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Marianne Sayn-Wittgenstein, la fabulosa princesa-paparazzi, cumple 100 años

Muchos 'royals' huyen de los fotógrafos, pero ella no. Ha dedicado su vida a fotografiar a la realeza en la intimidad. ¡Incluidos don Juan Carlos y don Felipe!

por Martín Bianchi

La gala de la Asociación Internacional de Salzburgo es una de las citas más esperadas del año por la jet set europea. Políticos, nobles y magnates se reúnen cada verano en el Palacio de Leopoldskron, en el centro de la ciudad natal de Mozart, para celebrar el comienzo del festival de música y teatro más importante del mundo.

Alexander Van der Bellen, presidente de Austria; Marcelo Rebelo de Sousa, presidente de Portugal; y Wolfgang Porsche, heredero de la automotriz Porsche, se encontraban entre los invitados de este año. Sin embargo, todos los flashes apuntaban a una dama de pelo blanco y aspecto frágil sentada en un rincón del jardín.

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Su Alteza Serenísima la princesa Marianne zu Sayn-Wittgenstein-Sayn suele ser la invitada más veterana en estos actos, pero también la más animada e interesante. Manni, como la llaman sus seres queridos, cumplirá 100 años en diciembre. Una cifra redonda para una institución como ella, tan famosa (y tan austríaca) como el Festival de Salzburgo o el strudel de manzana.

Hace algunas semanas, los asistentes a la gala salzburguesa hacían cola para saludarla con una reverencia, como si se tratara de una emperatriz. Y algo de sangre regia tiene. Nació en 1919 y se crio en el castillo de Glanegg, propiedad de su padre, el barón Friedrich von Mayr-Melnhof. Su madre, la condesa María-Ana von Meran, descendía de la Emperatriz María Teresa de Austria. Pero Manni creció en una época turbulenta para su país y su clase. Tuvo que presenciar la desintegración del imperio austrohúngaro y todo lo que vino después.

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Paparazzi por sorpresa

En 1942, en plena guerra, se casó con el príncipe Ludwig zu Sayn-Wittgenstein-Sayn, miembro de una de las familias más antiguas de Alemania. Tras la boda, el príncipe fue a luchar en el frente ruso. A los pocos meses, desapareció en combate. Manni tenía 22 años y tardó cuatro en descubrir que su marido estaba vivo. En 1962 un conductor ebrio atropelló y mató al príncipe.

Con cinco hijos a cargo, la princesa se hizo cargo de la gestión del patrimonio familiar. Entonces, animada por una amiga, decidió dedicarse a lo que más le gustaba: hacer fotografías de la sociedad. Tenía acceso directo a la vida privada de la jet-picnics en los Alpes, inviernos en Gstaad, veranos en Marbella-, así que no tardó en convertirse en una de las fotógrafas más solicitadas.

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Carolina de Mónaco la bautizó 'Mamarazza', en alusión a su estilo de hacer fotos como un paparazzo: espontáneas, íntimas, reveladoras. Alfonso de Hohenlohe, Sean Connery, Brigitte Bardot, Leonard Bernstein, Yves Saint Laurent, Aristóteles Onassis... nadie se resistía a posar para ella. Ni siquiera el rey Juan Carlos, que lo hizo con un joven príncipe Felipe sobre sus hombros en 1974.

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Durante más de medio siglo, 'Mamarazza' ha retratado a la beautiful people en la intimidad. El libro Princess Marianne Sayn-Wittgenstein. The Legendary Photo Album, publicado por teNeues, es un testimonio de ello. Hasta no hace mucho seguía haciendo fotos de los ricos y famosos que acudían a sus almuerzos campestres, en los que servía su plato favorito, schnitzel con ensalada de patata.

La revista alemana AZ le preguntó hace poco cuál era el secreto de su longevidad. “Como mucha carne y nunca he probado el bótox”, respondió. Desayuna una rodaja de pan con una gruesa capa de queso Philadelphia cada mañana, come un plato de salchichas blancas todos los sábados, bebe una copa de vino tinto y duerme media hora de siesta a diario y almuerza semanalmente con su hija Theresa, que estuvo casada con el aristócrata español Luis de Figueroa.

“Estoy en plena forma”, dice Manni. Y anuncia que está preparando una fiesta para celebrar sus 100 años. Desafortunadamente, le costará desenfundar su cámara. “Ya no veo tan bien. Leo el periódico con una lupa”, se excusa. Pero no se deshace de su Pentax Espio 170. La Mamarazza no se jubila.

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