Viktor Frankl, psiquiatra, sobre el sentido y la felicidad: ”Al hombre se le puede quitar todo excepto una cosa: la elección de la propia actitud ante la adversidad"
Hay frases que te conectan con tu interior y te ayudan a alcanzar un mayor bienestar. Esta de este famoso psiquiatra, neurólogo y creador de la logopedia me ha servido en muchos momentos de mi vida.
Tengo que confesar que durante una etapa de mi vida me aficioné a leer frases de personajes célebres. Filósofos, psiquiatras, escritores, líderes espirituales o políticos... muchos de ellos tenían esa cita que podía colgar en la nevera para acudir a ella en determinados momentos. Ahora eso ya pasó, pero hay una frase muy bonita que sigue inspirándome. Es de Viktor Frankl, y la leí hace años. Desde el principio me pareció una cita inspiradora, de esas que subrayas en un libro y sigues adelante. Con el tiempo, y sobre todo con la experiencia, entendí que no era solo una reflexión brillante, sino una guía práctica para atravesar momentos difíciles.
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Frankl no hablaba desde la teoría, sino desde lo vivido. Desde el límite. Desde haberlo perdido casi todo. Y, aun así, dejó escrito algo que hoy me resulta profundamente actual: cuando ya no puedes cambiar lo que te ocurre, todavía puedes decidir cómo te colocas ante ello. Y esta actitud, desde mi parecer, es la clave de la felicidad.
Viktor Frankl y la libertad que nadie puede quitarte
Viktor Frankl fue neurólogo, psiquiatra y, sobre todo, un pensador profundamente marcado por su experiencia. Judío vienés, fue deportado a varios campos de concentración nazis, entre ellos Auschwitz, donde perdió a sus padres, a su hermano y a su mujer embarazada. Vivió el despojo absoluto: de la libertad, de la identidad, de la seguridad y de los afectos. Y, aun así, observó algo que cambiaría su forma de entender al ser humano para siempre: incluso en las condiciones más extremas, algunas personas lograban mantener una dignidad interior, una actitud que nadie podía arrebatarles.
De esa experiencia nace su libro más conocido, 'El hombre en busca de sentido', una obra breve pero de una profundidad enorme, en la que combina el relato autobiográfico con su visión psicológica. Frankl no escribió desde el resentimiento, sino desde una admirable serenidad. En este libro explica cómo el sufrimiento es inevitable en muchos momentos de la vida, pero cómo el sentido que le damos puede marcar la diferencia entre hundirse o seguir adelante. Para él, no es el placer ni el éxito lo que sostiene al ser humano, sino encontrar un para qué incluso cuando todo parece perdido.
La frase que me marcó reza así: “Al hombre se le puede quitar todo excepto una cosa: la elección de la propia actitud ante la adversidad”. Me parece que es una brillante llamada a la responsabilidad interior, a ese pequeño margen de libertad que permanece incluso cuando el exterior se vuelve hostil, incierto o doloroso. En mi opinión, es la actitud que gira entorno a películas tan maravillosas como 'La vida es bella', de Roberto Benigni. Es también la idea que nos transmiten muchos expertos en salud mental. Pero, ojo, tampoco hay que ser naïf.
Darle cabida a la emoción sin quedarte atrapada en ella
Los expertos en psicología y psiquiatría recuerdan que las emociones no son el problema. El problema es quedarse enganchada a ellas, identificarse por completo, pensar que no van a pasar. La ansiedad, el miedo o la angustia son respuestas humanas ante situaciones complejas. No son errores.
Cuando dejo de luchar contra lo que siento y empiezo a escucharlo con más calma, algo cambia. No siempre es inmediato, pero la emoción se mueve. Y cuando se mueve, pasa. Esta forma de relacionarnos con lo que duele nos permite atravesar momentos difíciles con menos desgaste añadido.
No basta con pensar en positivo: hay que aprender a gestionar
Otra de las reflexiones que vienen a mi cabeza al leer esta frase del famoso psiquiatra es que durante años creí que la clave estaba en pensar en positivo. En darle la vuelta a todo. En buscar el lado bueno incluso cuando apenas se veía. Hasta que entendí, tras muchas conversaciones con profesionales, que ese planteamiento no siempre ayuda. A veces, incluso, añade presión.
Los expertos en psicología advierten de que no se trata de luchar contra la ansiedad, la angustia o la necesidad constante de saber qué va a pasar. Al contrario. Se trata de darle espacio a esa emoción, permitir que esté, escuchar lo que trae… y dejar que pase.
Cuando peleamos contra lo que sentimos, solemos intensificarlo. Cuando lo aceptamos sin resignarnos, algo se relaja. No desaparece de inmediato, pero deja de ocuparlo todo. Y ahí empieza la gestión real de la adversidad.
La resiliencia, tal y como me la han explicado tantas veces, no es salir reforzado de todo, sino salir entero. Pedir ayuda cuando hace falta. Bajar el ritmo cuando el cuerpo lo pide. Entender que hay etapas en las que no se puede con todo, y que eso no es un fracaso.
También he aprendido que gestionar la adversidad también depende de gestos muy cotidianos: cuidar el sueño cuando se puede, comer con más atención, poner límites, reducir la autoexigencia, dejar de compararse. Pequeñas decisiones que, sumadas, sostienen.
Volviendo a Viktor Frankl, hay algo que conviene dejar claro: elegir la actitud no significa negar la realidad ni tapar el dolor. Significa no dejar que ese dolor lo decida todo. Significa conservar, incluso en los días más torcidos, un pequeño espacio de libertad interior.
Y cuando la emoción es insostenible, pedir ayuda suele ser la mejor opción.