Maternidad

Bárbara Huarte, psicóloga reproductiva y perinatal: “Una madre que vive en estado de alerta constante puede transmitir inseguridad a sus hijos”


La experta asegura que esta situación no es irreversible y que, con las técnicas de afrontamiento adecuadas, se puede evitar transmitir las propias heridas emocionales a los hijos


Bárbara Huarte, psicóloga reproductiva y perinatal© Bárbara Huarte
13 de enero de 2026 - 7:40 CET

Antes de convertirse en madres, la mayoría de mujeres tienen idealizada, de una u otra forma, la maternidad. Las imágenes de familias ideales y de hijos obedientes y tranquilos generan, en no pocas ocasiones, expectativas poco realistas de lo que, al ahora de la verdad, se encontrarán. Y esto, cuando llega el momento de llegar a casa con el recién nacido, genera muchas emociones (miedo, bloqueo… incluso desconexión con el bebé) y, en consecuencia, viene casi siempre acompañada de mucha vulnerabilidad emocional, tal y como indica Bárbara Huarte, psicóloga sanitaria reproductiva y perinatal especialista en trauma y terapia EMDR y CEO y Fundadora Centro Psicológico Huarte (@barbara.huarte).

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No hay que esperar a llegar a encontrarse fatal. Lo ideal es pedir ayuda antes de cruzar ciertos límites o cuando ve que no está disfrutando de la maternidad como esperaba porque, de lo contrario, se pueden transmitir a los hijos ciertas heridas emocionales de la madre. Bárbara Huarte señala que una de las técnicas más eficaces para evitar esa situación y para ayudar a la mujer a recuperarse emocionalmente es la terapia EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares), que está avalada científicamente. 

No todas las mujeres viven la maternidad de la misma forma y pedir ayuda no es señal debilidad, sino de autocuidado.

Bárbara Huarte, psicóloga sanitaria reproductiva y perinatal especialista en trauma y terapia EMDR

¿Por qué es necesario el acompañamiento emocional en la maternidad?

La maternidad es un proceso profundamente transformador a nivel físico, emocional y psicológico. Aunque socialmente se sigue idealizando como una etapa “naturalmente feliz”, la realidad es que moviliza miedos, expectativas, duelos, recuerdos del pasado y una gran vulnerabilidad emocional. El acompañamiento psicológico especializado es necesario porque sostiene a la mujer en un momento vital en el que su sistema nervioso está especialmente sensible. Acompañar no es “arreglar” ni minimizar lo que siente, sino ofrecer un espacio seguro donde poder nombrar emociones ambivalentes, integrar experiencias difíciles y prevenir que vivencias no elaboradas se conviertan en trauma.

¿Cómo debería ser ese acompañamiento por parte de su entorno? ¿Qué necesitan la mayoría de mujeres?

La mujer sobre todo necesita presencia, escucha y validación emocional. No consejos rápidos, ni frases tranquilizadoras del tipo “no te preocupes” o “ya se te pasará”. El entorno cercano puede acompañar mejor cuando entiende que no todas las mujeres viven la maternidad de la misma forma y que pedir ayuda no es señal de debilidad, sino de autocuidado. Sentirse comprendida, no juzgada y respetada en sus tiempos es clave para la regulación emocional.

¿En qué casos es recomendable que las mujeres que desean ser madres o que acaban de serlo acudan a un psicólogo especializado?

Es recomendable acudir cuando aparecen síntomas como ansiedad persistente, miedo intenso, bloqueo emocional, dificultad para disfrutar, sentimientos de culpa, tristeza profunda o sensación de desconexión con el cuerpo o con el bebé. También es muy importante poder contar con este acompañamiento profesional ante procesos de (in)fertilidad, tratamientos de reproducción asistida, pérdidas gestacionales, partos traumáticos, embarazos vividos con mucho miedo o cuando existen traumas previos que se reactivan con la maternidad. No hay que “estar muy mal” para pedir ayuda, en la mayoría de los casos la prevención es la mejor intervención clínica posible.

¿Qué tipo de terapia sería la más adecuada en esos casos?

Las terapias con enfoque en trauma y en el sistema nervioso son especialmente recomendables. En este sentido, la terapia EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares) es una de las más eficaces y avaladas científicamente para trabajar experiencias adversas pasadas que siguen impactando en el presente, lo que nos permite acompañar con mayor precisión y sensibilidad en todas las etapas de la maternidad, antes, durante o después. 

¿Qué aporta a estas mujeres la terapia EMDR frente a otras terapias?

La terapia EMDR permite sanar experiencias difíciles ayudando al cerebro a reprocesar recuerdos dolorosos que quedaron “atascados” en el sistema nervioso, reduciendo la intensidad emocional asociada a ellos. En mujeres que han sufrido procesos de (in)fertilidad, pérdidas o experiencias médicas invasivas, EMDR ayuda a disminuir la ansiedad, el miedo anticipatorio, la sensación de amenaza constante y la desconexión corporal, facilitando una vivencia más segura en el momento presente y facilitando el vínculo emocional con nuestros futuros hijos.

Este abordaje está avalado por la Organización Mundial de la Salud y requiere formación específica y certificación, como la que ofrece la Asociación EMDR España.

La mujer que arrastra un trauma desde la infancia, ¿puede transmitir sus heridas emocionales a sus hijos?

Es importante entender que no se transmiten los traumas en sí, pero sí los patrones de apego y regulación emocional. Una madre que vive en estado de alerta constante, miedo o desconexión, sin quererlo puede transmitir inseguridad a través del vínculo, del tono emocional o de la dificultad para sostener las emociones de sus hijos. La buena noticia es que esto no es irreversible. Tomar conciencia y poder trabajar esas heridas permite romper ciclos transgeneracionales y crear nuevas estrategias de afrontamiento mucho más sanas y adaptativas dentro del entorno familiar.

No se trata de ser una madre perfecta, sino una madre suficientemente buena y disponible.

Bárbara Huarte, psicóloga sanitaria reproductiva y perinatal especialista en trauma y terapia EMDR

¿Qué ayuda necesitan las mujeres que dieron a luz hace tiempo y comprueban cómo sus traumas afectan a la crianza?

Se necesita ante todo mucha comprensión y ausencia de culpa. Es habitual que muchas mujeres que llegan a consulta lo hagan desde la creencia negativa y la angustia de sentir que “no estar haciéndolo tan bien como deberían”. El proceso de psicoterapia les ayuda a entender que sus reacciones y la forma que tienen de hacer las cosas tienen sentido desde su historia, lo que han experimentado  y que es posible aprender nuevas formas de vincularse desde un lugar más seguro y consciente para sí mismas.

¿Es posible evitar que esos hijos se vean afectados por la situación emocional de su madre?

Sí, el primer paso es que la madre pueda sentirse acompañada y emocionalmente sostenida. Cuando una mujer dispone de un espacio terapéutico seguro y profesional donde elaborar sus vivencias dolorosas, aumenta su capacidad de presencia, conexión y reparación emocional en el vínculo con sus hijos. No se trata de ser una madre perfecta, sino de una madre suficientemente buena y disponible, capaz de sostener, reparar y reconectar cuando la experiencia no se desarrolla como esperaba, tal como ya señalaba Winnicott.

Cuando aún no se es madre y la mujer está buscando el embarazo con dificultades, ¿qué apoyo emocional necesita?

La (in)fertilidad es una experiencia vital altamente estresante y, en muchos casos, atravesada por eventos potencialmente traumáticos. Por ello, muchas mujeres necesitan un espacio donde poder elaborar el duelo, la frustración, el miedo al fracaso, la pérdida de control y el impacto que este proceso tiene sobre su cuerpo y su identidad.

La terapia EMDR enfocada a la fertilidad permite integrar y reprocesar las experiencias más estresantes del proceso, mejorar nuestros recursos emocionales, tomar decisiones con mayor claridad y una mejor gestión de la incertidumbre facilitando una vivencia más amplia del proyecto vital, más allá del resultado médico.

¿Puede la carga emocional afectar a la fertilidad?

Hoy en día sabemos que la carga emocional sostenida no es la causa directa de la (in)fertilidad, pero sí puede influir en el cuerpo a través del estrés crónico. Un sistema nervioso en estado de alerta constante altera el equilibrio hormonal, el descanso, la relación con el cuerpo y la adherencia a los tratamientos. Tomar la decisión de realizar terapia para mejorar el propio bienestar emocional no garantiza un embarazo, pero sí mejora la calidad de vida, la vivencia del proceso y la capacidad de afrontar cada etapa con mayor calma y recursos internos.

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