Este sábado, el hotel Shangri-La de París volvió a convertirse en escenario de uno de los eventos más esperados del calendario social: el Baile de Debutantes, también conocido como Le Bal. Una velada que combina tradición, moda y solidaridad, y que reunió en esta edición a 19 jóvenes de entre 17 y 22 años, todas ellas pertenecientes a la aristocracia, la realeza y familias influyentes del mundo empresarial y artístico.
La cita, que se remonta al siglo XVIII y que Ophélie Renouard revivió en los años 90, mantiene intacta su esencia: la presentación en sociedad de jóvenes que, por una noche, se convierten en auténticas princesas vestidas de alta costura y acompañadas, como manda la tradición, por un cavalier, quien debe ir vestido con frac y pajarita blanca. Además, el evento tiene un marcado carácter benéfico, cuyos destinatarios varían según la edición.
En esta ocasión, los fondos recaudados se han destinado al Hospital Infantil Maria Fareri de Nueva York, referente en investigación de cáncer pediátrico, y a la Asociación para la investigación de cardiología desde fetos a adultos (ARCFA) del Hospital Necker-Enfants Malades de París, el mayor centro europeo para el tratamiento de cardiopatías infantiles.
Protagonismo español
Entre las debutantes de este año brillaron dos nombres con vínculos directos con la realeza española: Eulalia de Orleans-Borbón y Almudena Dailly de Orleans. Eulalia, hija del empresario Álvaro de Orleans-Borbón —primo lejano del rey Juan Carlos y padrino de la debutante—, es influencer y estudiante de Economía y Finanzas en St. Andrews (Escocia), la misma donde estudiaron el príncipe de Gales y Kate Middleton. Para esta ocasión, escogió un diseño de Tony Ward, que completó con una espectacular tiara, de V Muse. Albert Windsor, nieto del duque de Kent, fue su 'cavalier', reforzando el aire royal de la velada.
Por su parte, Almudena es hija de Pierre-Louis Dailly y la princesa Adelaida de Orleans, y ahijada del rey Juan Carlos. Para su gran noche quiso rendir homenaje a su madre al elegir un vestido de Christian Dior, palabra de honor, la misma firma que la vistió el día de su boda, celebrada en Sevilla en 2002. Apostó por un impresionante collar para completar su look. Ella llegó acompañada por su hermano Diego, que ejerció de caballero en una noche que la situó en el centro de todas las miradas.
La moda fue, sin duda, la gran protagonista de esta cita parisina. Cada debutante confió en una firma distinta de alta costura, creando un auténtico mosaico de estilos y tradiciones. Carolina B. Lansing, nieta de la legendaria Carolina Herrera, rindió homenaje a su abuela con su elección: un vestido de lunares creado por el director creativo de la firma, Wes Gordon, en un claro guiño a su primera colección y a su primer perfume. Como Almudena Dailly, Carolina también escogió como 'cavalier' a su hermano pequeño Marcus.
Eugenia de Hohenzollern, hija de los príncipes Alberto y Natalia de Hohenzollern, apostó por un Sporting Natan en azul marino ; Joséphine Haas deslumbró con un Guo Pei, que parecía sacado de 'El Lago de los Cisnes¡; Gabrielle Janssens de Balkany confió en Luisa Beccaria; y Ruby Kemper eligió a Chrome Hearts.
También destacaron Eliza Lindroth, de Rick Owens; Lady Araminta Spencer-Churchill, hija del duque de Marlborough, de Armani Privé, y Eirini Zarifi, con un vestido de Deborah Milner. Sarah Bae se decantó por un diseño de Óscar de la Renta, mientras que la hija del barón Alexander von Perfall, Isabelle von Perfall, escogió un modelo de Monique Lhuillier.
Alexandra Moxey, heredera de un imperio discográfico Ultra Records, Ultra Music y Ultra International Music; Jillian Chan —hija del director chino-tailandés Peter Chan—, de George Hobeika; Bronwyn Vance, con un alta costura de Stéphane Rolland; Alice Wang, de Vera Wang; Reagan Sacks, de Schiaparelli, y Ella Wadia, de Elie Saab, completaron este desfile de herencia y modernidad que acaparó todo el protagonismo de la noche parisina.
Las debutantes compartieron la pista con sus 'cavaliers' y con sus propios padres, en un ambiente marcado por la simpatía, el buen humor y el compañerismo. Entre los progenitores presentes destacó la presencia de figuras del star system hollywoodiense como Angela Bassett, que el pasado año recibió el Oscar honorífico, y su marido, el también actor Courtney B. Vance. Ambos posaron orgullosos junto a su hija Bronwyn, que acaparó todas las miradas con un espectacular vestido blanco adornado con bordados dorados.
Por unas horas, las debutantes dejaron atrás sus estilismos cotidianos para transformarse en auténticas princesas, con vestidos personalizados y joyas de ensueño, tiaras y collares prestados por la joyería V Muse —joyería internacional especializada en piezas únicas y de edición limitada, reconocida por su colaboración con diseñadores de Alta Costura y por prestar joyas a eventos exclusivos como el Baile de Debutantes de París, del que es patrocinadora—, que, como en un cuento de hadas, deben devolver a medianoche.
Exclusividad y escenario histórico
A diferencia de otros bailes internacionales, en Le Bal no existe la posibilidad de comprar una entrada: la asistencia es únicamente por invitación emitida por 'el hada madrina' de este moderno cuento de hadas: Ophélie Renouard. Lo que refuerza su carácter exclusivo. Los patrocinadores cubren los gastos de la velada, evitando que se convierta en un evento comercial y manteniendo intacta su aura de distinción.
La velada estuvo acompañada por una exquisita decoración de las mesas, que evocaba los grandes bailes de época. La cristalería relucía bajo la luz de las grandes lámparas del salón, mientras los centros florales combinaban delicados tonos rosa palo y blanco, símbolos de ternura, pureza y armonía. Sobre cada mesa reposaban las invitaciones personalizadas, cuidadosamente dispuestas como parte del ritual de bienvenida, reforzando la atmósfera de exclusividad. Todo el conjunto —las flores, el brillo del cristal y los detalles impresos— recreaba un escenario atemporal, donde tradición y sofisticación se daban la mano para envolver a las debutantes y sus acompañantes en un auténtico cuento de hadas parisino.
Desde 2018, el hotel Shangri-La acoge Le Bal. Situado en el distrito 16 de París, famoso por albergar residencias de lujo, embajadas y lugares de interés como la Torre Eiffel, los jardines del Trocadero, el Bosque de Boulogne, la Fundación Louis Vuitton y el Parque de los Príncipes, fue la residencia del príncipe Roland Bonaparte y hoy es monumento histórico. Sus salones con vistas a la Torre Eiffel, su restaurante con estrella Michelin y su atmósfera palaciega convierten la velada en un viaje al pasado con un toque contemporáneo. Sin duda, es el marco perfecto para una noche que combina tradición, moda y filantropía.
Una tradición que se reinventa
El Baile de Debutantes nació en Inglaterra en el siglo XVIII como presentación en sociedad de jóvenes en edad casadera. Francia lo acogió entre 1957 y 1973, hasta que Renouard lo revivió dos décadas después. Hoy, Le Bal es mucho más que un ritual social: es un escaparate de moda, un símbolo de unión entre culturas y una plataforma de solidaridad. Y al que solo se puede recibir una invitación personal por parte de la anfitriona.
Cada año, Ophélie selecciona personalmente a las debutantes y sus caballeros, apostando por la diversidad de nacionalidades y el empoderamiento de las nuevas generaciones. En ediciones anteriores han participado nombres como Kitty Spencer, sobrina de Diana de Gales; Amelia Windsor, nieta de Eduardo de Kent; Lily Collins, hija del cantante Phil Collins, o Apple Martin, hija de Gwyneth Paltrow y Chris Martin.
La hija de Luis Alfonso de Borbón y Margarita Vargas, Eugenia de Borbón Vargas, fue una de las protagonistas en la edición de 2024. En 2019 les correspondió el turno a Victoria y Cristina, hijas gemelas de Julio Iglesias y Miranda Rijnsburger, mientras que en 2017 destacó Amina Martínez de Irujo Casanova y Daniela, la hija mayor de Luis Figo y Helen Swedin, en 2016.
Más allá de la moda y la aristocracia, Le Bal es un evento que busca transmitir valores de solidaridad y unión entre culturas. Las debutantes, procedentes de hasta 12 países, representan una nueva generación que se abre paso en la sociedad con un espíritu cosmopolita y comprometido. Para Eulalia y Almudena, la velada fue una ocasión irrepetible para reivindicar su vínculo con la tradición europea y proyectar su papel en la nueva élite internacional. Con sus vestidos, sus acompañantes y su presencia en París, se situaron en el centro de la crónica social, confirmando que España conserva un lugar destacado en este acontecimiento global.
En definitiva, el Baile de Debutantes 2025 volvió a demostrar por qué es una de las citas más esperadas del calendario social: una noche que conjuga glamour, historia y solidaridad, y que este año brilló con acento español gracias a la participación de Eulalia de Orleans-Borbón y Almudena Dailly de Orleans.









































