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Mapa de situación.
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Plan de ruta.
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La isla canaria de Fuerteventura, la antigua Maxorata, destaca por ser la más virgen y despoblada del archipiélago, además de la más árida y seca, pero en su litoral se encuentran las playas más bellas y solitarias de Europa. Alrededor de 100 kilómetros la separan del continente africano, de ese Sahara de blancas arenas y oníricas panorámicas. Pero el influjo del desierto ha cuajado profundamente en la ínsula, que embellece su zona nororiental con un vaivén de suaves dunas que se bañan en el Atlántico. Es el Parque Natural de las Dunas de Corralejo, paralelo a la costa a lo largo de ocho kilómetros, que introduce su fina arena hacia el interior en un tramo de tres kilómetros.
En total, 2.400 hectáreas de puro desierto, solitario y hermoso, cálido y exótico, inusual en los parajes españoles, raro y, sobre todo, asombroso. El viento ha sido causante de este singular paraje, que ha arrastrado desde el mar y su ribera ingentes cantidades de arenas organógenas, que son las procedentes de los restos de caparazones de animales marinos. Esta lengua de dunas inquietas queda rematada en su parte costera por una sucesión de playas y roquedos con los que compite en espectacularidad. Perderse en estas orillas es hacerlo en un soleado vergel de olas de arena y mar, pero sobre todo de viento, lo que obliga muchas veces a buscar algún parapeto para resguardarse de su fuerza.
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