María Gabriela de Saboya, novia de juventud del Rey Juan Carlos, gana 1,3 millones de euros con la venta de una tiara española

La princesa, hija del último rey de Italia, se ha embolsado una pequeña fortuna con la subasta de una joya que perteneció a una reina consorte de España

María Gabriela de Saboya

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“Ojalá encuentre un comprador. Me gustaría venderla lo más cara posible”, decía la princesa María Gabriela de Saboya a ¡HOLA! en el mes de abril a propósito de la subasta de una de sus tiaras: una obra de arte de la joyería turinesa Musy Padre e Figli -una de las más antiguas de Europa- con once perlas naturales y diamantes. El martes, Sotheby’s vendió la joya en Ginebra por 1,3 millones de euros. Según la casa de subastas, se superaron todas las previsiones. Ha sido uno de los precios más altos que se ha pagado por una tiara en los últimos años y su nuevo dueño es un comprador asiático.

María Gabriela de Saboya©CordonPress
María Gabriela, que fue la primera novia de juventud del Rey Juan Carlos.

“Siempre es un poco triste desprenderse de este tipo de cosas, pero no voy a llorar por esto”, reconocía la hija del último rey de Italia a ¡HOLA! Ciertamente, María Gabriela, que fue la primera novia de juventud del Rey Juan Carlos, no tiene motivos para llorar. Aunque la joya estuvo en manos de su familia durante más de ciento cincuenta años, ella nunca la usó. “Me la regaló mi padre con motivo de mi boda y no me quedaba muy bien. Así que nunca me la puse (risas)”, admitía en abril.

“Hoy en día uno no se puede pasear con eso en la cabeza. Si me la pusiera, la gente diría: ‘Qué hace esa loca con eso puesto en la cabeza’. La gente no sabe ni lo que es”

“Hoy en día uno no se puede pasear con eso en la cabeza. Si me la pusiera, la gente diría: ‘Qué hace esa loca con eso puesto en la cabeza’. La gente no sabe ni lo que es”, se lamentaba la princesa. “Seguro alguien le da mejor uso”. Su padre, Humberto II, le regaló esta fabulosa diadema de diamantes y perlas el día de su boda con el multimillonario empresario Robert Zellinger de Balkany, en 1969. La joya, realizada por Musy Padre e Figli, había pertenecido a María Victoria de Saboya, mujer de Amadeo I y reina consorte de España entre 1871 y 1873.

Diadema de María Gabriela de Saboya©Sotheby's
Su padre, Humberto II, le regaló esta fabulosa diadema de diamantes y perlas el día de su boda con el multimillonario empresario Robert Zellinger de Balkany, en 1969.

Detrás de la brillante tiara hay una historia triste. Amadeo I de Saboya se la regaló a su mujer, María Victoria, tras su matrimonio, en 1867. Cuando Isabel II se fue al exilio, Amadeo se coronó como rey de España y su esposa se convirtió en reina consorte. Pero no tuvo mucho tiempo para poder lucir la joya. “El pobre Amadeo se quedó solo tres años y medio en España y creo que sufrió hasta cinco atentados. No le gustaba nada España, no quería ser rey. No fue muy feliz allí”, apuntaba María Gabriela en conversación con ¡HOLA!.

“Siempre es un poco triste desprenderse de este tipo de cosas, pero no voy a llorar por esto”, reconocía la hija del último rey de Italia a ¡HOLA!

La tradición madrileña cuenta que el rey extranjero fue ‘despedido’ el 11 de febrero de 1873, mientras esperaba su comida en el restaurante del Café de Fornos, en la calle Alcalá. De inmediato, anuló el pedido, pidió una grappa, recogió a su familia, renunció al trono español y, sin esperar la autorización de los diputados, se refugió en la embajada italiana en Madrid. “Ah, per Bacco, io non capisco niente. Siamo una gabbia di pazzi”. “No entiendo nada, esto es una jaula de locos”, declaró antes de abandonar España.

“Esta tiara encapsula toda la pompa, el poder y la presencia asociados con las joyas reales”, explicó Benoit Repellin, el jefe de la subasta de joyas magníficas de Sotheby‘s que se realizó esta semana en Ginebra. “El precio que se alcanzó es testimonio no solo de su excepcional artesanía y la calidad de sus materiales, lo que la convierte en una verdadera obra de arte, sino también de su resonancia histórica y emocional”, añadió Repellin. Seguramente, el nuevo propietario de la diadema de los Saboya ya se siente como un rey o una reina.