Hablamos con Ana Viladomiu, la última vecina de La Pedrera, el edificio más bello de España

Esta barcelonesa acaba de publicar su última novela, ‘En buena compañía’, (Editorial Roca) que transcurre en la Casa Milà de Gaudí, conocida como La Pedrera, donde la autora vive desde hace más de 30 años

Ana Viladomiu, la última vecina de La Pedrera

Te quedan x días gratis. Recuerda navegar con tu sesión iniciada.

Te quedan pocas horas gratis. Recuerda navegar con tu sesión iniciada.

Estás en tu periodo de prueba gratuita. Sigue disfrutando de ¡HOLA!+.

HOLA.com, tu revista en internet

Tu período de prueba gratuita en ¡HOLA!+ se ha activado con éxito

Disfruta de todo el contenido totalmente gratis durante 7 días.

Recuerda navegar con tu sesión iniciada.

Ya tienes una suscripción activa.

Recuerda navegar con tu sesión iniciada.

Ana Viladomiu (Barcelona, 1955) es una de las últimas habitantes de La Pedrera, el magnífico edificio de Gaudí ubicado en el Paseo de Gracia de Barcelona que fue declarado por la UNESCO Bien cultural del Patrimonio Mundial en 1984. Allí transcurre su última novela, En buena compañía (Editorial Roca), protagonizada por Martina, un trasunto de la autora, quien conoció el éxito entre el gran público en 2019 gracias a La última vecina, también ambientada en la famosa Casa Milà, donde vive, entre miles de turistas, desde hace 33 años. Licenciada en Filosofía y Letras y casada con Fernando Amat, un personaje indispensable en la historia reciente de la vida cultural de la ciudad, su cuenta en Instagram -@ana_viladomiu- se ha convertido, gracias a las numerosas imágenes que comparte con sus seguidores, en un recorrido alternativo al famoso edificio. Hablamos con Ana Viladomiu de su fascinante existencia en la joya arquitectónica del modernismo catalán y de su último proyecto literario.

—¿Qué ha supuesto escribir En buena compañía, tu último libro?

—Es la cuarta novela que publico. En buena compañía se puede leer como continuación de la anterior, La última vecina, que tuvo mucho éxito, o como novela independiente. Son dos historias diferentes pero con un mismo personaje que se llama Martina y que vive en La Pedrera, como yo. Llevo viviendo en el edificio treinta y tres años y, por tanto, lo conozco bien. Son novelas de autoficción, pero todo lo relacionado con La Pedrera, el paisaje de fondo, como me gusta llamarlo, es real.


“Llevo viviendo en el edificio treinta y tres años, y por tanto, lo conozco bien”

—¿Cómo definirías este proyecto literario?

En buena compañía es la historia de una ilusión. Martina se ilusiona con un señor que una tarde la sigue a la salida del cine y que al día siguiente se vuelve a encontrar paseando por el edificio entre los cientos de turistas que cada día visitan La Pedrera.

—Esa es una situación que vives a diario. ¿Cómo logras sortear cada día a los miles de visitantes de La Pedrera, una atracción turística para todo el mundo menos para ti?

—Cuando vine aquí, lo hice por casualidad. Fue hace 33 años. Mi marido vivía aquí. Y me quedé. Al principio no me gustaba mucho, era muy incómodo. Yo tengo dos hijas y, por tanto, hacía vida de familia. Iba al supermercado y volvía con la compra, una escoba, los dodotis, unas bolsas de naranja… Todo esto con gente de por medio me hacía sentir muy rara. Había grandes colas de gente. ¡Incluso daba la vuelta a la manzana! Pero, poco a poco, me he ido acostumbrando. Ahora le veo muchas ventajas. Llevo más de la mitad de mi vida aquí. ¡Estoy feliz!

Una casa con historia©ana_viladomiu
Imagen de la casa privada de Ana Viladomiu en La Pedrera.

—Los que te sigan en Instagram podrán ver tu casa, un rincón exclusivo de la gran obra de Gaudí que no podrán encontrar en el tour oficial.

—Sí, me gusta compartir mi casa en Instagram. Los visitantes ven el piso muestra, pero no ven una casa vivida. Tengo muchos seguidores.

—Tendrás muchas peticiones para visitar tu hogar. ¿Cómo gestionas este interés?

—Mucha gente quiere venir a casa, pero no puedo invitar a todo el mundo. Por eso, gracias a la idea de mi editora, lo que hago es mostrarla en las redes. El confinamiento lo pasé sola en todo el edificio y fue un auténtico regalo que, por supuesto, compartí con mis seguidores.

—¿A qué personajes has invitado o se han hospedado aquí?

—En el primer libro, hago un listado de muchos de los invitados, como Jean Paul Gaultier o Dan Brown. Han estado cenando o desayunando. Cuando era más joven, organizaba cenas e invitaba a mucha gente con mi marido.

Un rincón muy especial en el centro de Barcelona©ana_viladomiu
Uno de los rincones de la casa de Ana Viladomiu en La Pedrera.

—¿Cómo fue la primera noche que dormiste en La Pedrera?

—Me quedé horrorizada. Esta casa estaba pintada muy oscura. No me gustó nada vivir aquí, pero afortunadamente ha cambiado mucho.

—Tu marido, Fernando Amat, acaba de cumplir 80 años. Es una figura relevante en el mapa creativo de la ciudad gracias a Vinçon, la tienda de diseño que regentó en el Paseo de Gracia y que cerró por la crisis en 2015. ¿Qué recuerdos y a qué personajes recuerda haber conocido gracias a su trabajo?

—Gracias a Fernando conocí a mucha gente interesante. El director de cine Bigas Luna y el arquitecto Óscar Tusquets eran íntimos amigos suyos desde siempre. Vinçon tenía una galería de arte, llamada La Sala, y allí exponía mucha gente del mundo del diseño, el cine y la arquitectura. Por ejemplo, Javier Mariscal es muy amigo también. Es el padrino de una de mis hijas. Me sentí una auténtica privilegiada.

—Tu marido también fue productor de la primera película de Bigas Luna, Tatuaje. ¿Es cierto que quiso llevar a la gran pantalla tu primera novela, Un pequeño problema?

—Sí, quiso pero al final no salió. Bigas es uno de los hombres más interesantes y creativos que he conocido. ¡Me encantaba! A él le gustó mucho el libro, una novela romántica chick lit, para chicas jóvenes. Me apadrinó en la presentación junto a Óscar Tusquets.

“Gracias a Fernando (su marido) conocí a mucha gente interesante. El director de cine Bigas Luna y el arquitecto Óscar Tusquets eran íntimos amigos suyos desde siempre”

—Publicaste tu primera novela en 2010, ¿a qué se dedicaba antes?

—Sí. En 2013, publiqué la segunda, Un sótano con árboles, y en 2019, La última vecina que, como decía, ha funcionado mucho. Me hubiera gustado publicar antes, pero hasta que me quedé embarazada de mi primera hija, no me pude relajar económicamente. No puedes vivir de esto al principio. ¡Tienes que ser Vargas Llosa!. Yo estudié Filosofía y Letras y, aunque siempre he escrito, también he trabajado en otras cosas, como la moda. Tenía una marca de camisetas y regenté una tienda en Marbella de la firma de ropa que tenía Günter Sachs, el famoso playboy y marido de Brigitte Bardot.

—La foto de autor que han ilustrado tus dos últimas novelas las hizo Leopoldo Pomés, el fundador de la mítica tortillería Flash Flash, genial fotógrafo y creador de anuncios como el de las burbujas Freixenet, antes de morir.

—Sí, era muy buen amigo. ¡Fue uno de sus últimos trabajos! Me encantó la sesión. No sabía qué hacer, qué cara poner, pero él me aconsejó en todo momento. ¡Fue como un juego de seducción! Me dio seguridad. Me lo pasé en grande. Entré sufriendo por no dar la talla y salí abrazada a él.

Una casa con encanto©ana_viladomiu
Uno de los rincones de la casa de Ana Viladomiu en La Pedrera.

—¿Conociste esa gauche divine que integraban Leopoldo Pomés, Alfonso Milá y compañía?

—No, yo era más joven, ya me hubiera gustado. Yo nací en el 55 y esos 20 años de diferencia cuando eres joven se nota. Ellos estaban bailando y yo no había nacido. Por edad podía haber estado mi marido Fernando, que tiene 80 años, pero se encontraba recorriendo California con su furgoneta. ¡Él era muy hippie!

—Viladomiu es un apellido muy catalán… ¿Cuáles son tus orígenes?

—Sí, de la burguesía catalana. Mis antepasados se dedicaban al negocio textil.

—Hay tienes material para otra novela, ¿no?

—¡Sí!

—¿Cuál es tu próximo proyecto en la literatura?

—Me gustaría una tercera novela sobre Martina y, si puedo, una cuarta. Es lo que los lectores me piden.

Testigo de la historia©ana_viladomiu
Ana Viladomiu, en la terraza de La Pedrera.

—¿Es más fácil encontrar inspiración para escribir en un lugar como La Pedrera?

—Yo creo que no. Si escribiera novela histórica o de arquitectura, pues quizás sí. Pero lo que yo hago, lo podría escribir desde cualquier sitio. No veo relación.

—¿Te quedarás hasta el final de tu vida en La Pedrera?

—Tengo un alquiler de por vida, hasta que Fernando y yo nos muramos podemos vivir aquí. Mis hijas ya no podrían. Así que aquí me quedaré hasta que me muera. Eso si no cambio de opinión y me voy a Formentera, que también me encantaría. Pero estoy aquí como una reina, me siento una privilegiada.


Más sobre