Seguro que cuando te hablamos de yoga piensas en una clase en un estudio en silencio, así como una esterilla en casa para practicar las diferentes posturas. O puede que te entre el estrés, porque quieres practicar esta disciplina que tiene tantos beneficios para tu salud pero no encuentras ningún hueco en tu apretada agenda. Pues bien, el yoga nació como una práctica para habitar el cuerpo en la vida real, no solo dentro de una sala. Y, si no tienes tiempo para ir a clase de yoga, a veces basta con saber cómo colocarte, cómo respirar y cómo usar esos pequeños tiempos muertos del día (que solemos llenar de prisas o pantallas) para aprovechar todos las bondades de esta práctica.
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Esta fue la premisa que le valió a Cristina Giner Leal para escribir, junto a la ilustradora Blanca Nieto, el libro ‘Tu también eres yogui’ (Ed. Larousse), un manual para aplicar las asanas en diferentes momentos del día. Así, mientras te secas el pelo, vas en ascensor, o estás en la cola del supermercado puedes aprovechar para encontrar ese momento de calma y paz que te da el yoga y activar el cuerpo para tener más energía.
Estas son algunas de las posturas que te propone Giner.
Al despertarte: empezar el día abriendo el cuerpo (y no el móvil)
La forma en la que sales de la cama influye más de lo que imaginas el tono físico y mental del día. En lugar de incorporarte de golpe o salir corriendo, puedes convertir ese primer movimiento en una urdhva hastasana, una extensión suave del cuerpo que activa la musculatura y abre el pecho.
Paso a paso:
Al levantarte, lleva primero la atención a la respiración. Nota cómo las plantas de los pies contactan con el suelo. Al inhalar, eleva los brazos hacia el techo y alarga la columna como si alguien tirara suavemente de tu coronilla. No fuerces: se trata de crecer, no de arquear en exceso la espalda. Mantén el abdomen activo para proteger la zona lumbar y deja que los hombros se relajen.
Este gesto tan sencillo ayuda a despertar la columna vertebral, movilizar los pulmones y generar una sensación de apertura que va más allá de lo físico. No es casual que estas extensiones formen parte del saludo al sol: son una manera simbólica —y corporal— de dar la bienvenida al día.
Mientras te secas el pelo: fortalecer piernas y enraizar el cuerpo
¿Secarte el pelo es una pérdida de tiempo? Puede dejar de serlo. Esa postura inclinada, tan habitual frente al espejo, puede transformarse en una utkatasana, conocida como la postura de la silla.
Paso a paso:
Coloca los pies paralelos, separados al ancho de las caderas. Flexiona ligeramente las rodillas como si fueras a sentarte, llevando el peso hacia los talones. Alarga la espalda, activa los muslos y el abdomen, y mantén el pecho abierto. La mirada puede ir al frente o ligeramente hacia abajo, sin tensar el cuello.
Esta postura trabaja piernas y glúteos, pero también algo menos visible y muy necesario: el enraizamiento, esa sensación de estabilidad que tanto cuesta cuando vivimos aceleradas. Permanecer unos segundos en ella, respirando con calma, convierte una acción rutinaria en un ejercicio de fuerza y presencia.
Además, entrenas algo fundamental: sostener una postura intensa sin perder la respiración, una habilidad que no solo sirve para el yoga.
En la ducha: soltar tensiones y despertar la espalda
La ducha es uno de los pocos momentos del día en los que estamos, de verdad, a solas con el cuerpo. El agua caliente relaja los músculos y crea el contexto perfecto para movilizar la columna sin esfuerzo. Aquí puedes practicar la tercera postura del Saludo al Sol que en sánscrito se denomina Uttanasana (o postura inclinada)
Paso a paso:
Inclinarte hacia delante con las rodillas ligeramente flexionadas, dejando caer la cabeza y los brazos, permite que la espalda se estire de forma natural. Imagina que la columna se alarga vértebra a vértebra mientras el agua recorre la zona lumbar y cervical, dos puntos donde solemos acumular tensión.
Respira profundo, inhalando por la nariz y exhalando lentamente. Este gesto ayuda a liberar rigidez, mejorar la movilidad y calmar el sistema nervioso, especialmente por la mañana. No es una postura para forzar, sino para soltar.
En el ascensor o esperando el metro: convertir la espera en estabilidad
Vivimos rodeadas de pequeñas esperas que solemos llenar de estímulos. Pantallas, mensajes, notificaciones. ¿Y si, en lugar de eso, las usas para habitar tu cuerpo?
Paso a paso:
Tadasana, la postura de la montaña, es ideal para estos momentos. De pie, con los pies bien apoyados en el suelo, observa cómo distribuyes el peso. Activa suavemente las piernas, alarga la columna, relaja los hombros y deja los brazos a los lados del cuerpo. La cabeza crece hacia arriba, pero sin rigidez.
Parece que no pasa nada, pero pasa mucho. Esta postura entrena el equilibrio, mejora la alineación corporal y refuerza la sensación de firmeza. Imaginarte como una montaña —estable, sólida, presente— es un recordatorio silencioso de que no todo en el día tiene que ser correr.
Prevenir el dolor de espalda, mejorar la postura o reducir el estrés
Aunque suena muy tentador dejar de ir a clase para practicar yoga en diferentes momentos del día, debes saber que estas posturas no sustituyen una práctica completa, pero sí la complementan y la hacen más realista, ya que puedes aplicar la sabiduría de esta práctica a lo largo de toda la jornada.
Así, integrar estas posturas en el día a día ayuda a mejorar la postura, prevenir molestias de espalda, reducir el estrés y entrenar la atención. Además, cambia la relación con el cuerpo: deja de ser algo que solo se atiende en una clase para que puedas tomar consciencia de él siempre.
