Salud

Así se manifiesta la dislexia en adultos: Ana María Martín, logopeda, nos explica el trastorno que afecta a Irene Urdangarin


La dislexia no guarda relación con la inteligencia, pero las personas que viven con esta condición pueden experimentar baja autoestima


irene urdangarin hola 4168© Madphoto Press
25 de enero de 2026 - 7:00 CET

La dislexia es una condición del aprendizaje que, por lo general, se identifica en la infancia. Así lo ha contado Iñaki Urdangarín en sus memorias, al relatar que su hija Irene la presenta desde pequeña. Sin embargo, la realidad es que no siempre se detecta. Por eso, hoy ponemos el foco en quienes han llegado a la edad adulta arrastrando dificultades de aprendizaje desde la etapa escolar y la juventud, hasta que, ya de mayores, descubren que la explicación a ese esfuerzo constante y a esa sensación de ir siempre un paso por detrás tenía un nombre.

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A lo largo de los últimos años, la dislexia en adultos ha dejado de ser una gran desconocida para empezar a ocupar el lugar que le corresponde dentro del ámbito de la salud y la educación. Muchas personas llegan a la madurez con una sensación persistente de lentitud, de esfuerzo excesivo o de frustración ante tareas que parecen sencillas para los demás, sin saber que detrás puede haber una explicación clara y legítima. Entender qué es la dislexia, cómo se manifiesta en la edad adulta y por qué durante tanto tiempo ha pasado desapercibida resulta clave para poner palabras a vivencias que, en muchos casos, acompañan desde la infancia.

La dislexia no guarda relación con la inteligencia. De hecho, muchas personas disléxicas presentan capacidades destacadas en ámbitos como el razonamiento, la creatividad, la percepción visual o la resolución de problemas complejos.

Qué es la dislexia

La dislexia es un trastorno específico del aprendizaje que forma parte de los trastornos del neurodesarrollo. No aparece de manera repentina en la edad adulta ni es consecuencia de una falta de interés, de esfuerzo o de motivación. Como explica Ana María Martín, logopeda especializada en dislexia y miembro de Grupo de Trabajo de Dislexia del Colegio Profesional de Logopedas de la Comunidad de Madrid (CPLCM), “la dislexia es una manera sencilla de nombrar al trastorno específico del aprendizaje. Está incorporado dentro de los trastornos del desarrollo neurológico… Si naces con un trastorno de aprendizaje de tipo disléxico, te va a acompañar a lo largo de toda tu vida”.

Desde un punto de vista técnico, la dislexia afecta principalmente a la lectura y a la escritura, pero su alcance va mucho más allá. No se trata solo de leer mal o escribir con faltas, sino de una dificultad en el procesamiento de la información, dificultad con los números, etc. Tal y como recoge la definición consensuada por expertos y recogida en el DSM-V (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) implica problemas en la adquisición de la lectura y la ortografía, una menor fluidez lectora y, en muchos casos, una velocidad de procesamiento más lenta.

Aun así, conviene subrayar un aspecto esencial: la dislexia no guarda relación con la inteligencia. De hecho, muchas personas disléxicas presentan capacidades destacadas en ámbitos como el razonamiento, la creatividad, la percepción visual o la resolución de problemas complejos.

© Getty Images/Westend61

Cómo se manifiesta la dislexia en adultos

En la etapa adulta, la dislexia no se expresa de la misma forma que en la infancia, aunque sus raíces sean las mismas. Las dificultades académicas ya no se limitan al entorno escolar, sino que se trasladan al ámbito laboral, social y personal.

Ana María Martín señala que en muchos casos la dislexia se hace más visible “cuando personas que se incorporan a un puesto de trabajo tienen compañeros que son mucho más rápidos que ellos. No es que no sepan aprender, es que su procesamiento es más lento y forma parte de su condición del neurodesarrollo”. Esta lentitud puede afectar a la lectura de informes, a la redacción de correos electrónicos o a la gestión simultánea de varias tareas. También se manifesta con problemas para poder manejar el sentido numérico o los datos numéricos y el cálculo o dificultades con el razonamiento matemático.

Además, muchas personas adultas con dislexia refieren una sensación constante de sobreesfuerzo. Leer exige concentración máxima, escribir supone revisar una y otra vez el texto y comprender instrucciones complejas requiere más tiempo del habitual. Todo ello puede generar cansancio mental y, con frecuencia, una percepción errónea de incapacidad.

Cuando el diagnóstico llega en la edad adulta, suele ir acompañado de una sensación de alivio. “Ahora lo entiendo”, dicen muchas personas.

Por qué algunos adultos han convivido con dislexia sin saberlo

Una de las preguntas más habituales es por qué tantas personas llegan a la edad adulta sin diagnóstico. Según explica la experta, estas dificultades “ya habían dado la cara en la etapa escolar, pero no se detectaron porque la persona tenía un cociente intelectual alto o porque compensó con mucho esfuerzo y muchísimas horas de trabajo”.

Por otro lado, muchos niños y adolescentes, así como adultos con dislexia han sido etiquetados de desorganizados, distraídos o poco aplicados. En realidad, estaban poniendo en marcha estrategias de compensación para salir adelante en un sistema educativo poco sensible a la diversidad del aprendizaje. Esa capacidad de compensación puede mantenerse durante mucho tiempo, hasta que las exigencias académicas o laborales aumentan y las estrategias dejan de ser suficientes.

Cuando el diagnóstico llega en la edad adulta, suele ir acompañado de una sensación de alivio. “Ahora lo entiendo”, dicen muchos pacientes. Comprender que no se trata de una cuestión de actitud, sino de una condición neurobiológica, permite resignificar toda una trayectoria vital.

© Adobe stock

Cuáles son los síntomas más frecuentes en adultos

Los síntomas de la dislexia en adultos son variados y no siempre se presentan de la misma manera. Aun así, existen algunos rasgos comunes que suelen repetirse. Entre ellos destacan, tal como comentábamos, la lectura lenta, la necesidad de releer párrafos para comprenderlos y la dificultad para escanear textos largos.

En la escritura, son frecuentes los errores ortográficos persistentes, incluso en palabras de uso cotidiano. La experta del colegio de logopedas de Madrid,  explica que se trata de errores ligados a la llamada ortografía convencional, en palabras que “comparten el mismo rasgo sonoro, pero cuya grafía es diferente”, como ocurre con términos que se pronuncian igual pero se escriben de forma distinta.

También pueden aparecer dificultades para organizar ideas por escrito, problemas de memoria de trabajo y confusión al recibir varias instrucciones a la vez. En el plano cotidiano, es habitual olvidar citas, fechas o conversaciones recientes, así como experimentar problemas de organización y gestión del tiempo.

A nivel emocional, muchas personas adultas con dislexia arrastran una autoestima frágil. La sensación de ir siempre un paso por detrás, de necesitar más tiempo o de evitar determinadas tareas puede generar inseguridad y malestar.

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Cuáles son las causas de la dislexia

Las causas de la dislexia no se atribuyen a un único factor. Se trata de una condición del cerebro en la que influyen múltiples elementos genéticos y ambientales. La herencia es uno de los aspectos mejor documentados: cuando existen antecedentes familiares, la probabilidad de presentar dislexia aumenta de forma significativa.

Como aclara Martín, “se nace con esta condición, igual que se nace con unos rasgos físicos determinados”. No es consecuencia de una lesión cerebral, de problemas visuales ni de una falta de estimulación. Tampoco puede explicarse por una discapacidad intelectual.

La severidad de la dislexia puede variar de una persona a otra y depende, en parte, de los apoyos recibidos a lo largo de la vida. Puede manifestarse de forma leve, moderada o más intensa, especialmente cuando la lectura se convierte en una tarea extremadamente costosa.

En la edad adulta también es imprescindible valorar cómo estas dificultades interfieren en la vida cotidiana y en el ámbito emocional.

Cómo se diagnostica la dislexia en adultos

El diagnóstico de la dislexia en adultos es un proceso complejo que va mucho más allá de una prueba puntual. No existe un único test que permita identificarla de manera automática. La evaluación debe contemplar distintos niveles de funcionamiento.

Por un lado, se analizan los actos de lectura y escritura: velocidad lectora, comprensión, conciencia fonológica, memoria verbal y calidad de la expresión escrita. Por otro, se evalúan funciones cognitivas más amplias, como la atención, la memoria de trabajo, la planificación o el estilo de aprendizaje.

Tal y como explica la logopeda, en la edad adulta también es imprescindible valorar cómo estas dificultades interfieren en la vida cotidiana y en el ámbito emocional. “No solo vemos cómo funciona la lectura o la escritura, sino qué personalidad tiene la persona, cómo gestiona la frustración y cómo le afectan estas dificultades en su día a día”.

La suma de todos estos elementos permite emitir un diagnóstico fundamentado, que ayuda a la persona a comprender su funcionamiento y a poner nombre a experiencias que hasta ese momento resultaban confusas.

© Getty Images

Cuáles son las estrategias de manejo en la edad adulta

Aunque la dislexia no desaparece, sí es posible reducir su impacto mediante estrategias específicas. En la edad adulta, la intervención no se centra en “corregir” la dislexia, sino en dotar a la persona de herramientas prácticas para desenvolverse con mayor seguridad.

La toma de conciencia es un primer paso fundamental. A partir de ahí, se trabajan estrategias de lectura comprensiva, técnicas de organización, apoyos visuales y recursos tecnológicos que faciliten el acceso a la información. Audioguías, lectores de texto o aplicaciones de apoyo pueden marcar una diferencia notable.

En el ámbito laboral, contar con un diagnóstico también puede facilitar ajustes razonables que reduzcan la carga innecesaria y potencien las fortalezas de la persona. Porque entender la dislexia no solo alivia, sino que abre la puerta a una manera más justa y realista de relacionarse con el propio aprendizaje.

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