de los factores determinante en su fracaso matrimonial. “No recuerdo ni un día desde que salí de la universidad en el que no hubiera estado bebiendo o me hubiera tomado algo”, revelaba. "Cuando formé mi familia detuve todo, excepto el alcohol, pero ya lo he dejado por completo", aseguró el intérprete al hablar de cómo había logrado reconducir su vida.












