|
Uno se puede fatigar un poco si camina deprisa desde el pueblo de Gavarnie hasta el circo glaciar del mismo nombre. O, una vez allí, puede sufrir tortícolis si no está acostumbrado a estos enormes y verticales paisajes de montaña que obligan a alzar el cuello y mirar continuamente hacia lo alto. No importa. Gavarnie es un destino que, tenga uno la edad que tenga y disponga de la forma física que sea, siempre merecerá una visita. Porque el circo de Gavarnie es más amable de lo que puede parecer en un primer momento y está considerado como uno de los lugares más atractivos del Pirineo central.
En este lugar, la grandiosa obra escultórica de la paciente Naturaleza supera con creces cualquier otra que pudiera crear el hombre. Sus dimensiones hablan por sí solas: 1.600 metros de altura y cerca de 900 de diámetro. Y es que, además, aquí se ha permitido el lujo de dedicar más de veinte mil años para que Gavarnie sea hoy como es. El tiempo ha transcurrido imparable desde que la masa gélida de un inmenso glaciar pasara sobre estas laderas como una lima fría que va arañando el paisaje, cincelando un valle y dando forma a este circo en su cabecera. Lengua de hielo larga, gruesa y blanca, que se descolgaba desde estos picachos calizos del macizo de Marboré Monte Perdido hasta las inmediaciones de la ciudad de Lourdes, tallando y excavando a su paso la roca caliza de este paisaje excepcional.
COLISEUM DE LA NATURALEZA
Desde el pueblo de Gavarnie al circo se puede ir a lomos de un mulo o andando. A ambos lados del sendero se despliegan los paisajes que en los últimos siglos han inspirado a pintores y artistas y que han aportado brillantez a algunas de las más bellas páginas de la literatura francesa. El romántico Victor Hugo calificó el circo de Coliseum de la Naturaleza, refiriéndose al «edificio más misterioso del más misterioso de los arquitectos». Desde el pueblo se tarda apenas una hora de accesible y fácil camino, pasando junto al jardín botánico, una zona verde de prados y arroyos, bosques de haya y pino negro. Si se prosigue hasta el fondo del valle se hallará la sorpresa final de este paisaje: una de las cascadas más altas de Europa, sólo superada por otra de Islandia, estruendosa y sorprendente con sus 422 metros de caída, repartida en los escalones naturales y terrazas del circo. En el origen de las aguas, sobre los abismos, donde descansan los neveros y nieves sempiternas, se alzan once cimas que superan la cota de 3.000 metros: Marboré, La Torre, El Casco...
|