Antonio Banderas, pregonero de la Semana Santa malagueña: 'Vengo a fundirme con mi gente y a ocultarme tras un capirote'

El actor interpretó un emocionante y original pregón ante la atenta mirada de su esposa Melanie Griffith y su hija Estela del Carmen y recalcó lo orgulloso que se siente de 'ser parte de esta tierra'

por hola.com

Anoche, sobre el escenario de un abarrotado Teatro Cervantes, el cofrade José Antonio Domínguez Bandera, es decir, el actor Antonio Banderas, exaltó sus raíces en el pregón de la Semana Santa de su Málaga natal. Vestido con traje de chaqueta negro, corbata del mismo color y camisa blanca, uno de nuestros actores más internacionales interpretó un pregón envuelto en las historias de seis personajes, con los que recorrió los momentos más apasionantes de la Semana Santa.


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“Hay tantas Semanas Santas y formas de percibirlas como cofrades, pero yo, de lo que de verdad quiero hablar, es de la gente”. Y comenzó entonces a hablar de Don Amadeo, un viudo; de Gregorio, un hombre de trono que ha trabajado de repartidor de gas butano, pintor y cocinero; de Pablo, un niño que toca el bombo; de Carmen, una mujer que sale de promesa acompañando al Cautivo; de Vaquerito, un cantaor atrapado en la bebida y de Lola, una mujer ciega.

A todos ellos se los imaginó durante un vuelo de Nueva York a Los Ángeles, momento en el que comenzó a escribir el pregón. “Aterrizo en Los Ángeles, me despierto y todavía tengo agarrados los folios y naturalmente siguen en blanco. Melanie me dice que hablaba mientras dormía. ¿Estabas soñando mientras dormías?, me pregunta. Le digo que sí, pero no le cuento sobre que”.

El público del Teatro Cervantes se vino arriba con la magistral actuación de Banderas y el actor malagueño no pudo contener su emoción y rompió a llorar lo que hizo que los aplausos sonarán aún más fuertes y cálidos. Quien tampoco pudo contener las lágrimas fue su mujer, Melanie Griffith, que estaba acompañada de su hija, Estela del Carmen, y de la madre de Antonio Banderas, Doña Ana.


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Con su pregón, Antonio Banderas evocó la esperanza, la entrega al silencio de la Málaga “ruidosa y parlanchina” al escuchar una saeta, los “crujidos” del trono de la Virgen del Rocío, el olor a cera quemada y la fragancia del manto de la Virgen de las Penas, o las torrijas y chocolate caliente que, como manda la tradición, cierran la noche.

Banderas se siente orgulloso de su tierra y no paró de repetir que “un hombre sin raíces no es nada” y confesó ante los más de cincuenta medios acreditados que “vengo a la Semana Santa a fundirme con mi gente, a ocultarme tras un capirote y a degustar el delicioso sabor del anonimato. A ser un átomo, una célula del pueblo al que pertenezco y quiero".

Por su parte, Melanie Griffith no quiso restarle protagonismo al actor y ante la pregunta de una periodista sobre qué era lo que más le gustaba de la Samana Santa malagueña ella respondió sin pensárselo dos veces: “Mi marido, es muy atractivo”. Para la ocasión, la actriz lució un vestido muy “andaluz” con el que demostró la pasión que siente por España y mucho más por la tierra que vio nacer al hombre de su vida.


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Y si eso ocurrió ayer, este domingo Antonio Banderas ha portado la imagen del Santísimo Cristo de la Sangre. El actor iba situado en primer lugar entre los portadores de esta imagen y ha recorrido el primer tramo en el traslado del crucificado y María Santísima de Consolación y Lágrimas, titulares de la cofradía conocida como de La Sangre, entre el numeroso público congregado.

El actor, vestido con traje oscuro, ha cumplido así con la tradición de que el pregonero de la Semana Santa acuda al traslado del Cristo de la Sangre desde la Parroquia de San Juan hasta la casa hermandad de la cofradía, aunque él ha participado en la salida desde la iglesia y los primeros momentos del recorrido.

Antonio Banderas volverá a participar el próximo domingo en la Semana Santa de Málaga, y será para dirigir como mayordomo un trono de su cofradía, el de la Virgen de Lágrimas y Favores, para la que contribuyó a escribir la letra de una marcha en su honor.