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Decir su nombre es evocar la alegría de vivir, es disfrutar de la música y el ritmo en el más amplio sentido de la palabra; es saborear una gastronomía que nada tiene que ver con la del resto de EE UU; es disfrutar de uno de los carnavales (aquí conocido como Mardi Gras) más famosos del mundo; es asistir a una explosión cultural donde se mezclan influencias europeas, africanas, anglosajonas e indígenas-americanas; es adentrarse por los misteriosos caminos del vudú, una religión que en esta parte de Estados Unidos no es solamente un credo, sino todo un estilo de vida, a veces muy mal entendido por la ignorancia occidental porque el vudú (que significa en idioma fon 揹ioses o 揺spíritus) se concibe como una manera de ahuyentar el mal y las enfermedades... Nueva Orleans es tantas cosas que se necesitaría todo un libro para poder abarcarla.
Si está pensando en conocerla, existe una magnífica razón para hacerlo: su fantástico carnaval. Además, desde que hace unos años se conmemorara el llamado 揕ouisiana Purchase (es decir la firma del tratado de compra-venta por el que Napoleón vendía a Estados Unidos, en 1803, el Estado de Louisiana al irrisorio precio de 0,04 dólares por acre), existe la posibilidad de realizar interesantes rutas guiadas por la ciudad.
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