Hay años que se graban en el calendario y no se olvidan. Para Carme Chaparro, el cierre de este 2025 no es solo un cambio de cifra, sino el final de un capítulo vital que ella misma define como desgarrador. Este ha sido, sin lugar a dudas, el desafío más exigente de su vida. La reconocida periodista y escritora ha decidido compartir con sus seguidores una reflexión cargada de sinceridad y dolor, un balance donde no ha querido guardarse nada. A través de un emotivo carrusel de imágenes, Carme ha rendido homenaje a las ausencias que han marcado su alma en los últimos meses, empezando por la más profunda de todas. A sus 52 años, Carme ha transitado por un duro capítulo personal que comenzó con una pérdida inconcebible. El pasado mes de mayo, la vida le arrebató a su padre, una ausencia que ha teñido de luto cada uno de sus días desde entonces.
“Este año he perdido a mi padre. Es lo más importante. El dolor que nunca se irá, aunque aprenda a convivir con él”, comenzaba escribiendo la catalana con una honestidad que ha conmovido a todos. Para la autora, este vacío es el eje sobre el cual ha girado un año de reconstrucción interna, admitiendo que el luto es un proceso persistente: “Y entonces es cuando te das cuenta de la mierda de tiempo que has perdido en las cosas que no son lo que de verdad importan. Solo puedo llorar. ¿Cuándo se va este dolor?”, se preguntaba en sus momentos más bajos, consciente de que hay ausencias que el tiempo no cura, sino que simplemente transforma.
Su dura batalla contra la enfermedad
A este duelo se ha sumado un bache de salud crónico que la ha mantenido apartada de la televisión y por el cual ha tenido que pasar por el quirófano de urgencia recientemente. “Pero también he perdido otras cosas que duelen. La salud. Y la salud de otros”, confesaba. La periodista ha explicado lo difícil que es mantener el ánimo cuando el cuerpo no acompaña: “He querido luchar pero me han faltado las fuerzas. Y me he sentido culpable”.
Con la valentía que la caracteriza, Carme ha dado detalles sobre la dureza de su tratamiento actual, admitiendo que toma más de diez pastillas diarias. “Me atonta, me reseca la piel... la medicación es muy fuerte y estoy cansada porque la enfermedad es muy jodida”, sentenciaba. Un proceso que está siendo, en sus propias palabras, “muy lento, doloroso y complicado”, pero en el que sigue confiando plenamente en la medicina: “Está siendo muy lento, doloroso y complicado. (...) Pero estoy en las mejores manos. Sigo de baja, con una recuperación difícil. Espero estar pronto bien”.
Incluso ha recordado lo cerca que estuvo del abismo cuando su actividad profesional se detuvo por consejo facultativo: “Tuve que cogerme la baja cuando ya mis médicos me dijeron que me iba a morir”, una confesión estremecedora que muestra la gravedad de lo vivido. Sin embargo, su intención es clara para el futuro: “Quiero ayudar a otras personas que están pasando por lo mismo”.
Las decepciones y el "ejército" que la sostiene
Pero no todas las heridas de este año han sido físicas. Carme ha sido muy tajante al hablar de personas que no estuvieron a la altura en sus momentos de mayor vulnerabilidad: “Me han fallado y herido de manera asquerosa. Llega el día en el que abres los ojos y lo ves”. Una revelación que marca un antes y un después en su círculo personal. Afortunadamente, en la otra cara de la moneda están quienes nunca soltaron su mano. “Pero he tenido la fortuna de tener cerca de forma incondicional a los que siempre he sabido que valían la pena. Mi familia. Mi marido. Mis amigas. Esas personas que te sostienen. Ojalá todos tengáis a personas así a vuestro lado”, escribía emocionada, agradeciendo a sus "Ángeles de la Guarda" el apoyo recibido.
Ese cariño fue el que la recibió al regresar a casa tras sus últimas intervenciones quirúrgicas, donde sus hijas, Laia y Emma, la esperaban con flores y un árbol de Navidad. Carme no quiso olvidar el trato humano en el hospital: “Dos pasos duros por quirófano en pocos días. Dos estancias largas y complicadas en la REA… pero siempre la sonrisa, las caricias, los desvelos y los cuidados de los sanitarios que se dejan el alma, la piel y su bienestar para conseguir que sanemos incluso cuando se nos quiere ir el alma”.
Un éxito literario nacido del dolor
A pesar de todo, Carme ha seguido triunfando en las librerías con su última novela, Venganza, un libro que nació de sus entrañas: “A veces una historia te atraviesa tanto que no sabes si la has escrito tú o si ha sido ella la que te ha escrito a ti. Esta es la novela que más me ha dolido. La más oscura. La más verdadera. Y sí, también la más peligrosa”. En ella, plantea una pregunta que resuena con su propia experiencia: “¿Cuántas formas hay de morir antes de que te maten?”.










